Sabrina

“Soy la niña consentida que en un globo se perdió

Sabrina me llaman.

Fue una nube como un niño la que me invitó a pasear

y nunca regresé.

Tengo amigos que me quieren ayudar a ser feliz

Sabrina me llaman.

Y viajamos siempre unidos tratando de conocer

mas debo regresar.

Sabrina me llaman.

Ellos me enseñaron la amistad.

Más sufren mis padres

tengo que con ellos regresar.

Soy la niña consentida que en un globo se perdió

Sabrina me llaman.

Fue una nube como un niño la que me invitó a pasear

y nunca regresé…”

La busqué por años!

Y estoy casi llorando.

A continuación un pedazo de la serie:

El capítulo final quedará siempre en mi memoria.

Anoche soñé

Anoche soñé que moría…

…y…

…sorprendentemente…

… era feliz.

No fue culpa de un accidente ni de un latido que detuvo mi corazón.

Simplemente morí.

No asistí a mi funeral ni a mi entierro.

Cuando eres un muerto tienes mucho que hacer.

No basta con acostarse en un cajón “de por muerte”.

Así que tomé mi mochila y caminé.

Hasta un lugar que llaman “vida”.

Me  ataron un hilo semi-infinito a mi pie derecho.

Me dijeron: “ve y verás”

Y ahora vuelvo a estar aquí.

Me costó llegar.

Mi hilo se enredó con el de varios más.

Muchas veces tuve que devolverme a desenredarlo.

Otras veces decidí dejarlo así.

En un principio temía que mi vida pendiera de un hilo.

Luego descubrí que sigo siendo ingenuo.

El hilo jamás se cortará.

Ni aunque quisiera.

Es como cuando niño tenías que tocar “claves” frente a todo el curso. Esos dos pedazos de madera (generalmente un extracto de escoba) que golpeabas uno contra el otro.

Haciendo “tic”.

O “tac”.

Vacío.

Como una sábana tapando tu vida.

Como un muerto.

Anoche vi a Morricone.

Vacío.

Como un muerto.

Ir a un concierto sin emocionarse es como tocar claves frente a todo el curso.

El viejito emanaba talento, la orquesta también.

Pero se escuchaba pésimo.

Me sentí como un preso viendo a sus hijos jugar felices por televisión.

Y él ahí.

Sin poder disfrutarlo.

¿Problemas de amplificación?

Supongo que sí, pero no soy experto en el tema.

Al final se mostraron todos los vicios:

La parte “emotiva” de La Misión estruendosamente animada. El coro se comía a todos los instrumentos mientras sonaban esos “pititos agudos” que saturaban cualquier micrófono.

Yo creo que más de alguno puso cara de asco.

Sólo me apiado de aquellas pobres criaturas que nunca han escuchado a una orquesta en un teatro.

Ellos quizás lo disfrutaron completamente.

Pero yo no.

Anoche lo disfruté como viéndolo por la TV.

Y ni eso, porque en la transmisión se escuchaba mejor.

Anoche soñé que moría.

Y Morricone estaba ahí.

Tapado con una sábana.

The stars are blazing like rebel diamonds, cut out of the sun

Domingo 16 de Marzo de 2007, 5:50 AM, Estación Mapocho.

No sé si les ha pasado, pero cuando uno se ilusiona con algo no deja de darle vueltas en su cabeza. Desde el Viernes que mi mente no estaba en otra cosa que en Morricone (Sus canciones con Dulce Pontes, Érase una Vez en América, etc).

Pensaba en llegar a la estación bien temprano y tratar de ordenar a la gente. Decidir nosotros mismos que puerta se abriría y organizar el asunto desde temprano, para evitarnos líos posteriores.

Imaginaba unas 5 personas en la fila. Nada más, absolutamente nada más.

Pequé de ingenuo.

Cuando llegué la cola era de por lo menos 400 personas.

Mi asombro era asombroso.

Un “Seba, Seba” me volvió a la realidad. Era Lautaro, un amigo de la Universidad con el que habíamos acordado juntarnos (para no hacer la fila solo). Él había llegado trotando desde su casa (Ñuñoa) y unos 5 minutos antes que yo.

Me colé (para el caso daba lo mismo… habían 3 personas detrás de mí que aceptaron el asunto) y comenzó la espera.

A eso de las 7 la cola se perdía en el horizonte.

El frío fue nuestro peor enemigo.

Creo que estuvimos dando saltitos o moviendo espasmódicamente las piernas su buen rato.

La gente miraba extrañado y preguntaba cosas freaks.

Onda preguntaban donde terminaba la cola.

O qué diablos era Morricone (¿Un nuevo queso que dan gratis o un dinosaurio argentino que traen los Animatronics?)

