Marfa, Texas – He llegado aquí por caminos errados [Parte 6]

Además de que le gustaba que frecuentáramos los cines de Santiago, mi mamá muchas veces me pedía que le “quemara” DVDs para ver todas aquellas películas que no alcanzamos a ver en salas. Recuerdo con tanta nitidez el día que le pasé There Will Be Blood, una de mis películas favoritas de la vida (la cual he comentado reiteradas veces en este blog y que encabezó el ranking del 2008). Un par de días después le escribí por gmail chat- cuyo registro todavía puedo leer en mi cuenta de correo- y le pregunté qué tal le había parecido la película. Me dijo que era “demasiado buena” y se preguntaba “cómo diablos han filmado algo así?”. Yo me quise hacer el chistoso y googlié donde habían filmado la película. El buscador me arrojó un lugar que no tenía idea que existía y que en verdad no me llamó mucho la atención: Marfa, Texas. Le dije: “fácil… es cosa tan simple como poner una cámara en Marfa, Texas“. Ella dijo: “deberíamos ir algún día”. Yo respondí: “igual está como lejos…” y ella me rebatió: “tú eres espectacular, vas a llegar a donde quieras”. Después agregó un “me tengo que ir, te amo” y esas fueron las últimas líneas que le leí. Conversamos después varias veces en persona o por teléfono, pero de todo lo escrito, esas fueron sus últimas palabras.

Siete años después, junto a seis de mis amigos, tomamos dos autos y nos fuimos a golpear las carreteras tejanas en busca de la tierra prometida, la anhelada Marfa. Luego de siete horas de viaje (partimos desde Austin), muchos hits cantados a todo pulmón en nuestro carpool karaoke, varios recuerdos de nuestro primer tomate y centenares de vistas maravillosas, llegamos a Alpine, Texas, a media hora de Marfa. Alpine sería el pueblito que nos acogería la primera noche.

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No podía faltar la selfie antes de sumergirse en la carretera (Photo by Franco Di Biase). Estaba tan ansioso esa mañana que me levanté a las 5am. Con tanto tiempo de sobra me dediqué a preparar desayuno para todos y se los llevé en una bolsita con sus nombres. Tierno, pero parece que traficamos cocaína.

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Así son las carreteras tejanas

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Dos locas en una carretera tejana (Photo by Grace Messarra)

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Todo el grupo en la casa de Alpine, Texas (Photo by Grace Messarra)

Me gustó mucho la casa en que nos quedamos. Era linda, tenía muchos instrumentos musicales a disposición, nuestros vecinos eran caballos y gallinas, la cocina era espectacular (por fin pude usar unas de esas bandejas gigantes que tapan muchos platos de la cocina y me juraba chef de Benihana cocinando pollo y verduras con cara de latino japonés) y teníamos muchísimo espacio pese a ser un numeroso grupo de personas. La magia de airBnB. Alpine era bastante….mmm…pintoresco, como diría un viejito metiche en una tira cómica de Mafalda. Se notaba también que la gente era media conservadora y que estuvimos a punto de ser acribillados por ser latinos (en este grupo el que no es latino igual parece serlo).

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Pintoresco según Mafalda, old argentinian comic strips (¿Será necesario que aclare que no lo dibujé yo y que fue Quino?)

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En la cocina (Photo by Carine Choubassi)

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Tocando guitarra en Alpine

La actividad planificada para nuestra primera noche era ir a ver las estrellas al observatorio McDonald. No tiene nada que ver con al restaurante de fina cocina estadounidense, es sólo un alcance de nombre (creo, igual no he verificado lo que acabo de escribir). Está como a media hora de Marfa, pertenece a la gloriosa Universidad de Texas en Austin, y supuestamente era una visita obligada para toda persona que se dio el trabajo de llegar a Marfa. Desafortunadamente había tanta neblina esa noche que no pudimos ver nada (¿No es la vida más que una serie de desilusiones?) Así que decidimos irnos a las afueras de Marfa a ver las llamadas “Luces de Marfa” (o Marfa Lights). Y acá vale la pena detenerse.

(Léase esta línea como si fuera una pausa)

Marfa es conocida por dos cosas: sus luces y su arte. De su arte hablaremos después. Sus luces, cómo decirlo, son una de las cosas más maravillosas que he experimentado. Imagínense la siguiente situación: desierto total, ese tipo desierto infinito tan ancho como el mundo entero y tan profundo como el horizonte.  Un par de arbustos por ahí, uno que otro cáctus, más de algún matojo rodando debido al viento que te hiela la piel. Son pasadas las doce de la noche, hace un frío que duele. Al comienzo del desierto hay un observatorio, un lugar que no es más que un suelo de cemento con algunos asientos y un par de carteles. Frente a ti, nada más que la nada. Absolutamente nada más. Al principio ves en las montañas de al fondo un par de luces que, para ser sincero, parecen la luz de algún faro o de un aeropuerto. Nada especial. La mitad de nuestro grupo abandonó el lugar decepcionado. La otra mitad nos quedamos. Después de unos minutos empecé a perder la esperanza. Tantos mitos había escuchado sobre las luces de Marfa: que nadie sabía de qué eran, que muchos pensaban que eran extraterrestres (a todo esto, el lugar se parece mucho a lo que uno se imagina es la zona 51), otros decían que eran fantasmas o espíritus de nativos, etc. Cuando ya estaba a punto de abandonar, se me ocurrió moverme a una de las esquinas del observatorio. Ahí fue cuando las vi. Sentí ese escalofrío que uno siente cuando algo que no es normal- algo que no debería estar ahí- aparece en frente de tus ojos. Distintas luces de colores aparecieron y comenzaron a moverse. Más que estrellas o puntos, eran discos o circunferencias. Llamé a mis amigos para que vieran. La sensación de estar viendo algo sobrenatural era general. De repente una de las luces empezó a acercarse rápidamente hacia donde estábamos nosotros. Escuché el pánico en las voces de la pareja de extraños que se encontraba cerca de nosotros. Más que escalofríos, ahora tenía un calor en el cuello que me reconfortaba, me bendecía con la oportunidad de estar viendo algo irrepetible. Muchos dicen que no son más el reflejo de las luces de los autos en una especie de campo magnético que se produce en el desierto. Puede que tengan razón (aunque jamás lo han demostrado). El punto es que da lo mismo. Si alguien descubre después que no eran más que unos mexicanos jugando con espejos y fuegos artificiales en la frontera, estaría igual de maravillado. El efecto visual es hermoso. Es algo que no verás en ningún otro lugar.

El segundo día lo dedicamos a recorrer Marfa. Es un pueblito bien pintoresco, parecido a la imagen que todos aquellos que nunca han venido a Texas deben tener en su cabeza cuando escuchan la palabra “Texas”. Pero también está lleno de estudios de arte, galerías, pequeñas ferias con artesanías y todo está inmerso en una atmósfera de que algo especial está en el aire, algo que no podrás vivir en ningún otro lado. Durante los 70′, Donald Judd, un artista minimalista estadounidense, decidió irse a vivir a Marfa y llenarla de arte. Muchos otros artistas lo siguieron y, al ir pasando las décadas, convirtieron Marfa en el pueblo tan especial que es ahora.

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Marfa, Texas

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Apenas vi este edificio pensé que obviamente era el Capitolio de Marfa y ni me acerqué. Después me acordé que el capitolio de Texas está en Austin y que hay un puro capitolio por estado. Ni idea qué es este edificio.

