Violeta se fue a los Cielos (reflexiones sin spoilers)

Ya no me clava la estrella,
ya no me amarga la luna,
la vida es una fortuna
vistosa, próspera y bella.
Sus lluvias y sus centellas
nos engalanan los aires
nos brindan como una madre
su aliento renovadero.
Ya siento que el mundo entero
está de canto y baile.

Llevo un día completo tratando de escribir una crítica de la película. Me es imposible. No sé como empezar ni en qué terminará. Es como si llevara 25 años con la cabeza bajo el agua y acabara de sacarla. Miro a todos lados y contemplo el mundo por primera vez. Una sustancia extraña entra a mis pulmones vacíos y me da la energía para mover el cuerpo.

Es aire.

Algo que siempre estuvo ahí, pero que yo nunca había tomado.

Final de la película.

La gente en silencio. Nadie se para. Nadie se mueve. Nadie dice nada. Pero si al pensar uno hiciera ruido (como los computadores), el estruendo sería insoportable. Si el corazón silbara seríamos el coro de pájaros más imperial de la historia.

Pero el mío no silba.

El de Violeta cantaba.

Holden Caufield dice en el “Guardián entre el Centeno” que un buen libro es aquel que después de leerlo te dan ganas que el autor sea amigo tuyo para llamarlo por telefono cuando quieras. Para mí una buena película es aquella que después de verla me dan ganas de agarrar una cámara y salir a la calle en busca de mi opera prima.

Algo así me pasó con Violeta se fue a los Cielos. Salí del cine pensando que había tanta belleza en cada una de las cosas que me rodeaban que sería un crimen no compartirla. Que esa sensación que pareciera apoderarse de mi espíritu es superior a lo que llaman “creatividad”, en verdad son ganas incontrolables de pasarle un espejo al mundo para que vea por sí mismo lo hermoso que es.

Andrés Wood logró plasmar en hora y media a Violeta Parra. Hizo lo que todos querían hacer, pero les fue imposible. Genio retrata a una genia. “La primera rockera” o “la primera emprendedora” eran las desafortunadas frases con las que intentaron vender la película. Innecesarias y de mal gusto. Chile ama a Violeta Parra sin necesidad de slogans o consignas.

O sea.. hay que ser realmente una iluminada para poder usar la palabra “musguito” en una canción y convertirla en hit. Awesome.

La película me emocionó del minuto 1 hasta el último.

Me recordó en cada escena que el 14 de Agosto de 1965, mientras Violeta Parra comenzaba a construir la carpa que sería el más grande sueño de su vida (y de su muerte), nació Paola Tagle.

Ella – acompañada de la misma guitarra, las mismas canciones, la misma desmesura genial, los mismos versos y la misma mirada tierna – hizo su propio viaje camino a los cielos.

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PD: vayan a verla!

PPD: Andrés Wood sácala en blu-ray por fa!

PPPD: Les dejo el trailer!

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