La pregunta que se llevó el Oscar fue la de un caballero con pinta de Matemático que nos preguntó: “¿Esto es una cola?”

No supe que pensar.

Osea… si tú ves a un montón de personas (miles), una detrás de la otra, formando una especie de culebra (fila suelen decirle) interminable que da vueltas por las calles y abarca cuadras y cuadras… ¿Te quedaría alguna duda que es una cola?

Pronto empezó a llegar gente a saludarnos. Amigos de la Universidad. Fernandito Feres por ejemplo, quién prefirió irse lo más rápido posible antes que lo pifiaran por colado.

También nos fue a saludar la Claudita (la que prometió la fiesta de los BatiAdictos) quién había llegado a las 4:30. ¡Imagínense!

Nos contó que alguien le había pagado a un niñito de 10 años para que hiciera la fila por él. Debe tener un valor subjetivo del tiempo muy alto esa persona.

Lo mejor eran los colados.

Trataban de entrar a la fila y la opinión pública los aplastaba. Les gritaban groserías, el típico “y fueraaa” y “chao, chaooooo”. Al final llegaba carabineros y los sacaba a empujones.

La humillación de esos tipos era genial. Verlos irse literalmente a la fuerza mientras miles de personas los abucheaban es algo que no tiene precio (como cuando a Olmos lo basureó el Estadio Nacional entero).

Fueron el detalle agradable del día. Esas escenas que quedan en la retina de por vida.

A eso de las 9:30 los chicos de Celfin (hasta el Fin) empezaron a repartir las entradas.

En cosa de minutos nos tocó a nosotros.

Llegó el momento decisivo, cuando Sebastián pisa la entrada del Centro Cultural Estación Mapocho.

Creo que una existe una sola palabra en el Scrabble que puede definir ese momento: surrealista.

Surrealista a carta cabal.

¿Cómo describirlo?

La fila seguía, pero en movimiento.

Mientras caminabas un grupo de personas (con identificaciones de “Organización”) te contaba los detalles del asunto.

Hombre 1: “Hola!”

Mujer 1: “Gracias por la espera”

Hombre 2: “El concierto es el Jueves…

Mujer2: “… a las 20:30 hrs”

Hombre 3: “No puedes llegar atrasado”

Mujer 3: “Con corbata y…”

Hombre 4: “…sin cámara!”

No tenías tiempo de pensar ni responder.

Al fondo un mesón con 10 personas encargadas de entregarte las entradas.

Cuando se desocupaba una levantaba la mano, así sabías cuando acercarte (debieran hacer eso los cajeros del banco… u_u’)

Una niña me preguntó si iba a ir sólo o acompañado (a lo mejor estaba interesada.. jajaja). Pero le dije que acompañado, así que me dio dos entradas para platea alta.

Me reiteró lo de la corbata y la cámara.

Salimos eufóricos. Llenos de vida.

La salida era por donde terminaba la fila… así que aprovechamos de quebrarnos con los que probablemente se iban a quedar sin nada.

Me bajó el sueño.

El esfuerzo tiene su precio.

Llegamos hasta el metro, me despedí de Lautaro y Fernando y me fui a mi casa.

Pensando en que el mundo por hoy estaba bien.

Que podría levantarme mañana con un gesto triunfal en el rostro.

Que cuando saliera a la calle la cordillera sería más pequeña que nunca.

Que el sol estaría más cerca.

No me importa llegar a la hora al concierto y quedar en última fila.

Morricone es una realidad.

PD: Celfín la lleva. Yo siempre lo dije.

Segoe

Segoe era un chico listo, demasiado listo. Un par de palabras en el google, una visita a mapcity y una coca-cola light bastaron para que, en menos de 3 horas, encontrara al hombre de negro. Y no lo encontró en medio del desierto ni en un club mafioso, lo encontró dentro de su propia casa.

La casa del hombre de negro parecía la típica casita del barrio alto. Pero Segoe era listo, supo distinguir la muerte en su interior. Segoe sabía que el hombre de negro no lo dejaría entrar sin cobrarle. Y el alma es algo que no puedes pagar en cuotas.

La puerta estaba abierta (primera sorpresa)

El hombre de negro estaba sentado en un sillón al fondo de la habitación (segunda sorpresa).

El hombre sonrió y le señaló a Segoe el centro de la mesa.

Sobre la mesa, la vida (última sorpresa).

Ahí estaba, sumergida en un frutero. Lo que Segoe estaba buscando, la razón para seguir al hombre de negro e invadir temerariamente su antro, ese papel blanco con el que Segoe soñó durante tantas noches, noches que poco a poco perdían su importancia.

Segoe era listo. Demasiado listo.

No perdió segundo y se abalanzó contra la mesa, tomó con decisión el papel entre sus dedos y se aprestó para realizar una escapada épica.

