Too old to dance too young to die

Sucedió hace un par de años, cuando todavía era un alumno de enseñanza media. Me gustaba caminar por el centro después de clases. No existía mayor placer que ver las caras de angustia de la gente al caminar por el Paseo Ahumada. Porque Santiago es una ciudad enferma, una ciudad de la que todos quieren salir y ojalá nunca volver. Un lugar marcado por el sueño de ser otro, por la esperanza de que en algún momento todo lo perdido volverá.

En Santiago desaparecen cosas, lo supe desde ese día. Desaparecen o se olvidan sin que nadie lo note. Es algo tan natural y obvio como el llanto del hombre sin piernas que mendiga al frente del Mc Donald.

Mi obejtivo era generalmente vitrinear por las librerías. Me fascinaba admirar la inmensidad del hombre frente a mi pequeñez, la ironía de desear tanto unos libros que jamás podría comprar. Cada cierto tiempo (luego de haber soportado reiteradamente la visita de mi abuela María) lograba reunir el dinero suficiente para adquirir un libro. Uno, sólo uno. Uno de bolsillo y tapa blanda, no alcanzaba para más. Entraba lleno de orgullo a la Feria Chilena del Libro y me paseaba con cara de posible-gran-comprador hasta que uno de los vendedores me atendiera.

Siempre era la misma pregunta:

¿Qué busca señor?

Nunca era la misma respuesta.

Hay más libros que lectores, lo tenía más que claro. Yo no elegía los libros, esperaba que ellos me eligieran a mí. Tal y como lo hacen los perritos en las tiendas de mascotas o las sandías en los almacenes de barrio.

Ese día iba en busca de un libro, un libro que jamás compré. Casi al llegar a Huérfanos me topé con las persona que cambiaría mi vida para siempre.

Sí, suena como película romántica de los '90, pero así fue. A los chilenos nos cuesta entender que no todo es como los western o las películas de Bruce Lee. De vez en cuando se estrena algo de buen cine en nuestras propias narices. Cine sin avant-premier, sin fans, sin crítica previa, sin pop-corn ni hielo con pepsi vencida. Cine de verdad.

Una niña bailaba en medio del tumulto. Se movía graciosamente al son de un vals imaginario, una danza renacentista llena de alegría y delicadeza. Reía mientras esquivaba a la gente con sus pasos, como si no estuviera en el Paseo Ahumada. Como si Santiago, por un momento, sucumbiera ante sus movimientos.

Creo haberla observado por horas. Nunca me pude explicar el porque. Me cautivó, no tengo nada más que decir.

Un hombre me empujó y me hizo perderla de vista. La busqué corriendo por todo el centro, pero nunca la encontré.

Volví todos los días a la misma hora, esperando verla otra vez. Fueron meses de locura, meses en que lo hubiera dado todo por volverla a ver.

No era su fabuloso traje blanco lo que me atraía. Tampoco su platinado cabello o su figura angelical. Era su rostro. Esa cara de alegría, ese semblante que desafiaba los horrores de la ciudad. Sus ojos llenos de determinación, su mirada convertida en una salida, un escape a mi eterna condena, a mi fatídica desolación.

Ese rostro se repitió toda mi vida. Como si me persiguiera, como si el destino lo hubiera tatuado en mi débil espíritu.

Ese mismo rostro tuvo la Fede el día en que decidimos perder al hijo que quizás debimos tener.

El mismo rostro de mi esposa cuando inocentemente nos casamos ante Dios y nuestras familias.

El mismo rostro que volví a ver 18 años más tarde, cuando mi hija decidió quitarse la vida bailando en la línea del tren.

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PD: Maldición! Me salieron más de 100 palabras. Este cuento no va para el metro.

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Como gastar su dinero en 2 horas

Harry Potter es sin duda el libro más famoso de nuestros tiempos. A pesar de no tener la profundidad y la belleza de las grandes novelas (generalmente merecedoras del Nobel), tiene méritos suficientes para convertirse en lectura obligada de todo ser que habite en este mundo. De fácil lectura, entretenido de principio a fin, trama ingeniosa y originalidad sin límites. Son sólo algunas de las cualidades que han convertido esta maravillosa obra de Rowling en todo un clásico.