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Posando en las líneas de tren de Marfa (Photo by Grace Messarra)

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Casi muero en la línea del tren (Photo by Carine Choubassi)

Del arte de Marfa quiero destacar tres cosas. (1) Alguien puso una tienda de Prada en la mitad de la nada. Lo más freak que he visto en mi vida (y eso que vivo en Austin) (2) En la Fundación Chinati, una de las que inició Judd, hay unas esculturas de concreto gigantes al aire libre que son de lo más llamativas. Y (3) las esculturas de aluminio de Donald Judd dentro de uno de los hangares de la Fundación Chinati. Jugando con la luz, el espacio y unos metales, engaña nuestros ojos y nos hace ver cosas que no están ahí. Nuevamente me dieron esa sensación que reina en Marfa, esa  comprensión súbita de que esto no es posible en ningún otro lado y en ningun otro tiempo. Lamentablemente las fotografías dentro de los hangares están prohibidas.

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Tienda Prada en mitad de la nada (Photo by Grace Messarra)

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Un par (de las como 30 que habían) de las esculturas de Donald Judd (Photo by Vanessa Fanelli)

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Foto posera (by Grace Messarra) dentro de una escultura de Judd. De izquierda a derecha: Habibi Adriana (México), habibi Gäelle (Francia), habibi Grace (Líbano), habibi Vanessa (Italia), habibi Franco (Argentina), habibi Carine (Líbano) y habibi yo (Chile).

Al final del dia nos fuimos a Terlingua, Texas. En realidad no había nada interesante que visitar ahí, pero era camino intermedio a la atracción turística más importante de la zona (más detalles en el próximo párrafo). Igual nos llevamos la sorpresa que Terlingua era muy bonito. Además la casa en que nos quedamos era puro lujo. Antes de dormir nos arrancamos a ver el llamado “Pueblo Fantasma” (Ghost Town). No mucho que decir al respecto. No era un pueblo muy entretenido ni tampoco vimos fantasmas. Eran varias casitas encima de unos cerros y en el cerro de al medio algo había pasado (una guerra, los Power Rangers en su robot gigante, Godzilla o qué sé yo) que todo estaba destruido. Igual tomé la mejor foto que he tomado en mi vida. Soy re malo tomando fotos, por eso me dediqué a la pintura.

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Vista desde nuestra casa en Terlingua, Texas

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Ghost Town en Terlingua, Texas (esta la foto que me siento tan orgulloso de haber tomado)

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Dentro de la iglesia de Ghost Town

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Lo que quedaba de una casa en Ghost Town (Photo by Carine Choubassi)

Cuando planeamos ir Marfa alguien sugirió que podíamos pasar al parque nacional que quedaba cerca, Big Bend. Para los que vieron Boyhood, es el parque que los personajes visitan al… spoiler alert… final. Nos pareció buena la sugerencia así que fuimos. El parque era maravilloso. Es de esos lugares gigantescos que necesitas como una semana para conocer entero. Lamentablemente teníamos una pura mañana. Así que decidimos hacer el sendero que significaba menos tiempo (eran como 2 horas caminando), el sendero de la ventana. Me gustó mucho, pero me quedé con las ganas de ir al cañón de Santa Elena, que se ubica justo en el río Grande (o Río Bravo, si lo miras desde el lado de México). Es la excusa para volver.

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Big Bend National Park

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Montañas rocosas en Big Bend

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Yo en las murallas rocosas de Big Bend (Photo by Carine Choubassi)

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La ventana en Big Bend National Park

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La prueba de que llegué a la ventana en Big Bend (Photo by Adriana Solache)

Después de eso ya nos tuvimos que regresar a Austin. Estudios de postgrado en Estados Unidos son la nueva esclavitud y los estudiantes no nos podemos tomar más que un fin de semana libre al año. En fin, disfruté muchísimo este viaje. La pasé bien, vi lindos lugares, mis amigos anduvieron de lo más felices y, por sobre todo, sirvió para demostrarme a mi mismo esas palabras que ahora hacen todo sentido. Para mi las luces de Marfa tienen un origen tan claro.  Si me hubieran visto esa noche en mitad del desierto, hubieran visto como las Marfa lights iluminaban mi sonrisa. Si alguien me hubiera tomado una foto, hubiera capturado el momento exacto en mi vida en que me doy cuenta que puedo llegar hasta donde yo quiero.

PS: Acá les dejo una foto de la única persona que me falta nombrar como fotógrafo.

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Bonita captura de un gran momento (Photo by Gäelle Bouaziz)

Las mejores películas del 2015

Extraño tantas cosas. Una de las tradiciones que extraño es mi ranking de películas (vea por ejemplo: las 8 mejores películas del 2008, las 9 mejores películas del 2009, las 10 mejores películas del 2010 y las 11 mejores películas del 2011). Desde que inicié mi doctorado, allá por el 2012,  me ha costado mucho tener el tiempo de ver películas y, por consiguiente, ha sido imposible escribir el ranking. La cuestión es que el 2015 ocurrieron muchas cosas positivas en mi vida de cinéfilo: conseguí más amigos que gustan del cine en Austin, descubrí un cine que da películas raras cerca de mi casa, salió una nueva Star Wars, aprendí a dormir menos, salió una nueva Mad Max, pagué mis deudas, salió una nueva Rocky, aprendí a escribir en mi celular mientras viajo en micro y, al último pero no menos importante, me puse de meta escribir este post durante todo el año. Llegué atrasado, es verdad (it is f***ing February!), pero por lo menos publico esto antes de los Oscars.

Primero que nada les advierto: viene con polémica. Me vi TODAS las películas nominadas a algún Oscar y si dejé varias afuera es por algo. También usted puede notar un sesgo gringo, con casi ninguna película latinoamericana. Simplemente las pocas que vi no pasaron el corte. Es muy difícil que lleguen películas latinoamericanas acá (llegan, pero un año después) y ya no pirateo porque me pueden deportar. Usted también podrá encontrar en este ranking (y me imagino serán las que más le interesarán)  películas que no han sido nominadas a nada ni han ganado ningún premio. Son todas ganadoras en mi corazón.

Traté de elegir 15 (porque sonaba bonito), pero como siempre me toca hacer trampa. Comparar películas es en sí un acto sin sentido, así que no me reclame. Sin embargo, como ya había llegado tan lejos en esta inútil tarea, me tomé la libertad de quitarle más sentido aún y traté de ponerlas en orden: de la que menos me gustó a la que más me gustó. Ojalá se entretengan. Si lo lee entero escriba algún comentario.

No hay ningún spoiler, así que lean sin miedo.

Las 15 mejores películas del 2015

It Follows [David Robert Mitchell – USA]

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A principios del 2015 iba en la micro para la universidad, metido en mis pensamientos muy profundos que el mundo aún no está preparado para conocer, cuando escuché a dos undergrads (estudiantes de pre-grado) hablar de una película llamada It Follows. Uno decía- y aquí me voy a pegar una traducida para todos aquellos que aún no se manejan en el inglés- que la película era entera buena y le contaba al otro de qué iba la trama. “Se trata de un maleficio que sigue a las personas y que se transmite al tener relaciones sexuales”. Yo pensé “bueh.. otra tonta película para adolescentes…”, pero con el pasar de los meses me di cuenta que It Follows no sólo era exitazo de taquilla, sino que también se había metido a la crítica al bolsillo (muchas estrellitas en los diarios, tomates bien frescos en internet y varias cositas de parte de Paulina Nin). Habrá que verla me dije. Y la vi. Y es genial. No sólo es extremadamente entretenida, es también un ejercicio cinematográfico impactante. Me dio miedo, me tenía al borde de la butaca y con ganas de taparme los ojos (no me los tapé porque pensé al toque que la iba a incluir en el ranking y que irresponsable sería escribir sobre una película que no vi en su totalidad). Y por qué da tanto miedo? Porque está magistralmente dirigida. Si digo más la estropeo, cuando la vean se van a dar cuenta. Acá hay un cuento muy simple, pero relatado por el mejor de los cuenta cuentos.

