The stars are blazing like rebel diamonds, cut out of the sun

Domingo 16 de Marzo de 2007, 5:50 AM, Estación Mapocho.

No sé si les ha pasado, pero cuando uno se ilusiona con algo no deja de darle vueltas en su cabeza. Desde el Viernes que mi mente no estaba en otra cosa que en Morricone (Sus canciones con Dulce Pontes, Érase una Vez en América, etc).

Pensaba en llegar a la estación bien temprano y tratar de ordenar a la gente. Decidir nosotros mismos que puerta se abriría y organizar el asunto desde temprano, para evitarnos líos posteriores.

Imaginaba unas 5 personas en la fila. Nada más, absolutamente nada más.

Pequé de ingenuo.

Cuando llegué la cola era de por lo menos 400 personas.

Mi asombro era asombroso.

Un “Seba, Seba” me volvió a la realidad. Era Lautaro, un amigo de la Universidad con el que habíamos acordado juntarnos (para no hacer la fila solo). Él había llegado trotando desde su casa (Ñuñoa) y unos 5 minutos antes que yo.

Me colé (para el caso daba lo mismo… habían 3 personas detrás de mí que aceptaron el asunto) y comenzó la espera.

A eso de las 7 la cola se perdía en el horizonte.

El frío fue nuestro peor enemigo.

Creo que estuvimos dando saltitos o moviendo espasmódicamente las piernas su buen rato.

La gente miraba extrañado y preguntaba cosas freaks.

Onda preguntaban donde terminaba la cola.

O qué diablos era Morricone (¿Un nuevo queso que dan gratis o un dinosaurio argentino que traen los Animatronics?)

La pregunta que se llevó el Oscar fue la de un caballero con pinta de Matemático que nos preguntó: “¿Esto es una cola?”

No supe que pensar.

Osea… si tú ves a un montón de personas (miles), una detrás de la otra, formando una especie de culebra (fila suelen decirle) interminable que da vueltas por las calles y abarca cuadras y cuadras… ¿Te quedaría alguna duda que es una cola?

Pronto empezó a llegar gente a saludarnos. Amigos de la Universidad. Fernandito Feres por ejemplo, quién prefirió irse lo más rápido posible antes que lo pifiaran por colado.

También nos fue a saludar la Claudita (la que prometió la fiesta de los BatiAdictos) quién había llegado a las 4:30. ¡Imagínense!

Nos contó que alguien le había pagado a un niñito de 10 años para que hiciera la fila por él. Debe tener un valor subjetivo del tiempo muy alto esa persona.

Lo mejor eran los colados.

Trataban de entrar a la fila y la opinión pública los aplastaba. Les gritaban groserías, el típico “y fueraaa” y “chao, chaooooo”. Al final llegaba carabineros y los sacaba a empujones.

La humillación de esos tipos era genial. Verlos irse literalmente a la fuerza mientras miles de personas los abucheaban es algo que no tiene precio (como cuando a Olmos lo basureó el Estadio Nacional entero).

Fueron el detalle agradable del día. Esas escenas que quedan en la retina de por vida.

A eso de las 9:30 los chicos de Celfin (hasta el Fin) empezaron a repartir las entradas.

En cosa de minutos nos tocó a nosotros.

Llegó el momento decisivo, cuando Sebastián pisa la entrada del Centro Cultural Estación Mapocho.

Creo que una existe una sola palabra en el Scrabble que puede definir ese momento: surrealista.

Surrealista a carta cabal.

¿Cómo describirlo?

La fila seguía, pero en movimiento.

Mientras caminabas un grupo de personas (con identificaciones de “Organización”) te contaba los detalles del asunto.

Hombre 1: “Hola!”

Mujer 1: “Gracias por la espera”

Hombre 2: “El concierto es el Jueves…

Mujer2: “… a las 20:30 hrs”

Hombre 3: “No puedes llegar atrasado”

Mujer 3: “Con corbata y…”

Hombre 4: “…sin cámara!”

No tenías tiempo de pensar ni responder.

Al fondo un mesón con 10 personas encargadas de entregarte las entradas.

Cuando se desocupaba una levantaba la mano, así sabías cuando acercarte (debieran hacer eso los cajeros del banco… u_u’)

Una niña me preguntó si iba a ir sólo o acompañado (a lo mejor estaba interesada.. jajaja). Pero le dije que acompañado, así que me dio dos entradas para platea alta.

Me reiteró lo de la corbata y la cámara.

Salimos eufóricos. Llenos de vida.

La salida era por donde terminaba la fila… así que aprovechamos de quebrarnos con los que probablemente se iban a quedar sin nada.

Me bajó el sueño.

El esfuerzo tiene su precio.

Llegamos hasta el metro, me despedí de Lautaro y Fernando y me fui a mi casa.

Pensando en que el mundo por hoy estaba bien.

Que podría levantarme mañana con un gesto triunfal en el rostro.

Que cuando saliera a la calle la cordillera sería más pequeña que nunca.

Que el sol estaría más cerca.

No me importa llegar a la hora al concierto y quedar en última fila.

Morricone es una realidad.

PD: Celfín la lleva. Yo siempre lo dije.

4 pensamientos en “The stars are blazing like rebel diamonds, cut out of the sun

  1. Somos unos Winners !!!!!!!!!!

    Con cara de tuto, pero WINNERS a fin de cuentas !!!!!!!!!!

    ” Quien madruga, Celfin le ayuda”

    ” Sacar a $1.000 los Morricone ”

    Me sentí mala, porque denuncie a un colado
    ( pero pucha que era entrete = ^_^= )
    Te faltaron los igualitos a Morricone, pasaba un viejecito y gritaba la galería: ” !!!Buena Morricone!!! ” , las coladas rubias o los dueños de fundo.

    Mega sonrisa cachetoncita ( O^_^ O ) !!!!!!!!!!!!!

    pd: debo aclarar que no pase a saludar ,sino que a molestar y ver si llegaste con vida jijijiji.

  2. que bueno que las conseguiste……

    aperraste al ir tan temprano asi q te las merecias……

    me imagine tu cara al llegar a la estacion y ver a tanta gente y me rei caleta…….. jajajajaja

    muchos saludos!!

    nos vemos en clases

    bye

    gisela

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