Así que ahí estaba yo,a las 5 de la tarde entrando a la Feria Chilena del Libro de Huérfanos. Llevaba mi mochila y 10.500 pesos (y un poco más) en mi bolsillo. Hoy, para el que no sepa, fue el lanzamiento mundial de Harry Potter VI en español. Si… el sexto tomo de la saga, la sexta parte del fenómeno, la sexta vez que un montón de niños vagos van a tener la valentia de tomar un libro.

Dejé mi mochila en custodia y me abrí paso entre los Pottermaníacos para husmear sin asco por toda la librería. Decenas de personas disfrazadas, un escenario al centro del local y centenares de caras llenas de ansiedad, angustia y felicidad contenida. La tensión era grande, todos esperaban que dieran las 6:30 en el reloj, la hora decisiva, la hora en que todas las librerías de habla hispana comenzarían a vender el susodicho libro (que esta vez era tapa dura, con un título mal traducido, pero con un valor mucho menor a los anteriores).

Se armó un show en el escenario. Trivias para pasar el rato, un concurso de "igualito a" donde un señor se llevó la admiración de todos por su parecido a Hagrid (lo que hace una vida llena de cervezas y falta de aseo… ¬¬ !) y un concurso de disfraces.

Para que les voy a mentir… al darme vueltas por la librería estuve a punto de gastar el dinero en otros libros. Había tanto que comprar y tan poco que gastar! Fue la hora y media más sufrida de mi vida.

Pero a eso de las 6:30 llegó el momento prometido. Súbitamente aparecieron Snape y Draco Malfoy entre la gente gritando a viva voz:

Mortífagos! Mortífagos! Vengan todos !

Estuve tentado de ir, pero me contuve. Sin embargo un montón de gente con máscaras y túnicas negras comenzaron a atropellar a los incrédulos espectadores. Se reunieron junto con Malfoy y Snape, al centro de la tienda, donde los esperaba un manto rojo que escondía sospechosamente un gran montículo de dios sabe qué (bueno… ¿se imaginan que será?).

Hoy! renace Lord Voldemort!!!! – gritaron en conjunto mientras destapaban el velo que cubría un cerro de Harry-Potter-VI 's. En seguida la gente se abalanzó, sin importar la cantidad de niños sentados en el suelo, ni los pobres que estábamos mirando con asombro a los seguidores de You-Know-Who.

El caos fue total.

Nunca supe como, pero logré atrapar un ejemplar de pura magia. Al estilo Potter, como todo un buscador de Gryffindor.

Corrí a la caja y lo pagué (previa cola de 30 minutos…).

Salí de la tienda con una felicidad enorme… tenía por fin el libro en mis manos. Luego de meses de espera podría delitarme con el penúltimo episodio de las aventuras de este niño mago.

Después de caminar tres cuadras sentí un cosquilleo en el cuello. Y en ese entonces fue cuando la ví.

Si… allí estaba mirándome en una vitrina.

Naomi Watts (en la carátula del DVD de Mulholland Drive, acá conocida como El Camino de los Sueños) me pedía a gritos que la comprara.

Fue como un hechizo, una historia salida de Harry Potter.

Gasté 4.990 pesos en el único DVD original que he tenido en toda mi vida. Pero no me arrepiento, la película es buenísima. Una obra maestra, un canto a la genialidad, un adagio de emoción.

Y quién sabe! A lo mejor comienzo mi propia colección de DVDs.

Volví a mi casa con un dejo de satisfacción en el rostro.

Abrí Harry Potter VI con la intención de tragarme el primer capítulo (mientras en el DVD sonaba la banda sonora de MulHolland Drive que viene como extra en la película).

Pero algo faltaba… tenía a Potter, a Watts, mi cabeza, mi celular y mis llaves.

Mi mochila! Se me quedó en la custodia de la librería!

