100 palabras… a por ellas!

Hay ciertos que son "clàsicos". Clásicos en el gran sentido de la palabra… días que se repiten todos los años y que, en cierto modo, esperamos con ansias. Hablo de instancias como la Navidad, el 18, la Pascua, el primer dìa de clases, el último día de clases, la final de la champions o el dìa de estreno de nuestra serie favorita (24, Los Simpsons, Family Guy). Todos disfrutamos esas célebres fechas, pero hay una especialmente importante para mí: el día en que leo en el metro las bases del concurso "Santiago en 100 palabras".

Si…

Ese día maldito en que por un descuido me subo justito en la parte del vagón que tiene el susodicho cartelito. Hey! Mira… empezó el concurso de nuevo. Apúrate, sólo por pocos días!

Y mi mente comienza a volar. Quiero participar en ese concurso. No tanto por el premio (dinero) sino por el desafío. Me impacta de sobremanera que algún escrito mío tome parte del paisaje subterráneo de Santiago. (Ustedes saben… los mejores cuentos se colocan en las vitrinas de las estaciones, desplazando la publicidad y las buenas costumbres).

Sé que no le pego mucho a la cosa… pero las ganas de participar me consumen. Y las ideas se reproducen como bacterias!

Pero lo más difícil es, lejos, escribir algo en menos de 100 palabras. Es algo demasiado imposible para mí.

Todos los años trato de escribir algo, pero esa maldita regla me destruye todo.

Por más que lo intento, jamás he podido mandar un cuento con las palabras necesarias. Es un karma que pesa sobre mis hombros… es ,sin duda, la razón por la que cada año este concurso es un gran reto para mi persona.

Y ya que escribo esto… un recuerdo se me viene a la mente.

Hace un par de días una persona (cuyo nombre permanecerá en secreto para no enlodar a la familia del susodicho) se acriminó con mi estuche. Sip… batalló con el cierre hasta romperlo (mientras una risa malévola se dibujaba en su cara). Así que partí al Lider más cercano a comprarle un reemplazante.

Sé que hay ciertas cosas en la vida irreemplazables (como su cosa irreemplazable favorita), pero los estuches, a pesar de que nos son leales día a día, se pueden cambiar por otros (previo llanto y reconocimiento).

Luego de un par de minutos comparando los diferentes estuches a la venta, me decidì por uno negro.. marca "alquimia". Es super chanta y todo lo que quieran, pero tiene estilo.

Camino a la caja me encontré con la sorpresita: mi estuche estaba "marcado" con la típica etiqueta plástica de las cosas compradas en las grandes tiendas comerciales. Esas tonterillas blancas que , gracias a un acto de magia moderna, suenan cada vez que pasas por las puertas del local sin haber pagado previamente. Me es difícil describirlo… pero ustedes deben entenderme. Cada vez que compras un chaleco o incluso un par de calcetines en Ripley viene con esa cosita de regalo. (Fernando me acaba de soplar que aquella etiqueta se suele llamar "alarma". ¬¬ !…. )

Plastico (o quien sabe que) sujeto a tu posible compra a través de un gran tornilllo metálico.

En general, cuando finalmente compras el objeto, sacan la "etiqueta" con una máquina manual. Pero jamás había visto que hicieran eso en el supermercado!!

Comencé a preocuparme.

¿Qué tal si tenía que pagarlo en otro lugar que no fuera la caja?

A lo mejor había que pasar por una maquinita previa… o hablar con un vendedor.

Miraba para todos lados buscando a alguien que me ayudara.

Le pregunté al señor que reponía los yoghurts, pero no sabía.

Le pregunté al guardia… no hizo más que mirarme extrañado.

Incluso pensé en llamar al supervisor, pero me arrepentí.

Con estuche en mano me armé de valor e hice la fila de una caja.

Cuando fue mi turno miré a la cajera y le dije:

– Eh… este… mire… necesito comprar este estuche, pero no sé como sacarle esta etiqueta. ¿A donde debo ir para que la saquen?

– Ah… no se preocupe… la sacamos aquí.

Cool me dije. La cajera debe tener por ahí escondida una de estas maquinitas saca etiquetas que tienen en Ripley.

Pagué el estuche y… ocurrió lo más impresionante de la vida.

La cajera tomó el estuche y lo golpeó contra la mesa.

Inmediatamente cayó la etiqueta\alarma al piso.

– Listo! – dijo la cajera.

– Owned! – me dije yo.

PD: A por ellos!

Hello world!

Siiii!!!

WordPress la lleva!!

Ahora estoy en un proceso de construcción.

Este blog es mucho más moderno, ordenado y lindo. Además me facilita mucho la escritura (no se cae como el otro…)

Disfruten de las nuevas comodidades…

Aprovechen de darme ideas para mejorar esto.

Si alguien tiene una imagen para el "header" podría pasarmela…. ese paisaje sunlighteado es producto de mi poca imaginación.

Saludos a todos!!!

PD: Ojo!!! No se perdió ningún post ni comentario… jejeje! 

The End of The World

Mañana se acaba el mundo y todos andan con su cara de póker.

A nadie le importa.

¿Qué sentido tiene intentar vivir si nunca se han sentido vivos?

Suena triste, pero es verdad.

Nadie se ha sentado a reflexionar sobre este inminente fin de la
historia. Ese día fatídico en que todo acabará y no existiremos hasta
quizás cuando (si es que existe un cuando o un quizás).