Queen of Earth [Alex Ross Perry – USA]

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Hace mucho tiempo vi el afiche de esta película en la calle y lo encontré demasiado hermoso. Haciendo un análisis muy simple y rápido del afiche, uno puede darse cuenta que actua la genial Elisabeth Moss (Peggy Olson en Mad Men, Margarita Amaya en The Real Life, Ashley Kane en Listen Up Phillip) y eso me dio otra pista de que Queen of Earth me gustaría mucho. Y así fue. La película tiene otras tremendas actuaciones, como una tipa que es buenísima actriz y hace de amiga de Elisabeth Moss, pero lamentablemente nunca supe su nombre (sorry loca, igual actuaste increíble) y Patrick Fugit, el cabro chico de Almost Famous, quién sorprende interpretando el papel del tipo más apestoso del mundo.

Queen of Earth trata de mostrar lo que es la depresión y lo hace con mucha belleza. Cada diálogo me pareció muy bien pensado y cada toma hecha con una idea artística detrás. Una película muy sólida, aunque quizás muy rara para quienes no son capaces de ponerse en el lugar de una persona deprimida. Pese a que me gustó mucho, debo decir que de todas las de esta lista, es la que menos me atrevo a recomendar. For special people only.

Amy [Asif Kapadia – UK/USA]

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Este documental cuenta los inicios, la gloria y la caída de Amy Winehouse. Además de retratar a la genia de una manera impecable, el documental en sí es una hermosa película. Personas fascinantes como Amy no pueden ser explicadas a la perfección, pero esta obra de arte es un gran intento. Y eso que ni siquiera soy fanático. Aunque me gustaban sus canciones y su voz, no tenía idea toda la historia que había detrás. No sé como- me imagino sus amigos ayudaron, o quizás contrataron a una actriz que se parecía mucho, o en volada hicieron una Amy Winehouse megatronic- tienen tanto material personal de Amy Winehouse, pero aparte de ser bella, la película está bastante bien armada y fluye como el mejor de los documentales. Obra maestra del género.

The Diary of a Teenage Girl [Marielle Heller – USA]

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The Diary of a Teenage Girl la vi hace mucho tiempo y lo único que anoté (pensando en que la incluiría en el ranking) fue: “incluir en el ranking”. Pese a que no la recuerdo en detalle, sí recuerdo que era muy chistosa, que mezclaba la realidad con dibujos de una manera muy bella, que los tres actores principales se mandaban la performance de su vida, y que me gustó mucho el final. Es un film bien indie, además de una muy buena película (es decir, no se queda sólo en la estética, las letras grandes en wordart o el efectismo de frases clichés sacadas de tumbrl). Es como si Juno la hubiera filmado una verdadera artista. Debo decir también que el título suena como a película de quinceañera, pero no lo es. De hecho tiene un par de escenas bien fuertes que no recomendaría para una quinceañera.

Creed [Ryan Coogler – USA]

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Apollo tiene un hijo (justo antes de mo…spoiler alert…rir). El hijo quiere ser boxeador y se va a Philly para que Rocky lo entrene. Rocky lo entrena y… tenemos una nueva Rocky! Fabulosa. Me encantó. Creo que el director/guionista es un genio y todos los actores lo hacen fenomenal (incluido Stallone). Es el mismo director de Fruitvale Station (si la vieron seguro van a decir: “wow. loco seco”). Es extraño que la Academia sólo nominó al único blanco involucrado en la realización de esta película, siendo que todos merecían ser reconocidos. Mucho se ha hablado al respecto. Yo creo que el problema de fondo es que actores negros no tienen las mismas oportunidades al buscar papeles (a excepción de Will Smith). Habiendo dicho eso, creo que la única película que merecía más nominaciones era ésta. Es una obra maestra incluso para quienes no les gusta Rocky o no les gusta el box o no les gustan los deportes (aunque si no te gustan los deportes, deberías replantearte toda tu vida, ir al médico y chequear si eres realmente un ser humano).

The Big Short [Adam McKay – USA]

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The Big Short me sorprendió. Me imaginaba que iba a ser una buena película porque tiene muy buenos actores (Brad Pitt, Ryan Gosling, Michael Scott, Christian Bale, Melissa Leo, Marisa Tomei, etc), aunque no imaginé que iba a ser así de entretenida. Se trata sobre la crisis financiera que ocurrió en USA a partir del 2007, un tema que nunca había podido entender porque cada vez que alguien lo mencionaba yo ponía el piloto automático y dejaba de escuchar. No se me ocurre tema más aburrido. Hasta que vi The Big Short e instantáneamente se convirtió en el tema más fascinante de mi vida y me sentí muy mal por haber dejado pasar tantas oportunidades de discutir eso.

Veanla en su casa, en el computador, con subtítulos y con el mouse cerca para ir pausándola y abriendo wikipedia.  Los personajes hablan muy rápido y mencionan muchos términos que uno no maneja. Hubo varias partes que no entendí en su totalidad, pero igual me reí en el cine para que todos siguieran creyendo que soy un respetado estudiante de doctorado en ingeniería. No fue hasta que llegué a mi casa a googlear que me di cuenta que la película me había gustado.

Fuera de broma, está bastante dinámica esta película. Les va a gustar seguro. Si no les gusta es porque son tontos.

Carol [Todd Haynes – UK/USA]

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La película más romántica de la temporada. Amor entre dos mujeres en los años 50′ (o 60’… o por ahí… no sé bien en verdad). Cate Blanchett se manda el mejor papel de su carrera haciendo de una actriz que hace de Cate Blanchett (mind blowing) y Rooney Mara retorna al éxito luego de su fallida trilogía de una sola película (cuando empezaron a hacer las Millenium gringas, con La Chica del Dragón Tatuado, se dieron cuenta que el remake era totalmente innecesario). La historia es preciosa, la dirección es de una delicadeza increíble con muchos diálogos con silencios magistralmente estructurados. Logra lo que pocas películas pueden: realmente creemos que los personajes están enamorados sólo al mirarles la cara. Clase de cine. En serio. Si alguna vez me encuentro con un extraterrestre que acaba de llegar a la tierra y me pregunta: “Sebastián, qué es eso que llaman “cine”? “, le voy a pasar varios DVDs y seguro que uno de esos va a ser Carol.

Star Wars: Episode VII – The Force Awakens [J.J. Abrams – USA]

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Cuando supe que iba a salir una nueva Star Wars, sin George Lucas (el director/creador de las 6 primeras), con miembros del cast original (Luke, Leia, Han Solo, Chewbacca) y dirigida por J.J.Abrams (creador de Lost), en seguida mis expectativas se fueron a los cielos. Es cierto que La Amenaza Fantasma (la primera de las nuevas) había sido un bodrio infumable (me acuerdo que la fui a ver con mis abuelos al cine, pues mi abuelo era ultra fan de Star Wars, y como 5 minutos antes del final a mi abuela le dio por ir al baño y, pese a que le dijimos que se quedara 5 minutos más, decidió salir. Cuando nos encontramos afuera, luego que la película terminó, nos dijo: “pensé que quedaba más de la mitad de la película, si todavía no había pasado nada”. Creo que es la crítica más certera a La Amenaza Fantasma que he escuchado. Tremendo paréntesis), igual como que sentía que esta vez algo iba a ser diferente. J.J. no hace nada a la ligera, menos la vuelta a las pistas de una leyenda como es Star Wars.

Y pese a todas esas expectativas, la película me fascinó. La pasé de lujo en el cine (foto cuando fui con unos amigos al estreno acá en Austin). Tiene ese carisma especial de las películas antiguas y presenta varios personajes nuevos que tienen de sobra como para llevar en sus hombros una trilogía tan legendaria como la original. Y, dejando todo el resto de lado, es una tremenda película, que se sostiene en sí misma y, sí, aunque la comparación con las otras es inevitable, creo que sale bastante bien parada. Espero con ansias lo que sigue. Mucha fe. Que injusta la vida que mi abuelo se despidió de un mundo en que existía La Amenaza Fantasma y no pudo ver The Force Awakens. La hubiera amado.