Y así terminé… perdido en el camino de mis sueños, esperando convertirme en mago para traerla de vuelta con un simple conjuro, con un simple guiño de irrealidad.

Requiem for a Friend

Salí a recorrer las calles junto a mi vieja mochila Head.

Mi meta era clara: ir a alguna peluquería y despedirme de mi ya crecida cabellera.

Hace hasta algunos meses solía cortarme el pelo con un señor bastante simpático y conversador en una calle cercana a la Alameda vereda sur, a la altura del Planetario. Era una persona re buena onda, altamente amable y super preguntón. Luego de 3 cortes de pelo ya sabía casi todo sobre mi vida… donde estudiaba, que me gustaba comer, quienes eran mis amigos, cuanto calzaba, cuantos hermanos tenía, en que trabajaba mi madre, cuanto me gustaba el futbol, mi música preferida, mi pintor favorito, etc, etc, etc.

También me interrogaba sobre física, matemáticas y literatura. Era un hombre que sabía bastante y , como el decía, le encantaba aprender algo nuevo cada día.

Cortaba muy bien el pelo, debo admitirlo. En cierto modo me agradaba conversar con él y cuestionarme un par de cosas. Porque el tipo preguntaba mucho, más de lo necesario.

Pero este señor murió. Un ataque al corazón… algo fulminante y triste, en especial para su familia (esposa y varios hijos escolares). Era una gran persona y un excelente peluquero.

Me vi obligado a buscar otro peluquero, no lo he encontrado.

Vago por las calles buscando un nuevo hogar para mi gastado pelo, un nuevo templo en donde santificar mi look.

En eso estaba cuando llegué a la peluquería del Mall del Terminal de Buses Alameda. Es una peluquería pequeña, pero pintoresca. Uno puede mirar a través de la vitrina todo lo que pasa dentro.

Antes de entrar decidí observar (hombre precavido vale por 2).

Una peluquera leía una revista en la parte de atrás mientras otra de su especie le cortaba el pelo a una joven. Las tres se veían muy contentas y conversadoras.

Por unos segundos pensé en entrar y pedir un corte de pelo. Pero el asunto no es tan fácil para mí.

¿Qué pasaría si me lo cortan mal?

¿Qué pasaría si la señora no entiende lo que yo quiero?

¿Qué sería de mí con el pelo corto en exceso?

¿Qué pasaría si la señora se equivoca y me corta una oreja?

¿Qué pasaría si… ? Ni siquiera quiero pensarlo!

Por un segundo recordé a mi antiguo peluquero.

Recordé su sonrisa de orgullo cuando me decía que su único sueño era ver a sus hijos entrar a la U como yo.

Recordé su alegría al divisar un futuro que jamás pudo vivir (y que a lo mejor sin él jamás se pueda llevar a cabo).

Con ese tipo de recuerdos uno no puede cortarse el pelo.

T_T

La peluquera desocupada salió y se acercó donde estaba yo.

– ¿En qué puedo ayudarle señor?
– Ehm… nada… sólo miraba
– ¿Qué cosa?
– Bueno… ehm… el vidrio pos.
– Aah… pensé que estaba mirando a la niña que se está cortando el pelo.
– Claro, también a ella.
– ¿Y qué le parece?
– ¿La niña o el corte de pelo?

Volví a mi casa… siendo el mismo de antes, un poco más triste a lo mejor.

Hoy no me corté el pelo. Mañana seguro que sí.

Orgullo y Prejuicio (Pride and Prejudice)

Esta es la entrada número 35 de B.A.T.I.G. y me siento super contento con la mayoría de cosas que he escrito. Cada día escribo con más facilidad y soltura. Sin embargo, hoy creo se ha quebrado esa ligereza. Hoy, señoras, señores y señoritas, me ha costado un mundo escribir.

No es que esté en sequía creativa o tenga el teclado estropeado. Es mi Orgullo el que me impide escribir con claridad.

Sí, suena triste, pero soy demasiado orgulloso para escribir esto y luego salir a la calle sin una bolsa de papel en la cabeza.

