Si pongo el título que se merece esta entrada, nadie la leería

Yo sé que al 99% de las personas que leen este blog no están ni ahí con la Dave Matthews Band. La gran mayoría no debe tener idea quienes son y el resto quizás recuerda un videoclip que MTV Latinoamérica pasó durante los ’90 donde el vocalista de la banda bailaba frenéticamente al ritmo de una cancioncilla con melodía pegajosa e iluminadora letra (I eat too much / I drink too much / I want too much / Too much)*. Y aunque no les interese la banda en particular, la historia de cómo logré ver por segunda vez en mi vida a la Dave Matthews Band tiene dimensiones épicas y merece, casi que lo exige de manera inevitable, que se las cuente.

Todo partió a principios de año, cuando la Dave Matthews Band anunció su gira verano 2013 en Estados Unidos. Una de las estaciones del tour era la mismísima capital de Texas: Austin. El concierto (en teoría) sería el 21 de Mayo y comenzarían a vender las entradas el viernes 22 de Marzo al mediodía. Así que ahí estaba yo, viernes 22 de Marzo a las 11:59am pegado a mi computador esperando que ticketmaster comenzara la venta. Los computines nos han vendido la mula que internet y los ipods nos han solucionado la vida, que todo es más fácil si se hace con un clic de por medio y que la humanidad debería estar agradecida de la inmensa cantidad de tiempo que estamos ahorrando debido al uso de estas tecnologías de evasión de contacto con otros seres humanos y perros. Pero es mentira. Todo es mentira. Cuando creía que ya tenía mi entradita para cancha (“general admission pit” le dicen los gringos), el “sistema” me pidió verificar mi tarjeta de crédito. Nunca antes me había pasado. Obviamente no lo pude hacer, pues no me aceptó los datos que puse (llegue a saber usted por qué). La cosa es que perdí como una hora tratando de solucionar el problema y, cuando por fin pude ganarle al “sistema”, las entradas se habían agotado. Casi lloro. Malditos austinites que aman la música y son capaces de llenar el concierto de Dave Matthews en una hora. Bueno, para ser sincero aún quedaban entradas en la ubicación más penca. Detrás de la cancha había un primer nivel de asientos, detrás de eso había un segundo piso con asientos y, después de todo lo anterior, un poquito de pastito donde dejaban tirarte y escuchar el concierto a lo lejos. Ese pastito, el “lawn”, era la única ubicación que podía comprar.

Me convencí que ese pastito era para los verdaderos fans, que sería casi como estar en un Lollapalooza o algo así y que sería lo mejor del mundo estar ahí escuchando a mi banda favorita. Como muchas veces en mi vida, me autoengrupí que estaba jugando mi mejor movida, cuando en realidad sólo estaba conformándome con las restrictivas opciones que me dejaba un error previamente cometido (and if nothing can be done / we’ll make the best of what’s around). Así que decidí comprarme una entrada en el lawn no más, pero… la verificación de la tarjeta de crédito volvió a fallar!! Intenté comprarla por teléfono, sin embargo el  “sistema” que reconoce tu voz nunca cacho ninguna palabra de las que pronuncié (true story). Les juro que le decía que quería una entrada para “Dave Matthews Band” y me mandaba a comprar cualquier cosa (desde los “Mumford and Sons” hasta “Disney on Ice”, pasando por “Taylor Swift” y “Of Monsters and Men”). Estaba que me tiraba del puente de Dean Keeton.

El puente de Dean Keeton, a pasos de mi oficina

El puente de Dean Keeton, a pasos de mi oficina

Terminé haciendo lo que toda persona normal debería hacer: ir a comprar la entrada directamente a una taquilla de ticketmaster. La más cercana era en el Fiesta, que es un supermercado mexicano que está abierto 24/7 y que es entero barato si uno quiere comprarse unos frijoles, unas tortas de jamón o una piñata de Dora la exploradora. Así que fui, usé mi mexicano avanzado (agregar “wei” al final de cada oración) y pude, por fin, comprar la dichosa entrada. Llegué a mi casa tan contento, con una sensación de tranquilidad, de victoria, de que por fin había conseguido mi cometido. Lamentablemente estaba muy equivocado.

Pasaron los días, las semanas, los meses. Unos 10 días antes del concierto ocurrió lo que todos sabíamos que iba a pasar: jugando futbol me lesioné la rodilla. Iba corriendo y pisé un hoyo (epic fail). Se me anduvo un poco soltando la rodilla, así que me pusieron una rodillera y me aconsejaron no moverla mucho durante 3 semanas (les ruego tranquilidad, querida fanaticada, no fue nada muy terrible). Admito que anduve un poco triste. Primero porque esto pasó justo cuando el Real Madrid había preguntado por mi pase, enterrando cualquier posibilidad de mi inminente salto a Europa. Y segundo: ya no podía sentarme en el suelo, lo que implicaba que ya no podía sentarme en el pasto o, en otras palabras, que mi entrada para el “lawn” ya no me servía mucho. Creánme que intenté sentarme en el suelo, practiqué, pero… IMPOSIBLE! Además, si es que lograba sentarme, ¿cómo diablos me iba a parar sin usar la rodilla?