No necesito incluir este DVD en el pack para el extraterrestre porque seguro se topan todos los días con historias como ésta.

A War [Tobias Lindholm – Denmark]

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Algunos de ustedes deben saber que en los 90 nació un movimiento cinéfilo llamado Dogma y que, básicamente, imponía reglas que un director debe seguir para que su película tenga como elemento principal la historia por sobre ninguna otra cosa (reglas tales como que el nombre del director no puede aparecer en los créditos, todas las locaciones deben ser reales sin ninguna preparación de parte del staff de la película, se prohíben filtros o efectos, se prohíbe la alienación temporal o espacial, se prohíbe que Tom Hooper se aparezca por el set, etc). Bueno, esta película no es Dogma, pero está dirigida por Tobias Lindholm, quien nunca ha dirigido Dogma en su vida, pero sí ha sido el guionista preferido de todos esos directores que crearon Dogma luego que dejaron el movimiento (obvio que todos lo dejaron cuando que se dieron cuenta que existía el teatro). Sus historias son sencillamente espectaculares y en A War no sólo escribe, sino que también dirige. El resultado es un drama bélico como nunca antes había visto y eso que película de guerras hay montones.

A War sigue la historia de un general danés en Afganistán y, además de mostrar la violencia y sin sentido de la guerra, relata qué pasa con las familias que esperan soldados en casa. Y no les quiero contar más porque de verdad les estropeo todo. Sólo voy a decir que lo que caracteriza a Lindholm es su capacidad para presentarnos dilemas éticos donde el bueno es malo, el malo es bueno y todos los personajes nos caen bien y a la vez nos caen mal. Para verla y comentarla por horas.

The Lobster [Yorgos Lanthimos – Ireland/UK/Greece/France/USA]

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The Lobster es de esas películas muy raras que son muy buenas. Se trata de una sociedad parecida a la nuestra, donde las relaciones sentimentales son de tal importancia que a quienes no han logrado conseguir pareja a determinada edad se les envía a un hotel lleno de solter@s. Si luego de 45 días no han encontrado pareja, son convertidos al animal de su elección. Sí, así de loco. Además de tener una atrayente historia, la película es brutalmente entretenida, llena de tremendas actuaciones (un cast con más estrellas que los cielos en lo profundo del corazón de Texas) y  es una mirada satírica a la reputación del amor en nuestros tiempos.

Aunque quizás el nombre Yorgos Lanthimos no les suena para nada, déjenme decirles que ya se había anotado una obra maestra en mi ranking del 2010. Genio. Creo que se ganó el derecho a que yo vea todo lo que se le ocurra filmar, incluso si incluye cosas ridículas como que el hermano del protagonista sea un perro.

Inside Out [Pete Docter & Ronnie Del Carmen – USA]

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Inside Out es la película que recomendaría a ojos cerrados a cualquiera. Es extremadamente chistosa, tiene una historia emocionante y, por sobre todo, es demasiado creativa. Las películas de animación se demoran años en completar y creo que ésta en particular valió la pena todo esfuerzo. Es una obra maestra que perdurará en la historia. No se me ocurre qué decir del guión para quién no la haya visto, porque hablar del principio es contar toda la idea. Si no la ha visto, vaya corriendo a verla. Si ya la vió, le dejo este video que fue filmado en Austin.

Spotlight [Tom McCarthy – USA/Canada]

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Soy un convencido de que el cine se inventó para contar historias. De hecho, cuando me preguntan cuál es mi película favorita, todas las candidatas que se me cruzan por la mente tienen algo en común: son una tremenda historia. Spotlight es justamente una gran e interesante historia, compleja en el fondo y en la forma, y que está tan bien contada que todo fluye con una simpleza y elegancia que me tenían con los ojos super abiertos en el cine. Aunque siempre he considerado que la gente que aplaude al final de las películas lo hacen de puro pavos que son, les prometo que con ésta mi primer impulso fue aplaudir (me contuve sí, para no quedar de pavo).

Spotlight cuenta la investigación periodística que remeció Boston a finales de los 90′, cuando la iglesia bostoniana se vió involucrada en una gran cantidad de casos de abusos sexuales a menores (veanla tranquilos porque no muestra ningún niño, no trata de vender morbo). Es una película maravillosa. Grandes actuaciones, emocionante banda sonora, una variedad de escenas fabulosas, un guión sublime (Oscar asegurado) y una cámara que captura todo con sobrenatural belleza. Todo lo antes mencionado en virtud de una sola cosa: una historia real por contar.

Mustang [Deniz Gamze Ergüven – France/Germany/Turkey]

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Esta commovedora película es la que compite por Francia en los Oscars y, obviamente, tiene todo lo que una película francesa debe tener: directora turca, actrices turcas, despampanantes paisajes de Turquía, un partido de fútbol del Galatasaray (equipo de Turquía) y la totalidad de sus diálogos en turco. Se trata de 5 hermanas huérfanas que son entrenadas para convertirse en esposas. No digo más para no estropear la película, pero la historia me emocionó mucho. Cada escena te lleva de la sonrisa a la pena. Es una de las películas más hermosas que me ha tocado disfrutar en el último tiempo. Yo le doy el premio a la mejor película francesa no francesa que he visto (y eso que Francia está en mi top 5 de países con buen cine). Junto a Mad Max: Fury Road, las dos grandes películas feministas de la temporada.

Room [Lenny Abrahamson – Ireland/Canada]

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Room es un relato impactante, hecho con una sensibilidad magnífica. Lo mejor de la película es la psicología de los personajes principales, como interactúan entre ellos y como reconocen el mundo. La primera hora de Room es perfecta y la segunda es algo que aún me siento incapaz de comprender del todo. Un ejercicio social de esos que te dejan pasmado en el asiento pensando. Además la película tiene una belleza narrativa que me dejó helado. Cuando salí del cine sentía mis piernas temblar. Room me transmitió una profunda tristeza y, sí, suena raro que a alguien le guste una película porque lo dejó triste, pero cómo no me va a fascinar el hecho de que un rollo de plástico fotográfico me ocasione semejantes sensaciones.

Los dos actores principales (Brie “ya tengo el Oscar en mis manos” Larson y Jacob Tremblay, un niño de 9 años) están espectaculares y siento que podrían dejarlos a los dos hablando con una pantalla blanca de fondo e igual nos creeríamos todo lo que está pasando a su alrededor. Se inventan un mundo entero en una sola habitación. De lo mejor que he visto este año y de lo mejor que he visto en mi vida. Extremadamente destacada.

The Revenant [Alejandro González Iñárritu – USA]

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La dirección de Iñárritu y la fotografía de Lubezki vuelven a hacer de las suyas con The Revenant. Esta película tiene decenas de escenas que perdurarán en la historia del cine. Algunas por su crudeza, otras por su originalidad, otras por el virtuosismo de la cámara (como esa batalla de una sola toma, recurso que fue explotado a un nivel maniático en Birdman), pero esencialmente porque es una impactante película. Di Caprio, en el papel de su vida, está sobresaliente. Por fin conseguirá ese Oscar que tiene más que merecido. Además Tom Hardy corona de manera magistral un tremendo año (The Revenant, Mad Max: Fury Road y Legend) . El oso también pasa a la historia de los grandes actores animales y se mete de una en la extensa lista de estrellas como Babe el cerdito valiente, el perrito de The Artist, la mona Chita, el liberado Willy, Happy Feet, Tiburón, Marley, Hachiko, Beethoven, King Kong, Stuart Little, Anaconda, etc.