Por unos segundos sintió que vivía. Que ese pedacito de papel blanco guardado celosamente en su mano se convertía en Dios y le prometía la vida eterna.

Nada hay más satisfactorio para un ser humano que cumplir sus metas. Segoe las había cumplido.

Pero la felicidad dura poco, Segoe lo sabía.

Antes que Segoe siquiera pensara en darse vuelta, el hombre de negro le rebanó los sesos con un balazo sobre su ojo izquierdo.

Segoe era listo, demasiado listo.

El hombre de negro se levantó, se acercó al cadáver y le arrebató el papel. Caminó a la habitación de al lado y, mientras silbaba el tema de La Misión, dejó la entrada en el baúl…

… junto a las otras 4999 que había reservado.

Poor Richard

Cuando Poor Richard recibió la carta no hizo más que sorprenderse.

¿Una carta para él?

Por mucho que lo intentó, no pudo recordar la última vez que había tomado entre sus manos un sobre con su nombre escrito en el centro.

(Poor Richard no lo sabía, pero esta era la primera carta que recibía en su vida)

La abrió torpemente con sus dedos, rasgando el sobre desmedidamente, casi como un regalo de navidad que no tiene forma de chocolate ni tacto de ropa.

Cuando se aprestaba a leer el primer párrafo su mente divagó.

No era una misiva amorosa, vaya que no. Poor Richard era de ese tipo de personas sin tiempo para perseguir a chicas que le escriban cartas. Además el siempre usaba el mail para toda comunicación interpersonal… si es que el mundo estaba tan loco para que alguna dama le escribiera a Poor Richard, probablemente lo haría a través de gmail.

(A Poor Richard le fascinaba gmail y era ya un experto. Hacía cosas que nadie más podría siquiera imaginar, como por ejemplo revisar el spam digitando in:spam en la barrita de búsqueda)

Tampoco podía ser una cuenta de una tienda comercial. Poor Richard no tenía deudas, siempre se preocupaba de pagar al contado y se reía de aquellas personas que gastaban más de lo que ganaban. Él era un hombre razonable, el último paso en la evolución, una persona que sabe lo que tiene y no ambiciona nada más. Además las casas comerciales solían enviar sus cuentas en coloridos sobres con la oferta más tentadora impresa en el lomo. Ese tipo de cosas Poor Richard la sabía por sus amigos, ya que él nunca había siquiera visto una cuenta.

Ya que se dio el tema, tampoco podía ser de uno de sus amigos. Los amigos de Poor Richard eran de una sola clase: virtuales. Amigos eran sus contactos de MSN, sus friends de facebook y sus contacts de gmail chat. Gente que nunca había visto en persona, pero que creía conocer perfectamente. ¿Cómo no conocer a las personas con las que pasaba conversando toda la noche? A pesar de ser tan buenos compañeros, Poor Richard jamás había compartido su dirección real con ellos. ¿Para qué? No esperaba que lo visitaran.

(Y si lo hicieran estaría obligado a esconder los discos de X-Japan, los libros autografiados de Coelho y el afiche tamaño real de Hannah Montana)

Cuando iba en el segundo párrafo lo comprendió todo.

Todo.

Se desesperó.

¿Por qué diablos había sido tan estúpido?

¿Qué le hizo pensar que debía leer esa carta?

Si una carta tiene escrita tu nombre en el sobre ¿Estás obligado a leerla?

Guardó la siniestra y reveladora carta en su sobre, lo lanzó contra la mesa y se sentó agarrándose la cabeza con ambas manos.

¿Qué hacer ahora?

¿Quemarla?

¿Esconderla y hacer como si nunca la hubiera leído?

Lloró.

Por mucho que lo intentó, no pudo recordar la última vez que había llorado.

(No les sorprenderá, pero era la primera vez que Poor Richard lloraba de veritas. Es cierto que solía escribir “T_T” por MSN, pero escribir “T_T” o “jajaja” no significaba que estuviera llorando o riendo en realidad)

Decidió comprar un sobre nuevo y enviarle la carta a otra persona.

No necesito escribir a quién.

No necesito contarles el contenido de la carta.

Todos alguna vez la recibiremos.

Tan sólo hay que esperar.

100

Cuando el 8 de Diciembre del 2005 comencé a escribir este Blog de Anotaciones Triviales de Interés General nunca se me pasó por la cabeza que alguien lo leyera.

Pensé que algún curiosillo lo miraría, se reiría un rato y luego cerraría la ventana de este mini-mundo para nunca más volver.

Es que leer las estupideces de una persona tan normal como yo (que no tiene nada interesante que contar ni menos escribir) no resulta para nada tentador.

