Mi nombre es Roman (notar que no tiene tilde)

Podrían haberme llamado Diego, Alonso, Pablito o incluso Sebastián. Pero no, mi nombre es Roman. Y eso  es algo que agradeceré al cielo  desde el 21 de Junio del 2010 y hasta el resto de mis días.

Creo, no sé bien por qué. Supongo que alguna mañana te levantas confiando en que existe algo poderoso allá arriba y después es imposible  sacarse esa idea de la cabeza. ¿De qué otra manera podría ser? Cada tarde asisto a  misa con religiosidad (con fanatismo diría Pedro, pero Pedro no sabe de lo que habla. Es mi amigo, ok,  pero eso no lo convierte en un existencialista alemán) esperando que la palabra alimente mi espíritu. A veces resulta, a veces no. Algunos días la hermosa dama de grandes ojos encargada de la colecta me regala una sonrisa, otros días apenas me mira. Durante tres  meses de la temporada pasada ni siquiera asistió a la iglesia. Cuando volvió hablando del amor blanco, la belleza de las flores rojas y el color azul del cielo imaginé que estuvo en Francia. No me lo dijo (nunca me ha hablado), tampoco me lo dijeron (nunca de ella me han hablado), simplemente lo adiviné. De vez en cuando el cura bromea acerca de lo precoz que son nuestros jóvenes, otras veces tan sólo se limita a hablar del barbón buena onda (así es como mi pequeñita solía apodar al hijo de Dios). A veces entra un perro en la segunda lectura, de repente va la anciana en silla de ruedas a recibir la comunión y a ratos siento que alguien me mira la nuca (y al voltear no veo más que silencio). Pero lo que siempre veo, cada día y sin falta, es a esa chica esperándome sentada a la salida de la iglesia.

No es que tenga un letrero con mi nombre y busque por todos lados con cara de taxista en aeropuerto. Pero sé que me espera. A mí. En un principio ni siquiera supe que estaba ahí. Después era inevitable no darse cuenta. Ni la lluvia ni los feriados la detenían. Cuando advertí su presencia me preocupé. He visto Taken.

Comencé a preguntar al resto de los fieles sobre esa chica. Según la señora del almacén la muchacha se hacía llamar Katie y venía de USA ( “u ese a” deletreó por si las dudas). Un día fue a comprar un paquete de servilletas y eso fue toda la información que le sacaron. Me dijo avergonzada que no entendía mucho el inglés. Gloria tenía otra versión. Me contó que la pilló en el parque paseando a un extraño perro de color negro (“no un negro de perro, más bien un negro de noche”) y que, a pesar de no haber hablado directamente con ella, se notaba un estupendo manejo del castellano mientras le leía fragmentos del periódico a su mascota. Dice que le llamó la atención que la chica siempre saltó en su lectura los nombres propios, como si al perro le importase más el crimen que el delincuente. “Le contaba el milagro, pero no el santo” bromeó Gloria con un aire de superioridad que nunca en su vida volvería a exhibir (no es precisamente de las más iluminaditas que conozco).

Hector fue más cauto. “Si sabes que te espera, mejor que la encares y le pidas una explicación”. ¿Pero iba a ser tan fácil? “Hey chiquilla, me esperas todos los días, algo que decirme?” No, no podía ser así. Llevaba toda mi vida esperando un misterio y ahora que estaba ante mis ojos no me iba a precipitar. Decidí hacer lo que todo buen ser humano haría: esperar que ella fuera la del primer paso.

Me llevé años en eso. La chica siempre estuvo ahí. Esperando. Un día que asistí a misa muy enfermo (resfriado del diablo) la chica se sentó en su banquita junto a dos tazas gigantes de té con limón, como invitándome a tomar junto a ella. Pero no lo hice. Me espanté. Ella parecía no saber que el té tiñe los intestinos. Cuando me ascendieron en mi trabajo adornó su banca con guirnaldas y serpentina. En el funeral de mi pequeñita se vistió de negro, como su perro, como la noche. Lloró (o por lo menos yo la vi llorar).

El 21 de Junio del 2010 la chica se decidió a hablar. Fue un Lunes luego de un fin de semana loco. Hace pocos días Chile había ganado su primer partido del mundial con un gol  en el último minuto. El país entero era un carnaval. Nunca he entendido mucho el futbol, así que poco puedo decir al respecto. No me cabía en la conciencia como podia generar tanta alegría  un pelado que estuvo en el momento justo y en el lugar exacto para empujar esa pelotita. Vi las imágenes en el noticiero y me pareció que el tipo ni siquiera se dio cuenta que lo hizo. Cerró los ojos y confió que ese movimiento espasmódico de su pierna hiciera el resto. Es chistoso ver como semejante acto, sin una causa más que el instinto, podía generar tamañas consecuencias (“Las cosas del futbol” hubiera dicho mi pequeñita).