Aparte de la proeza técnica que significó filmar esta película, es también una obra de arte con diversas lecturas. Aunque es cierto que en una mirada sencilla (y aún correcta) podemos decir que se trata de supervivencia y venganza, también creo que quiere mostrar que los humanos hemos olvidado nuestra condición de animal y que ya no merecemos vivir en esta tierra. Más detalles no puedo dar sin estropear la película. Me mantuvo expectante en cada momento, pasa cada cosa fascinante tras otra, no hay relajo, y tiene un final que le da todo sentido a la obra. Sólo voy a decir que es imposible analizar esta película sin recordar que el director es mexicano.

Me encantó. Salí del cine sin poder de dejar de pensar en lo que había visto. De las más grandes experiencias que uno puede vivir en una sala de cine.

Mad Max: Fury Road [George Miller – Australia/USA]

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Mad Max: Fury Road es, sin duda alguna, la mejor película que vi el 2015. George Miller retoma su saga y lo hace con maestría. Rompe esquemas por donde se le mire. Casi sin ningún diálogo (ayudado de infinitos detalles que se aparecen una y otra vez frente a nuestra boca abierta) logra contar una historia entretenidisima y nos mantiene expectantes de la primera escena a la última. A diferencia de cualquier otro, George Miller nos muestra un desastre apocalíptico usando toda la paleta de colores, demostrando que el fin del mundo puede ser vívido y hermoso. Además se crea un universo totalmente nuevo, desarrolla hasta tecnología, y nos mete a una dimensión que parece tan real, pero paradójicamente es muy distinta a la nuestra. Una película para asombrarse en el cine. Si no la vió en el cine, ha cometido uno de los peores errores de su vida este 2015.

Cada personaje merece su propia película. Cada fotograma es una pintura de un maestro renacentista. Cada escena de acción está tan bien filmada que se entiende todo. Cada elemento que vemos en pantalla, desde la hebilla del traje de Furiosa hasta el último grano de arena, nos mira, suena con su propia melodía, brilla en frente de nuestros ojos y, de alguna manera mágica, vive. George Miller hizo de una película que no es más que una persecución de autos una obra de arte de esas que nunca había visto. Además tiene un potente mensaje que deja por el suelo a la mayoría de películas de acción de la historia del cine. Les prometo, George Miller- un viejito de 70 años- estaba un día aburrido en su casa, agotado por tanta película de alto presupuesto llena de efectos sin sentido, y decidió hacer la suya y enseñarles a todo esos directores de mala muerte cómo diablos se filmaba una película de acción. Maestro. Vi su película repetidas veces en el cine. Cada vez que la vi, le encontré por lo menos 15 detalles nuevos que antes no había visto. Mi amigo Diego me regaló para mi cumpleaños el libro “The Art of Mad Max: Fury Road” y cuando lo leí me di cuenta que aún me faltaban como 357 detalles más que no me percaté (gracias Diego).

Yo vi la trilogía original de Mad Max con mi madre en el sillón de nuestra casa, hace ya bastante tiempo atrás. Y mientras veía por primera vez esta nueva Mad Max, no paraba de hacer anotaciones mentales de lo que le comentaría a mi madre respecto a esta película (sin duda la iba a amar tanto como yo). No fue después que terminó la película que caí en la cuenta que era temporalmente imposible que pudiera comentarla con ella. Estaba tan absorto en la pantalla que mi madre, años después, revivió por un par de horas en mi mente.

George Miller, te las mandaste. Esta película te hace inmortal.

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PD: Me hubiera encantado agregar una sección de “menciones honrosas” con The Hateful Eight, Seymour: an Introduction, The Martian, El Club, Ex-Machina, Love & Mercy, The Peanuts movie, Bridge of Spies, 45 years, Ant-man, Tangerine, Joy, Truman y un laaargo etcétera. Lamentablemente no tuve tiempo de escribir sobre ellas. Y ya que muchos me la han mencionado, debo decir que The Danish Girl no me gustó. Pese a que no puedo negar que las actuaciones son notables y la historia daba para hacer la película de la década, al final no es más que otro bodrio de Tom Hooper tratando de agarrar algún premio. Tom, ya te regalaron un Oscar, por favor retírate.

Lo que ya no escuchamos

Todo partió como una simple alergia. No sé a quién se le ocurrió llenar Texas de esos árboles llamados Cedar, pero ese alguien merece la más cruel de las muertes. En estas fechas sube la concentración de polen en el aire y nos hace estornudar a todos. Me sentía sollozando todo el día. Poco a poco me di cuenta que iba perdiendo la audición. Le eché la culpa a la alergía. No sé, en mi mente de simple mortal que siempre escapó de la biología, me imaginé que “algo” se me había inflamado “dentro” y que “tapaba” mis oídos.

Y no me van a creer, pero al principio estuve bien con eso. Lo asumí. Siempre he tenido esa maldita costumbre de aceptar la adversidad. Si alguien me dijera “lo siento señor pero su brazo derecho no va a funcionar más” yo claro que lo miraría con pena, pero a los 5 minutos ya hubiera replanificado mi vida sin un brazo. Life is hard. We all know. Pensé que ya se me iba a pasar y que por mientras iba a escuchar menos. Pero llegó un día en que salí a comer con unos amigos y no escuché nada de lo que me dijeron en toda la conversación que tuvimos en la mesa. Dije- angustiado por participar en el diálogo y no quedar de antipático- algunas palabras que no tenían sentido alguno (lo cual demuestra que siempre hablo puras pelotudeces pues nadie notó que algo raro pasaba). Camino a mi casa lo pensé: “tengo que ir al médico”.

Al otro día estaba frente a la doctora y ella me explicaba y me explicaba lo que yo tenía. Pero yo no pude escucharla. Estaba sordo. Me dediqué a asentir con la cabeza, deseando que todo pasara rápido. Me entregó una receta para comprar un remedio y me fui. Pasé por la farmacia, compré el famosillo remedio por módicos 10 dolares, me tomé una pastilla y fui a dormir a la casa. Al día siguiente desperté y… bueno… pasó algo que jamás imaginé podría pasar.

Escuchaba todo. TODO. Podía escuchar los pasos de los perros caminando en el patio de atrás. Me senté a tomar desayuno y escuchaba la comida bajar hasta mi estómago. Movía una pierna y podía escuchar cada hueso reacomodándose. Tuve que ducharme en un minuto porque el ruido del agua golpeando el piso era atronador. Salí a la calle y cada hilo de hierba en el pasto crujía al compás del viento. Supe enseguida, pues la fricción del movimiento de sus alas los delató, la ubicación de cada pájaro en cada árbol de cada casa de la cuadra. Tomé el bus a la universidad y tuve que cubrir mis oídos de la selva de ruidos que son las calles de Austin. No podía tipear en mi telefono porque me molestaba el sonido del pulgar tocando la pantalla. Ni pensar hablar con alguien. Why are y’all so loud?!?!?! Creí que me volvería loco. Esa noche me costó mucho dormir pues escuchaba pasos y susurros en el pasillo (será que los fantasmas hablan bajito para que sólo personas con oído ultra sensible los escuchen? ah?).

Han pasado ya un par de días de aquella experiencia y aún escucho esos sonidos (o ruidos), pero poco a poco he logrado apartarlos de mi mente. Quizás es así como funciona. Quizás todos escuchamos así al principio y nuestro cerebro aprende qué es lo que debemos retener y qué es lo que no. Quizás pasa lo mismo con la vista. Puede que ahora no le prestemos la atención a todo lo que vemos, que de alguna manera nuestro cerebro sólo captura lo esencial. Es así como vemos a todas las personas en una multitud iguales, como ya no vemos los defectos en los rostros de nuestros amigos, como preferimos no ver el sufrimiento de otros, como nos enfocamos sólo en lo que queremos ver. También debe pasar lo mismo con el corazón. Hay cosas que ya aprendimos a no sentir. Miras el noticiero y ya no te sorprende tanto. Tu madre te servía la comida todos los días y ya no tenías por qué agradecer. Querías mucho a esa persona, pero ya no te nacía decirselo. Quizás lo mismo pasa con la memoria. Hay cosas que ya no es necesario recordar.