Pero me equivoqué (cosa rara en mí). Hoy por hoy (a dos años y un poquito más del primer post) en un día cualquiera (y fijo) mi blog recibe 100 visitas. 100 maravillosas visitas.

¿Quiénes?

No tengo la más mínima idea.

Conozco a algunos, los que comentan. Pero esos se cuentan con los dedos de una mano (humana).

Lo cual corrobora la primera frase que Claudio escribió en este blog: son más los que te leen que los que te escriben.

Este es el post número 100 de BATIG. Por fin he llegado a la centena!

Mucha agua ha corrido bajo el puente… muchos autos han pasado por el tunel.

Cuando escribí el post número 50 fue todo un suceso, un día para marcar con un crayon en el calendario.

Camila inventó el término “BatiAdicta” que según muchos sonaba como “BatiChica”, pero a mi me gustaba su cacofonía.

Claudita prometió una fiesta (en su propia casa) para TODOS los BatiAdictos cuando celebráramos los 100 posts.

¿Cumplirá su palabra?

En ese entonces posteaba mucha gente que no conocía y que luego desapareció. Como por ejemplo Xime , que hasta el día de hoy me pregunto como llegó al blog y comentó por tanto tiempo.

Creo que era el “peak literario” de mi blog. Peak en el sentido que yo sentía bien escribir y me gustaba lo que salía de mis dedos. Eso se ha perdido ultimamente… siento a mis escritos faltos de la chispa de antaño. Pero bueno.. el Matador Kempes dice que la calidad viene en rachas.

Era tal el fanatismo por el blog que una lectora (mantendré su nombre en secreto por asuntos de Seguridad Nacional) me confesó imprimía todos los posts para leerlos con sus “amiguis” y reirse un rato. Los colecciona y (supongo) todavía tiene ese archivador donde va a parar todo lo que escribo.

Cuando supe eso quedé atónito.

(Igual, como todo un RockStar, le regalé unos “borradores de post” que nunca vieron la luz… para hacer especial su colección)

Puede que a alguien le guste lo que escribo… pero llegar a ese nivel?

Me pareció demasiado.

Me mantuvo pensante sus buenas semanas.

Pensé en imitar al viejujo de Conan Doyle y matar mi blog.

Me acercaba a alguien y partía hablándome de BATIG. Me decían “leí en tu blog que” y nunca un “me dijiste que”. Todo lo que hablaba pasaba por el blog… todo.

Por suerte esta omnipresencia de BATIG desapareció.

Creo que en parte se debió a la proliferación de las bitácoras virtuales. Ya no era el único con Blog (recuerdo que Claudio, Sandra y Pablo eran mis únicos amigos que tenían uno cuando comencé) … se sumaron muchos.

Y el Blog pasó a ser un canal de comunicación más.

Como sucedió anteriormente con MSN. Cuando recién empezamos con ese servicio de mensajería instantánea (después de pasar por IRC e ICQ) discriminábamos entre conversaciones telefónicas y conversaciones por chat.

Ahora no. Ahora uno dice “Pepito me dijo ayer que” y no “Pepito me dijo ayer por MSN que”. Porque el MSN es algo natural.

Igual que un blog.

Como es el aniversario quisiera dejar escritos los posts a los cuales les tengo más cariño… en cierto sentido me siento feliz cada vez que los releo.

El Maestro de SF : Pequeña parodia del Maestro del Go, pero con un Andrés Abujadum y un Alfonso Astorga de protagonistas (y Street Fighter en vez de Go).

¿Alguna vez has pensado en matarte?: Poema de Pessoa que me encanta.

Escuela de Verano: Comentario emotivo del curso más importante de mi historia.

Te Vieron la Cara: Una trilogía de anécdotas sinónimas del mismo concepto.

Pinzhelandia: Mi interpretación de la fabulosa tienda de los Morán en Buin.

Tarde en Buin, doblando hacia el Mar: El secreto de Daniel.

Pasajero Incógnito: Cuento TranSantiaguino.

Galleta Fundamental: Lo que uno piensa cuando come una galleta.

Entre Paradojas y Anacronías se vive mejor: El típico día en que se atrasa la hora.

¿Me habrá faltado alguno?

Por último mis agradecimientos a quienes siguen leyendo esto y mantienen vivas las ganas de escribir.

Thankya!

Long Days and Pleasant Nights!

PD: En este blog hay 99 posts escritos (contando éste). ¿Por qué digo entonces que éste es el post número 100?

Pregunta que sólo un verdadero BatiAdicto puede responder.

El o la que la responda primero se va a ganar el tremendo premio.

En serio.

El primer concurso en BATIG.

Suerte a todos!

PPD: Espero sus comentarios.

PPPD: Sí… soy muy autoreferrente y qué?