Mañana haré un minuto de silencio en homenaje a toda la humanidad.
Haré un reconocimiento a todos aquellos que no viven y a todos
aquellos que no se les deja vivir. Porque mañana es el fin del mundo.

Algunos no me creerán, pero el mundo de verdad se va acabar.

El mundo muere a cada segundo. Cada instante vivimos en otro mundo…
una realidad alternativa a la anterior.

El tiempo es algo tan inherente en el ser humano que lo condiciona,
porque vivimos en base a recuerdos.

Y vaya que los recuerdos son imperfectos!!!!… dependen unicamente
del tiempo. Nuestro tiempo.

Yo me miro y no soy el mismo de hace 5 minutos. Han pasado 5 largos
minutos en que mi vida ha cambiado, porque mi experiencia se ha
convertido en recuerdo… mi mundo se destruyó para volverse a
construir frente a mis ojos (en el mismísimo momento en que se vuelve
a destruir).

Dinámico!

Movimiento!

Todo está en perpetuo movimiento.

Pero lo peor es que nunca vamos a poder revivir un recuerdo
nítidamente. Es más que imposible. Es la triste realidad de ser
humano.

A veces me pregunto…

¿Los perros recordarán así como nosotros?

¿Vivirán ellos nuestra misma condena?

Me parece que no…

… pero cuando veo la cara de inútil con que el perro va a recoger la
pelotita de tenis cada vez que se la lanzó por los aires pareciera que
el inútil soy yo y no él.

¿Por qué escribo esto?

Porque sí.

Porque me cansé del "Carpe Diem", del "HowAreYou", del
"Bachelet!-Anda-a-Lavar-la-LOCE", del "CaritaDePoker", del
"La-Vida-Es-Como-te-la-Tomas" y del JogaBonito.

Clarito clarito… como un perrito viendo monitos.

¿Quién no recuerda esa frase?

¿Quién la entiende?

Memento mori…

¿Acaso no puedo terminar un post sin una frase cliché?

Dios! Estoy cayendo en repeticiones! (te la robé ManiZero)

Me gustaría dejar un final abierto (estoy confundido), pero me es imposible.

Al final siempre pasa lo mismo.

Los Power Rangers destruyen al monstruo de turno o Pikashú se escapa
del equipo Rocket.

No puedo ser menos.

Saludos!

PD: Quedo debiendo un post.

PPD: Quedo debiendo dos posts.

PPD: Quedo debiendo tres posts.

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PP….PPD: (n veces P) Quedo debiendo n posts

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😄

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El Voltaje en el Secundario

Esta semana ha pasado algo genial. Los secundarios han sacado la cara
por todo el país y han puesto en el tapete uno de los más grandes
problemas de nuestra sociedad. Si… los jóvenes, inexpertos, pero
valientes colegiales logran mover las montañas que nos separan de un
futuro mejor.

¿Cuántos políticos nos habían prometido lo mismo?

¿Cuántas veces los dirigentes universitarios lo prometieron?

¿Por qué ellos y no los otros?

Yo creo que la respuesta es simple. Mientras más joven la persona,
menos maldad, ansia de poder y cobardía tiene. Un niño es lo más
idealistas que hay, un joven ya está corrompido. Los secundarios están
justo en el medio: en la delgada línea roja que separa los sueños y la
realidad.

Puede que este movimiento no llegue a nada (le ruego a todos los
dioses que no sea así). Pero también puede que este movimiento lo
cambie todo… puede incluso que éste sea el primer compás de la
sinfonía del nuevo mundo.

Y ahí estaba yo… hacía media hora se había acordado democráticamente
paro en toda la escuela de injeniería de la universidad de chile
(todos menos los matemáticos… ustedes saben… ellos y sus bilzs y
paps) y me tocaba nada menos que hacer clases, la bendita auxiliar de
álgebra.

Yo no quería hacer la clase… sin embargo mi deber era hacerla. El
paro era de estudiantes y en el momento exacto en que entrara a la
sala de los mechones yo dejaría de serlo… me convertiría en el
profesor auxiliar… el pelagato al que le pagan por hacer una clase a
la semana.

Me esperaban un poco más de 40 alumnos.

Hicimos un debate de 40 minutos sobre el paro. Sus consecuencias, sus
razones, nuestras esperanzas y opiniones.

Luego se realizó una votación.

Cerca del 60% de la sala prefirió que se hiciera la clase.

O-W-N-E-D!

Tuve que hacerla.

El principio del "deber" se sobrepuso frente a cualquier otro.

Mientras explicaba la tontería (perdón… teoría) de los morfismos
entre estructuras algebraicas no dejaba de pensar en los secundarios,
en la triste idea de que mi clase no estaba adherida al paro.

Sentí, por unos momentos, que éramos el único lugar en todo Chile
donde no se respaldaba el cambio a la educación.

Mis alumnos tenían derecho a la clase… no lo dudo. De hecho hasta
los comprendo.

Pero de que me complicó hacerla… no lo voy a negar.

Ya es hora de que la educación sea igual para todos. Cada niño de
nuestro país merece las mismas oportunidades.

¿Se imaginan que pasaría si la salud (otro de los derechos básicos)
fuera elitista? ¿Que pasaría si al no tener dinero tuvieramos que ir a
hospitales andrajosos, llenos de muerte, suciedad, injusticia y dolor?
¿Qué pasaría si los médicos discriminaran a sus pacientes por el
dinero y dejarán vivir sólo al que puede pagar su muerte en cómodas
cuotas?

No lo imagen. Sólo despierten.