Ella dejó su banca, se me acercó y  preguntó: “Señor, ¿su nombre es Roman?”

Mientras  asentía miré detenidamente su rostro y, al verlo rodeado de estrellas, descubrí lo que por tantos años sospeché y ahora me parecía inevitable: la quiero.

Y mucho.

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PD: Yo cacho que nadie lo entendió. Igual tiene sentido. La lectura más trivial que le pueden dar es verlo como algo romantico. Pero no es para nada el objetivo de la historia (después que lo releí caché que se podía malinterpretar así) Aunque sois libres de interpretarlo como quieran. En BATIG existe la libertad de interpretación.

PPD: Traten de comentar si lo leen. Por último un “lo leí”. Así me dan ganas de seguir actualizando.

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24

Hoy cumplo 24 años, la edad que siempre quise tener. Levantarme todos los días en la mañana y decir “Previously on twenty four” mientras la adrenalina golpea mi cerebro (ni idea si eso está bien…xD… nunca supe biología y no está Juanito cerca como para preguntarle).  Misteriosamente no me siento tan viejo. Recuerdo que conocí a mi amigo Diego ( visite su blog de comida ñoña) cuando él tenía más o menos esa edad y yo lo veía como un anciano.

(Lo anterior lo escribí sólo porque Diego quería propaganda para su blog)

(Así que si no ha hecho clic en el link… hágalo ahora!)

Y como en todos mis cumpleaños, a continuación un post donde diré lo que quiera (sin necesidad de tener un sentido). Además esta vez tengo harto que decir ( prepárense).

Partamos por lo mejor: descubrí el cuarto secreto de Fátima. Lo divulgaré pronto… espero.

No estoy leseando por si acaso.

También fui a los Carnavales Culturales de Valparaiso con mis amigos transportistas. Vimos a los iluminados de Chinoy y Manuel Garcia. Puede que Chinoy no tenga una voz melodiosa (de hecho creo que un gran porcentaje de los seguidores de Chinoy se han “acostumbrado” a su voz… no es que les guste desde el principio), pero el tipo se apasiona de una manera en el escenario que te pone los pelos de punta. Verlo en vivo es una experiencia impactante. Siempre, pero SIEMPRE, me deja con el cuerpo vacío… como esperando  algo que nunca llegará.

Pero la gran estrella de la noche fue el maestro Kevin Johansen (yo por lo menos llevaba un buen tiempo tratando de verlo en vivo). Su show es simplemente asombroso. Explica cómo compuso cada una de las canciones, comenta las palabras argentinas o uruguayas que utiliza y las traduce a chileno, proyecta dibujitos y animaciones de Liniers e incluso lleva artistas invitados al escenario (como a Residente de Calle 13… a quién personalmente desconocía, pero luego de ver la reacción de las chiquillas presentes me quedó muy claro quien era). Tocó como dos horas, todos sus hits (No voy a ser Yo, Desde que te perdí, La Cumbiera Intelectual, McGuevaras y CheDonalds, Anoche soñé contigo, Daisy, Logo,  S.O.S. tan fashion, etc). Siento que si mis posts fueran música, serían como las canciones de Johansen (algún día haré un post musical, se los prometo). Les dejo un videito que alguien grabo más o menos de la ubicación en que estábamos:

No diré más de los carnavales porque olvidé hacer firmar a mis acompañantes el contrato que toda persona debe aceptar antes de aparecer en BATIG. Quizás en un futuro, cuando compre los derechos de imagen de mis amigos, me detenga a editar este post.

Ahora el tema que nos convoca (y esta vez es sin contrato, porque todos sabían a lo que iban cuando osaron a poner un pie en mi casa). Por favor vean este  video de mi cumple (los créditos a Jaime, a quien extrañamente no le tembló la mano para capturar recuerdos que reviviremos hasta unos 30 años más). Los que no estuvieron ahí podrán apreciar el momento fundamental: el canto de cumpleaños. Como es costumbre cantamos al mismo tiempo ( a mi hermano y a mí). Debo ser uno de los pocos que tiene que cantar cumpleaños en su propio cumpleaños… u_u’. Gracias a este video tengo plenamente identificados a quienes le cantaron a Alonso y no a mí (ya verán mi venganza).

Por último quisiera repetir mis agradecimientos a todos los que asistieron e hicieron esto posible. Más encima fue como media sorpresa la cosa. Master. Fui muy feliz. Y estoy seguro que ustedes también… por lo menos “no lo descarto”.