Ataque de valentía de un cobarde sin remedio

Quiero escribir y no sé si puedo,

porque tú me das mucho miedo.

 

Quiero contarle al mundo acerca de ti,

pero no sé si después me pueda reír.

 

Tendré que mentir

para poder vivir.

 

Tendré que inventar

para poder soñar.

 

Lo voy a contar…

…sin que lo puedas descifrar.

 

——————————————————————————————

 

La primera vez que lo hiciste fue en octubre del ‘92.

Éramos unos niños que poco sabían de amor,

para qué decir de dolor.

Olvidé el lugar,

olvidé anotar,

olvidé si era una noche fría

o una mañana sombría.

Pero ese catalejo es una dedicatoria

que la vida ha escrito por siempre en mi memoria.

 

Lo encontré bajo una roca

la misma que tú pasaste como una loca.

Buscábamos algo en la arena,

pero yo le puse más empeño a la idea.

Supongo que tú hacías como que buscabas

mientras yo hacía como que no lo notaba.

Cuando entusiasmado lo extraje de la tierra y te lo mostré

enseguida un odio en tus ojos noté.

“¿Será esto lo que buscamos?”, pregunté.

 

Me dijiste que tuviera cuidado

que pocas veces te habías equivocado.

Que un catalejo así

no podía sino del diablo venir,

que ese laberinto de espejos

deberíamos tirar lejos.

Pero para mí era un mundo enano,

un universo infinito en la palma de mi mano.

Entonces pensé,

mientras simulabas desinterés,

(recitando al aire un poema de Arnaut Daniel),

“¿A esto se refería Borges con el Aleph?”

 

Nunca lo descubrí

pues cautivo en tu discurso caí.

Motivado por tu falsa ternura

arrojé ese catalejo a la basura.

“Bien hecho” me dijiste sin derecho.

“Mal hecho” pensé medio perplejo.

 

El segundo de tus teatros

fue en septiembre del 2004.

Éramos unos jóvenes que algo sabían de amor,

pero mucho más de dolor.

Escondida detrás de la cabaña,

encontré esa preciosa manzana.

No era verde ni roja,

era más bien del color de tu boca.

Pesaba como una pluma,

brillaba como ninguna

y por dios que deseabas que fuera tuya!

 

Aunque intentaste confundirme,

aunque algo malo de ella dijiste,

maravillado por su hermosura

decidí que la comería madura.

 

Pero tu lengua es veneno

y mi corazón muy bueno:

antes de poder saborear ese manjar,

me obligaste a abandonarlo en el mar.

 

Pasaron los años,

pero nunca tu engaño.

Cuando en Agosto del 2010

intentaste hacerlo por tercera vez,

lleno de valentía me rebelé.

Te dije “tú ya no me puedes dominar”,

te cerré la puerta con maldad

y te vi llorar al otro lado del cristal.

 

En un acto de inmensa cordura,

usando tu propia sangre como pintura,

escribí eternamente una palabra en tu cintura.

Así pasarían los tiempos,

edades y momentos,

pero no tu tormento

ni tampoco mi aliento.

 

Hoy no te quiero ver más

y sólo quiero poderte olvidar.

Esta noche si que podré dormir,

pues por primera vez he logrado vivir.

 
 

8 pensamientos en “Ataque de valentía de un cobarde sin remedio

  1. evidentenemente puedo decir
    que mi deseo lograste cumplir
    mientras revisaba en busca de algo para leer
    nuevamente me lograste sorprender

    Saludos SEBAAA🙂

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