Cuando era niño, yo pensaba que todos veníamos de un mismo lugar. Un lugar en el que esperábamos nuestro momento de nacer. Incluso a esa corta edad podía recordarlo y en mi mente podía ver ese lugar. No es que renacemos o nos reencarnamos, es que simplemente existimos siempre. Antes y después.

Una vez se lo comenté de pasada a mi mamá, de pura casualidad (porque para mí era tan obvio que no era tema, todos lo sabíamos). Y ella, como era de esperarse, se asustó mucho. Después de ese día comencé a olvidar. Un par de años y ya no recordaba nada. Me tiraba en el pasto mirando al cielo, obligando a mi memoria a recordar ese lugar, pero todo esfuerzo fue en vano. Yo, al igual que todos los niños (unos más tarde que otros), olvidé.

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Después de un año en silencio, he vuelto a escribir en mi blog. Manténganse atentos. Disculpen la ausencia de tildes.

Chandelier (o La Inesperada Virtud de la Ironía)

Una de las cosas que me encantaba escribir en este blog eran los rankings con las mejores películas del año. Lamentablemente se me ocurrió la loca idea de hacer un doctorado en los USA y, con eso, comprometí todo mi tiempo a una causa noble y rebelde. Tiempo para al cine no había. Pasé años en la desdicha, mirando como el calendario se acercaba al final de Diciembre y yo sin post que ofrecerles. La gente me llamaba para preguntarme qué onda, el New York Times no sabía qué película recomendar, el pelado del Septimo Vicio tuvo que dedicarse a escribir libros (le quedó rebueno en todo caso), a Netflix no le quedó otra que producir contenido original y los videoclubes del mundo entraron en banca rota.

De las mil cuestiones que han pasado acá en Austin y que no les he contado de puro mala onda, quizás la más importante es que me cambié de casa. Y me cambié a cinco cuadras del cine más genial de la historia de la humanidad. Eso, sumado a que caché que Amazon prime (envidienme tercermundistas! jejeje) igual te permite ver peliculas, hizo que este 2014 viera las suficientes peliculas como para tirarme uno de esos rankings de aquellos (aunque con ciertas limitaciones que explicaré cuando sea el caso). Por muchos días me senté frente al computador para dar rienda suelta a mi imaginación y sorprenderlos con un regalo de Navidad que no se esperaban y que seguro agradecerían.

Pero no me resultó.

Por más que lo intenté, tropecé frente a la pantalla blanca reiteradas veces.

Había algo en mi mente que no me dejaba tranquilo. Película que se me venía a la cabeza era immediatamente desplazada por imagenes de una niñita de 11 años bailando irracionalmente en una habitación desolada.

Y, un poco para enterrar el demonio y poder quizás tirar el ranking en un próximo post, debo confesar algo. Discúlpenme cinéfilos del mundo, pero lo mejor que vi este 2014 no fue una película, ni una serie ni una obra de teatro. Fue el video musical de la canción Chandelier de la talentosa Sia.

Para el que no lo ha visto, acá le va:

Había escuchado la canción y me gustaba. Super pop, pero igual densa. Sia, un poco autobiograficamente, hablaba sobre sus addiciones al alcohol y drogas y que se sentía morir y bla bla bla. Lo típico. Buena la canción, pero tampoco era para tanto. Después de pura casualidad me topé con el video en youtube y me dejó profundamente impresionado. Creo que estaba tan impactado que lo vi unas 10 veces. Una tras otra. Sin parar.

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No voy a decirles lo obvio. Que la escenografía es hermosa, llena de detalles que gastaría horas en mencionar (las pinturas terroríficas en las paredes, los mensajes escritos en los cuadros, la figura estilo test de Rorschach en la ventana, el baño que nunca muestran, los adornos en el refrigerador y un LARGO etc… si con decirles que es PRIMERA VEZ EN MI VIDA que busco un video en HD a proposito, antes de Chandelier la alta definición me era innecesaria). O que la niñita (Maddie Ziegler, quien sale en un reality de niñitas bailarinas por acá en USA) es una bailarina/actriz de otro planeta, que hace ver una coreografia enfermantemente meticulosa como si la estuviera improvisando. Tampoco quiero detenerme en la calidad de la fotografia, que no sólo es bella si no que te transmite esa sensación de esa habitación tocó fondo y que se inunda en vómito y lágrimas, ni como el director se las ingenió para hacer creer que fue filmado todo el video en una sola toma. Quiero detenerme en otra cosa, en lo primero que pensé cuando lo vi.

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Si bien es cierto que la interpretación más obvia del video es que Maddie representa a Sia y, por medio del baile, nos muestra todos sus miedos, traumas y adicciones. Esa no fue la primera interpretación que vino a mi cabeza. Lo primero que pensé fue que estabamos presenciando a una niña que se ve obligada a ser adulto. Una niña que fuerzan a bailar, una niña que concluye su performance con reverencias falsas y sonrisa maqueteada. Una niña que se burla de los movimientos que le hace hacer su instructor, que se mofa del 1, 2, 3 que debe escuchar repetidas veces y que en la soledad de su habitación se sale de lo reglamentario. La infancia de una chica es destrozada por la adultez de nuestro mundo, por esas expectativas que la sociedad tiene sobre ella y que, como niña, no puede ni tampoco debería cumplir. Una niña que le impiden comer para que sea bella, que la obligan a practicar horas para bailar perfecto, que la hacen vivir en la inmundicia para que traiga la riqueza.

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En el video la niñita llora, come, sueña, se ilusiona, sufre, gruñe, ríe y hasta incluso intenta suicidarse con las cortinas (incluso se despide). Y nosotros estamos ahí mirandola. Somos la audiencia. Somos lo que prendemos el televisor para ver realities donde obligan a niñitas a bailar. Somos los que si alguien nos describiera ese traje de danza desnudo y esa peluca rubia immediatamente sexualizaríamos nuestro pensamiento en vez de pensar en la inocencia de una niña. Sia usa el mismo objeto que está criticando para criticar. Sia, eres muy bakan.

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Mañana SIA lanza su segundo video correspondiente a este disco. Con la mismísima Maddie bailando (y parece que acompañada de Shia “el carnivoro” Labeouf, pero eso tengo que confirmarlo). Ojalá no sea tan bueno. Quiero terminar mi ranking!

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Interstellar (sin spoilers)

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Sábado por la noche. Alamo (cine cool de Austin). Me las ingenié como siempre para llevar a un par de buenos amigos a ver la película que me moría por ver: Interstellar. El trailer no me tincaba mucho para ser sincero, pero qué diablos. Es Cristopher Nolan. HAY que verla. Además la protagonizaba Matthew McConaughey, ex-alumno de mi querida Universidad de Tejas en Austin e ídolo personal de cualquier ser humano que se precie de tal, y Jessica Chastain, la mujer que junto a Jennifer Lawrence han revolucionado los último años del cine consiguiendo los grandes papeles que se les solían reservar sólo a los hombres. Pedí una hamburguesa (no lettuce, add avocado) apenas empezó la película. No había almorzado y mi estómago rugía. 2 horas y 46 minutos después la película terminaba con un “directed by Cristopher Nolan” en mitad de la pantalla más óscura que he visto y mi hamburguesa permanecía intacta. Quedé pasmado en mi asiento durante todo ese tiempo. Creo que fui capaz de mover un brazo sólo para secarme las lágrimas que invadieron mis ojos en un par de momentos que no detallaré para no estropearles la emoción.