Todo comenzó hace algunos días. Conversaba sobre cine por MSN con mi ex-alumna angelical. Ella me sugirió un par de películas para ver en mis ratos de ocio vacacional, entre ellas una llamada Orgullo y Prejuicio. Yo había leído la crítica, las sinopsis y un par de fichas técnicas de ese film (lo admito… me encanta averiguar sobre los estrenos que se vienen por internet) así que mi respuesta no se dejó esperar:

Jajaja…¿Crees que yo voy a ver esa película llena de azúcar y maripositas?

Hoy, aunque me cueste admitirlo, debo comerme mis palabras.

Orgullo y Prejuicio es una gran película, por donde se le mire. Quizás no tiene una gran trama, pero una trama complicada no se hecha de menos cuando tienes mucho que mirar, escuchar y sentir.

Lo que parece un simple drama de época , o amor pseudo-imposible, se convierte en una experiencia visual fascinante. Porque los personajes están lejos de ser perfectos o ideales (como la mayoría de las películas romanticonas nos tienen acostumbrados a ver), en Orgullo y Prejuicio los personajes sudan, se despeinan, se ensucian los zapatos con lodo, ríen a carcajadas, tienen defectos, virtudes, orgullo y prejuicios.

Llena de escenas memorables y cambios de escena que incluso me hicieron recordar a Leone (y eso es decir mucho). Está muy bien construida y sabiamente acompañada de geniales piezas musicales que nos trasladan imaginariamente al pasado sin ninguna reprobación.

Además la película está cargada de crítica e ironía. Porque a nadie deja indiferente darse cuenta que los conflictos del siglo XVIII son exactamente los mismos que los de nuestra época. La familia y el matrimonio siguen teniendo las mismas debilidades que hace 200 años (y un poco más). Eso muestra, entre muchas otras cosas, lo patética que es nuestra raza.

Lo triste y humillante que es ser un humano.

Y bueno… los invito a quitarse los prejuicios y ver esta película. Luego no se hagan los orgullosos y coméntenla con sus amigos.

¿Dónde dejé mi bolsa de papel?

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PD: Antes fue Nicole Kidman, luego fue Naomi Watts. Ahora es Keira Knightley.

PPD: Justifica con creces las 4 estrellitas de La Tercera. Sin embargo no se engañe… si Orgullo y Prejuicio merece 4, Old Boy tiene que tener 5.

The last love song in the world (Lyric)

Camino hacia el Metro tempranito en la mañana.

Todos los días veo lo mismo: un mundo en decadencia.

Debo admitirlo, no vivo en la mejor comuna de Santiago. Estación Central está llena de indigentes y pobreza.

Siempre las mismas caras de desolación, rostros de niños sufriendo frío, hambre y por sobre todo injusticia.

Un niño y su hermanita pequeña viven hace 3 años en la calle Jotabeche junto a sus padres: un hombre que vive borracho en el suelo y una señora que trabaja todo el santo día cuidando autos en esa misma calle. Lo único que tienen como entretención es un viejo triciclo oxidado en el que ambos niños juegan con ilusión. Seguramente imaginan que es uno de los tantos autos lujosos que cuida su mamá y que, algún día, ellos tendrán uno para escapar de tan horrendo lugar. Porque eso delatan sus caras: horror.

Me duele el alma cada vez que los veo… no estoy exagerando. Siento que podría hacer algo por este mundo… sin embargo no sé como.

Camino un poco más, ya casi llegando a la Alameda.

Una ancianita recorre los terminales de buses dando círculos, mientras se mira en un pedazo de espejo que debe haber encontrado por ahí. Esta señora vive en la miseria, se alimenta de lo poco que encuentra en los basureros de los terminales. Está un poco loca.. sólo habla para pedir un cigarro de vez en cuando. Lleva 15 años así.

Mucha gente la maltrata y empuja… sólo porque estorba en los momentos peaks de la estación de buses (especialmente en verano). Me mira y, aunque no se le ve ninguna lágrima, estoy seguro que llora. No puede hacer más que llorar.

