Don’t wanna fight, don’t wanna die… just wanna hear you cry

Una de las cosas atractivas de este mundo es que nunca terminamos de conocerlo. A pesar de ser un círculo de área definida podemos trazar dentro de él una red de largo infinito. “La vida es un fractal intermitente” solía decir alguien. Sentirse parte de una gran red suele ser incómodo (“somos uno entre muchos”, Rolando de Gilead en su mundo que se ha movido), pero también tiene cierta fascinación, cierto sentimiento de que con certeza viviremos en la incertidumbre.

 

¿Qué pasaría si la persona con la que nos topamos hoy en la calle se convierta en un personaje principal en nuestro futuro? ¿Qué pasaría si hoy compartieras el bus con la persona que te asesinará dentro de 20 años? ¿Qué pasaría si supieras que el señor que hizo la fila del banco justo delante tuyo chocará tu auto el próximo mes?

 

Internet tiene la gracia de reducir no sólo el espacio de las relaciones humanas, sino que también destruye el tiempo. Buscando en Youtube o en los PodCasts puedes revivir el concierto que nunca fuiste o la conversación cuyas palabras se las llevó el viento. La palabra “hablada” ahora está escrita, como si fuera un libro. No es necesario estar al lado de alguien para hablarle… ni siquiera es necesario vivir en la misma época.

 

Cuando pequeño solía preguntarme: ¿Qué hago acá? ¿Qué sería de mí si no estuviera en este mundo? ¿Qué era yo antes de nacer? Pensaba que mi mente y conciencia se mantuvieron almacenados en algún lugar de la galaxia hasta el día de mi nacimiento. Para el Sebastián de 8 años era imposible no haber existido. Mi vida no tenía comienzo. Ahora les puede resultar cómico, pero para ese entonces era una pregunta que golpeaba seguidamente mi cabeza y, aunque no me crean, me hacía mirar el techo por horas.

 

Uno va creciendo y se hace otro tipo de preguntas. Porque poco importa el inicio de algo si no sabes como terminarlo. Caminas pensando en que todo acabará y que debes apresurarte antes que te pille. “La muerte es una vida vivida, la vida es una muerte que viene” (Borges)

 

Así de apresurado iba yo en el momento en que, justo antes de entrar al vagón del metro, una joven desconocida de aspecto amable y risueño se acercó, me saludó como si fuéramos amigos de toda la vida y se subió al tren conversándome.

 

– Ha sido horrible esta semana… llena de cosas – Me dijo mientras buscaba un asiento con la mirada.

 

– Si… atroz – Le contesté simulando stress (lo cual no me es muy difícil).

 

Creo que mi relato merece una pausa y una explicación. Es raro que si usted está leyendo este blog no lo sepa, pero yo tengo un hermano gemelo (Alonso). Mucha gente me saluda sin que yo la conozca (amigos de mi hermano) y dentro de mis sueños siempre ha estado ser actor, por lo que repetidas veces (casi siempre) intento aprovecharme de la situación y ganar un Oscar imaginario como “Mejor actor de hermano gemelo”. En otras palabras: me hago pasar por mi hermano.

 

No me juzguen.

 

Si ustedes tuvieran un hermano gemelo lo harían. Es entretenidísimo.

 

La chica en cuestión seguía charlando.

 

– Y la pobre Maca… ¿supiste lo que le pasó?

 

– uuu.. brígidamente brígido. Pobrecita – le respondí.

 

– siii… estamos todos tan apenados.

 

Deben haber pasado dos estaciones de pura conversa.

 

De repente sus preguntas comenzaron a ser tan específicas que ya no podía seguir con la mentira. En mis 21 años de gemelo nunca me había tocado confesar la verdad… pero en esa ocasión no me quedaba otra.

 

– Oye… sabís que me estás confundiendo. Yo no te conozco.

 

– Ah?

 

Me miró con una cara de completo desconcierto.

 

-Pero… ¿tú no eres el Rodolfo?

 

– Emmmm…. no.

 

Ya me parecía. Mi hermano no podía tener una amiga tan conversadora.

 

– ¿Y para qué me respondiste? – se enojó (miedo)

 

– Lo que pasa es que yo tengo un hermano gemelo… y siempre creo que me están confundiendo con él.

 

Se abrió la puerta del metro y se fue. No agregó palabra ni comentario.

 

Yo quería disculparme… a nadie le gusta que le mientan (pero es tan divertidoooooo)

 

De todas maneras mi Oscar es más que merecido. Imité a ese tal Rodolfo a la perfección y sin siquiera conocerlo.

 

Pobre tipa.

 

XD

 

La anécdota (totalmente verídica) la cuento a modo de ejemplo.

 

Ejemplo de que no todo es lo que parece y que nada es lo que suele ser.

 

PD: No pongo video porque ni los ven… T_T