¿Cómo empezar comentando esta maravilla? Quizás deba comenzar con aclarar que esto es, obviamente, otro Nolanazo. Astuta, meticulosamente planeada, innovadora, atrevida, algo que nunca antes has visto. En ese sentido el mismo sabor que Memento o Inception dejaron en el paladar de todos los cinéfilos. Interstellar tiene además una bellísima fotografía, carismáticos personajes, actuaciones sobresalientes (McConaughey, Anne Hathaway, Chastain, Casey Affleck, Michael Caine, Matt Damon, etc),  música de Hans Zimmer (El Rey León, Gladiador, Inception) y efectos especiales de primera línea. Pero esta película tiene algo más, algo que las otras películas de Nolan no tenían. Esta película tiene corazón. Nolan, quizás confiado que ya nos tiene a todos en el bolsillo después de tanto hit e incluso renovar magistralmente una franquicia (que se creía intocable) como es Batman, decide arriesgar  y, por primera vez, dejar su alma en una obra que perdurará en la historia por su perfección técnica, pero a la vez, por su hermoso, profundo y por qué no decirlo, sensible mensaje.

Esto es ciencia ficción, no les voy a mentir. Todo parte de la base que los hoyos negros tienen propiedades espacio temporales muy extrañas que los físicos llevan estudiando por décadas y que son la última esperanza para una raza humana que se está extinguiendo. De ahí en adelante el guión se construye lógicamente y de manera sólida. Ir a ver Interstellar dudando de la existencia de viajes espaciales y hoyos negros pues es como ir a ver Harry Potter con la idea de que la existencia de magos es poco realista. Todos sabemos que es así, pero la idea es creerselo para disfrutar la película. He leído muchas críticas a Interstellar y la mayoría la compara con 2001 Odisea del Espacio o Gravity. Comparaciones que, a mi juicio, no tienen ningún sentido. Interstellar es una idea completamente distinta. Si me pidieran compararla con algo sería con The Tree of Life de Malick o El Aleph de Borges. Esto es sobre la relatividad del tiempo y la posibilidad de que todo existe en todo momento en todo lugar.

Nolan plantea que existen dos tipos de instintos de supervivencia. Uno es, por supuesto, el instinto que tenemos para luchar por nuestra vida a cómo de lugar. Pero también existen personas que luchan por algo más que sí mismos, que son capaces de esquivar la muerte porque tienen a alguien que aman y desean proteger. Cada una de las escenas de la película muestra (algunas de manera más explícitas que otras) la dicotomía entre estas dos formas de sobrevivir y la importancia del amor cuando nos acercamos a la muerte. El mensaje que deja es tan potente que es difícil salir del cine sin sentir el mundo de otra manera. En lo personal me noqueó emocionalmente y no pude dejar de comparar el viaje interestelar de McConaughey con el viaje que yo mismo estoy haciendo al dejar mi planeta, mi realidad original, por un futuro que creo superior y más noble.

Yo les aconsejo que vayan a verla y la disfruten mucho. Dejenle a otros el estúpido debate de si es realista o no, cuantas leyes de la física se rompieron en favor del guión y por qué Nolan no siguió las directrices de 2001 Odisea del Espacio que, a juzgar por la crítica (que obviamente saben con mucha mayor precisión qué era lo que pasaba por la cabeza de Nolan que el mismísimo Nolan), es lo que debería haber hecho. Interstellar exige una lectura que está un nivel más arriba y requiere el compromiso más profundo de parte del espectador. Yo les aconsejo amigas y amigos, que vean esta película con el corazón. No serán defraudados.

Ya en casi nada creo

Hoy 17 de Septiembre del 2014 debo confesar
que ya en casi nada creo.

Ya no creo en la humanidad, ni en el futuro, ni en wikipedia, ni en la copia feliz del edén.
Ya no creo en Dios padre todopoderoso, creador del cielo y de la tierra.
ni en Jesucristo su único hijo, nuestro señor.
Ni siquiera en mí creo.
Ya no creo en que los errores puedan ser heterocedasticos y que eso que estoy pensando se distribuya normal.
Ya no creo en el offside, la poesía detrás de una rabona ni en un Chile campeón del mundo.
Ya no creo que Milo te hace grande.
Ya no creo en la melodías de los solos de violines de prodigiosos músicos checoslovacos,
ni en la voz áspera de Violeta,
ni que Juan Luis Guerra realmente quiera ser un pez porque dudo seriamente en que alguien dejaría de ser una leyenda de la música latina forrada en plata y talento para convertirse en un aburrido y resbaloso pez.
Súbitamente dejó de interesarme la literatura.
Ayer estaba inmerso leyendo mi libro favorito y
de repente las palabras se convirtieron en eso,
sólo palabras.
No había magia,
sólo un papel con trazos de tinta sin orientación aparente, mirándome.
Dejé de creer en el reciclaje, el pronóstico del tiempo y el contenido nutricional de todas las cajas de todas las estanterias de todos los negocios del mundo.
Dejé de creer en la raza humana cuando hace 19 años un niño me dijo que comiera no más la galleta que tenía en la mano porque estaba requete buena y después que la masqué resultó que era comida de perro y que no soy un perro, así que no me gustó.
Dejé de creer en banderas cuando me di cuenta que si uno entrecierra el ojo derecho y frunce la mirada como si fueran dibujitos 3D, no hay ninguna diferencia entre la de mi querido Chile y la de mi querida Tejas.
Deje de creer en la ciencia, en las artes, en la ingeniería y en el factor de seguridad con el que diseñaron el edificio donde me encuentro ahora mismo escribiendo.
Ya en casi nada creo.
Pero hay algo en que todavía creo.
No necesito países, gobiernos, sociedades, arte, ciencia, chocapic, dinero, historia, palabras, futbol, ni música para creerlo.
Una sonrisa.
Me basta ver una sonrisa para cambiar mi mundo.

El mundial y USA (destruyendo el mito)

Cuando llegué a Estados Unidos venía con muchos prejuicios, quizás demasiados. Tenía esa imagen de estar entrando a la capital del Imperio capitalista y que la gente era media tonta y  me iban a discriminar como si fuera un monito. Sin embargo no es nada así. Es cierto, sigue siendo la capital del imperio (pero para mi sorpresa Chile es más capitalista que Estados Unidos), siguen teniendo una política internacional que se escapa de cualquier comprensión humana, hay un par de personas tontas (como en todos lados) y yo parezco monito. Sin embargo, USA ha sido un país que me ha acogido con cariño y al cual le estoy muy agradecido. Sus políticos les cuentan mentiras, igual como nos cuentan a nosotros nuestros políticos, y justifican todo con esta idea del American dream, pero el ciudadano norteamericano, en general, es una persona justa, honrada, amistosa y buena onda.  Lentamente me he puesto medio gringo/mexicano. Ya no siento que la comida sea picante, me gusta mucho el desayuno, aprendí cómo se jugaba el football y hasta he cantado el himno.

(Me obligaron a aprenderlo en el colegio y cuando uno es niño mateo hace cualquier cosa por una nota)

(Aparte la canción tiene una bonita subida que me queda cómoda y aprovecho de lucir mi calidad vocal)

(Y la letra es bonita… y sería preciosa si fuera verdad)

(Igual hay que decir que yo encuentro espectaculares letras hasta en las canciones más ridículas…)

(“Planta una semilla, planta una flor, planta una rosa / Puedes plantar cualquiera de esas / Cuídalas / Cuídalas hasta ver cuál es la que crece / Es un secreto que nadie conoce / Es un secreto que nadie conoce / Mmmmbop / ba duba dop” )

(Es broma. No he cantado el himno jajaja. Quería puro verles sus caras. Me da pudor el sólo hecho de sabérmelo, ni me imagino cantándolo)

(Pero es verdad que me lo sé por culpa del profe de inglés del colegio)

(Y que tiene la subida bonita)

El mito más grande que he derribado en estas tierras es esa idea de que a los gringos no ven el mundial. Bueno, voy a ser muy sincero. Los gringos no están ni ahí con el futbol… pero están locos por el mundial. Antes del mundial todos se burlaban cuando les comentaba que yo jugaba futbol todos los sábados en la mañana y que mi fanatismo era tal que incluso tenía un equipo en el campeonato de la universidad. En Estados Unidos el futbol es un deporte de niñitas. Los niñitos juegan football y las niñitas soccer. Así de simple. Más de algún gringo me tiró la talla “ah buena… mi polola también juega eso” o “el equipo de mi hermanita chica está buscando rivales…” mientras ellos se vanagloriaban de disfrutar ese deporte tan rudo de pantalones apretados y hombreras a lo locomia. Como todo católico que se precie de tal, yo daba la otra mejilla y me aguantaba las bromas.