Me gustaría… aunque sea una vez… verla sonreir.

Eso es lo que veo en las tres cuadras que separan mi casa al metro, pero sé que hay más. Sé que esto pasa en todos lados y que incluso es peor.

¿No debería hacer algo?

¿No siento un poco de tristeza cuando veo a mis amigos de infancia, a los viejos niños del barrio, drogándose en una esquina?

Cualquiera de ellos podría haber sido yo.

Afortunadamente la vida me dio una oportunidad que a ellos se les negó.

Pero… ¿es esto justo?

Creo que no.

Subo al transporte público y un pequeño niño me pregunta:

¿Qué podemos hacer con este mundo tan cruel?

Y yo le digo:

Rie, Rie
aunque tengas pena, sólo
rie, rie

Rie como hiena, sólo
rie, rie

Aunque no se pueda, sólo
rie, rie
Lleno de problemas, agobiado y sin hogar

Porque en la vida siempre vas a fracasar…
Ja ja ja ja

Porque mañana también estará nublado
Je Je je je

Porque no eres musculoso, porque no eres talentoso
en la vida siempre vas a fracasar
Ja Ja ja ja.

Pi, fé en el caos

10:15 – Salgo de mi casa con una objetivo en mente: probarle al mundo el genio que soy.

10:35 – Exponiendo mis hipótesis:

1) Las Matemáticas son la lengua de la naturaleza
2) Todo alrededor de nosotros se puede representar y entender con números.
3) Si se representan estos números graficamente los patrones emergen

Por lo tanto :

Hay patrones por todas partes en la naturaleza.

12:00 – Luego de su debido análisis logro entender el patrón tras de Pi, al mirar detenidamente las caida en espiral de las hojas de los árboles durante 1 hora.

14:00 – Almorzando fideos espirales con salsa. Saben un poco irracional, no sé si es por la forma aurea del espiral o la falla en la progresión armónica del tiempo de cocción.

15:00 – Nota personal:

Cuando era pequeño mi madre me prohibió meter los dedos en el enchufe. Así que a los 6 años lo hice. Sentí un gran golpe eléctrico que sacudió cada célula de mi cuerpo.

Los médicos no estaban seguros si curaría. Me atemorizaron. La vida volvió a entrar lentamente a mi cuerpo a través de los vendajes.

Renací, pero algo había cambiado en mi ser. Ese día tuve mi primer dolor de cabeza.

17:00 – Una partida de Go contra mi sensei. Todavía no entiendo este juego del todo, no encuentro su patrón. Por ahora veo piedras, pero sé que hay algo más allá.

19:00 – Miro con detención el vuelo de las palomas y algo se enciende en mi cabeza: lo tengo!

20:00 – Corro a mi casa. Debo escribir en Euler, mi ordenador, la gran fórmula que acabo de encontrar. La fórmula mágica, la ecuación de conversión de metal en oro… la fórmula de la vida eterna, el patrón tras Pi y cualquier hecho o evento de la naturaleza.

Siento que el mundo es mío… mi mente es el teorema y la realidad no es más que un conjunto infinito numerable de corolarios.

Gané, por fin le gané a esta obsesión. Mis trabajos han rendido frutos… soy un genio!

20:15 –
Llego a mi casa y me encuentro con una funesta noticia: mi hermano ha dado vuelta un vaso de agua sobre el teclado de Euler. Ha inutilizado mi ordenador.

Rio nerviosamente y maldigo a los 19 vientos. Me desespero… tengo tanto que escribir y no puedo hacerlo!

20:17 – Un fuerte dolor de cabeza me hace caer y llorar desconsoladamente en el suelo. Duele demasiado… tomo unas pastillas y… duermo.

23:45 – Despierto. Siento que he olvidado algo importante. Trato de recordar pero no puedo.

23:58 – Bueno, da igual, mañana será otro día. Seguramente saldré a caminar, buscando los patrones en la naturaleza y en especial de Pi. Porque esa es mi vida, una constante búsqueda de patrones. Un patrón que busca entenderlos a todos.