Perro muerto

Frente a ese gran árbol de calor

el otro día me puse a pensar

en cuánto había dejado y si es bueno

recordar a todo eso que ya no está.

 

Y la respuesta no alcanzó a llegar

porque justo en medio de este cuento

apareció, ahí tirado, inerte

la fúnebre silueta de un perro muerto.

 

¿Cuántas personas pasaron sin mirar?

Y yo, impactado, no dejaba de soñar

con ese país, ya lejano,

donde un perro muerto algo ha de significar.

 

No siento particular remordimiento

por el hecho de haberme ido.

Lo que sí me molesta en demasía es

haber partido,

sin siquiera la intención de pagar

lo recibido.

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