(Mentira. Los leseaba con que deberían cambiarle el nombre porque no es ni pelota, es un huevo, y además no se juega con el pie, se juega básicamente con la mano)

(Aparte ni soy católico)

Sobreviví casi dos años jugando y disfrutando mi futbol en este ambiente, en un principio, hostil. Entre medio conocí un par de gringos que seguían a su selección en las eliminatorias y por supuesto, infinitas personas de otros países que se enloquecían con el futbol igual que cualquier chileno (excepto el Jopi). Hay que decirlo, USA es el único país que no goza del futbol. Y sí, es cierto también, conocí a muchas gringas que jugaban a la pelota con una clase y talento que yo jamás podré igualar (y la mayoría de los amigos peloteros que tengo en Chile tampoco). Hasta me tocó jugar contra equipos de hombres que incluían un par de mujeres (totalmente permitido, incluso en los campeonatos).

La cosa es que llegó el mundial y los gringos enloquecieron (ver acá). Se llenaron de comerciales de futbol, la gente se apelotonó en los bares a la hora de los partidos, en mi departamento (el de ingeniería civil) habilitaron una sala con butacas (sí, leyó bien, butacas, na’ que sillas mulas) y pantalla HD que muestra todos, absolutamente todos, los partidos. Y no sólo eso, como que un día para otro todos los gringos se saben las canciones de su hinchada, saltan, gritan y proponen futbol como el tema ideal para conversar en el almuerzo. Todo el mundo me envía textos o mensajes cuando Chile gana (muy seguido), felicitándome y deseándome suerte. Mi Facebook está lleno de invitaciones a fiestas para ver el mundial. La emoción se siente en al aire cada día, y los alumnos ponen en streaming hasta el juego más inaudito (como los tres gringos que están ahora mismo disfrutando del Japón-Grecia mientras yo trabajo en el laboratorio de computación). Incluso mis compañeros más outsiders me preguntan cosas como “¿Es realmente Neymar un fraude?”, “¿Debió Klinsmann incluir a Donovan en su lista de 23?”, “¿Christianou or Messy?”, “¿Crees que USA tiene posibilidades de ganar el mundial?” (true story… una amiga me preguntó eso último, pero cuando vio mi cara de “really? En serio me estai preguntando eso?” se puso roja y dijo: “ya.. si sé que es difícil, pero uno siempre tiene la ilusión…”).

Uno.

Siempre.

Tiene.

La.

Ilusión.

Y acá mi análisis ya no tiene casi ni techo ni órbita que lo cobije. Los gringos no sólo aman el mundial, sino que sueñan con ganarlo algún día. Así tal cual. Igual que los chilenos, que siempre hemos tenido ese sueño. Y no sé, como que ahora uno se la cree. Porque esta selección está llena de jugadores que se creen el cuento. No es como en el 98 donde el discurso era que enfrentarse a Italia eran “palabras mayores” o en el 2010 con un Bielsa que dejó de atacar cuando se vio clasificado. Acá no se hace la diferencia con nadie. Se planteó un objetivo muy simple: juguemos con la mayor intensidad posible. Y eso están haciendo Vidal, Alexis y compañía (por cierto, Vidal y Alexis son los únicos jugadores chilenos conocidos internacionalmente, según mi humilde perspectiva luego de conversarlo con fanáticos de diversas culturas y procedencia).

Portadas de los periódicos gringos luego de la victoria de su equipo (fuente: @ussoccer )

Portadas de los periódicos gringos luego de la victoria de su equipo (fuente: @ussoccer )

Chile 3 – Australia 1

Ayer, mientras veía a Chile derrotar al campeón del mundo inapelablemente y con un coraje que jamás había visto, sólo tenía una cosa en la cabeza. Les va a sonar raro, lo sé, pero ya llevo como 8 años auto-humillándome en este blog contando las leseras que se me ocurren y una lesera más o una lesera menos, da lo mismo.  No podía sacarme de la cabeza el video de “el Tarro”. El video es más que una tonta caida. Es una imagen perfecta de lo que es la vida (y el futbol). Es el caminar de un hombre frente a la adversidad y el retrato de sus amigos incitándolo a sobrepasar cualquier obstáculo, incluso esos que ningún hombre podría lograr derrotar (a menos que fuera en una moto). ¿No es eso acaso el camino que todos seguimos? ¿No es nuestra vida más que una serie de saltos en bicicleta? ¿No son nuestros amigos los que nos apoyan desde el lado? Y, cuando ya creemos que no existe desafío que nos detenga, zas! nos caemos a tierra subitamente. Nuestra cara se llena de tierra y esa tierra solo se limpia con el arrastrar de nuestras lagrimas. Todo iba bien. Todo era superable. Un neumático, dos neumaticos, una plumabit, una bicicleta. Tarro lo supera todo. Pero si se fijan, si le ponen verdadera atención, en el último salto una de las ruedas golpea brutalmente el último obstaculo: un tarro. Una alegoria de que el maximo obstáculo que nos separa de nuestras metas somos nosotros mismos.

No he visto el video ni una, ni dos, ni tres veces. Lo he visto decenas de veces. Si hasta de repente me da por pausarlo y observar con tiempo lo que el dinamismo de la historia me oculta a simple vista. No se alcanza a apreciar en el video, pero no es difícil imaginar el semblante de Tarro los segundos antes de cada salto. Cabeza erguida, mirada fija, labios deshidratados y ese brillo en los ojos que, si pudiéramos hacerle un zoom, veriamos el destino de Tarro reflejado. Un hombre ante su destino. No es una hazaña titánica imaginarse qué es lo que está pasando por la cabeza de Tarro en esos momentos. ¿Lo lograré? ¿Es este mi momento? ¿Es mi naturaleza la que me lleva a esto? ¿Trascenderé? Quizás hasta se imaginó tirado en el suelo tragándose las lágrimas de su propio auto-inflingido fracaso. O, cabe la posibilidad también, puede que hasta se imaginó volando por los aires, para caer limpiamente del otro lado, donde una multitud enloquecida lo esperaba para bañarlo en gloria. Quizás hasta dejó jugar esa idea por un buen tiempo en su cabeza. Se imaginó siendo el campeón mundial de salto en bicicleta, la pelicula que harian con su historia y, quien sabe, hasta el gol que metería en la final del mundial. Ya lo dijo Neruda en su crepusculario: “Quiero saltar al agua para caer al cielo”. Aún así, la gloria de Tarro no estuvo en el éxito. Lo que lo hizo inmortalmente famoso es el hecho de no haberlo logrado. Millones de reproducciones en Youtube son fruto de la humillación, de esa maldita costumbre chilena de reirse del que ha fracasado. Pero este Tarro, ese Tarrito querido, ese niño chileno de las profundidades del campo, estoico emblema de una latinoamerica herida, recuerdo fugaz de esa infancia que muchos chilenos creíamos olvidada, sangre expuesta que nos hierve la nuestra, artífice de un dolor del que mucho se ha escrito pero nadie ha sabido expresar como él. Ese Tarro tiene las mismas ganas que esa selección chilena. Sin embargo, este equipo está convencido que no se tropezará consigo mismo. Veamos y disfrutemos con lo que se viene. Si no ganamos, a mi me basta con que hayamos querido ganar.

Chile 2 - España 0

Chile 2 – España 0