Me desesperé. Pensé que ya era el momento de tirar la toalla y asumir que el destino no quería que viera a Dave Matthews Band de nuevo. Ahí fue cuando me acordé que acá en Estado Unidos existe un recurso que no tenemos en Chile:

Craiglist, perro.

Craiglist es una página donde la gente sube avisos para vender, comprar, arrendar, intercambiar o regalar cosas. El diseño es entero simple y parece como página antigua (como cuando ucursos era azul o geocities reinaba en la web). La cuestión es que está todo super organizado y la gente realmente lo usa. No hay calificaciones ni reputación ni póngale estrellitas al que le vendió algo. A  diferencia de páginas similares en Chile, no son necesarias. Nadie miente ni engaña. La gente es un poco más respetuosa y además, si llegas a estafar a alguien, el balazo en la frente no te lo saca nadie (bueno, quizás el chanchito inmortal con cabeza antibalas). Y acá se vende/compra de TODO. Desde los muebles para tu casa, hasta entradas para conciertos, pasando incluso por gente que arrienda amigos (sí, true story). Dense una vuelta por craiglist y van a cachar cada cosa (#keepaustinweird). Acá dicen que la gente que usa craiglist es “nice”, pero no necesariamente “normal”. ¿Han cachado la típica historia, tipo Los Simuladores, donde alguien busca gente que se haga pasar por novia/novio y engañar a su familia? Craiglist, perro. ¿No tienes ningún amigo que quiera ver Gilmore Girls contigo? Craiglist, perro. ¿Estás buscando el único tazo que falta en tu colección de Disney Evercrisp? Craiglist, perro. ¿La tipa que estaba bailando contigo salió corriendo desesperada y dejó olvidado un zapatito de cristal? Craiglist, perro. ¿Andas buscando a tu unicornio azul? Craiglist, perro.

La cuestión es que conseguí vender mi entrada (al día siguiente que puse el aviso ya tenía 8 interesad@s) y además compré otra, en la tercera fila de asientos. Ya nada se interponía entre este fanático y su banda favorita. Hasta que llegó el día del concierto, ese 21 de mayo que sé que todos ustedes también estaban esperando junto  a mí. Cuando me estaba parando de mi oficina para ir al evento, con mi polera de Dave Matthews y todo, recibí la noticia que el show se posponía hasta el día siguiente debido al tornado que estaba afectando a Texas. The biggest “cueeeeeeeeek” ever. ¡Otro día más de espera! Esa noche soñé que Austin desaparecía por el tornado y que, al ver que estábamos todos muertos, cancelaban el concierto (si al final a las productoras lo único que les importa es la plata y todavía no se han visto zombies escuchando a Dave Matthews).

(A todo esto, me acordé que hace 3 meses que no arriendo ningún DVD con mi cuenta de Netflix… y sigo pagando! ¿No les parece que Netflix es cruel e inhumano? Deberían preocuparse por mí, ir a mi casa a averiguar si me pasó algo, qué se yo, quizás se me quedó atrapada una pierna entre el lavatorio y la muralla, estilo rescate 911. Esos son otros que sólo piensan en dinero y no en la calidad de vida de sus clientes).

22 de Mayo del 2013, 7:56pm (Texas time), Austin 360 Amphitheater (The Circuit of the Americas). Por fin estoy en mi asiento, esperando a Dave Matthews con mi polera de Dave Matthews (si, que asquito, usé dos días seguidos la misma polera) y acompañado de miles de fanáticos de Dave Matthews. Luego de 2 horas y 40 y tantos minutos de concierto, entro a ese grupo de afortunados seres humanos que han visto a Dave Matthews más de una vez en su vida.

El concierto! (entre todas esas luces está la DMB)

El concierto! (entre todas esas luces está la DMB)

Pensé que no sería tan emocionante como la primera vez**, pero me equivoqué. Es que estos tipos son tan buenos y eligen tan bien las canciones que tocan, que cada concierto es una aventura diferente. Increíble. Valió la pena tanta penuria. Cabe notar que extrañé a la Dani y al Juanito… y, ahora que miro hacia atrás, estoy seguro que cuando vinieron a Chile hubiera tenido infinitos problemas si no hubiera contado con la ayuda de mi gran amigo Hugol, quien hasta me prestó su tarjeta de crédito para comprar las entradas (saludos a Amsterdam!!! y a la Pata!).

Y para terminar sólo quiero agregar algo. La primera canción que les escuché a los chicos de Dave Matthews Band fue “Grey Street” y por suerte la han tocado las dos veces que los he visto en vivo. De hecho recuerdo que, cuando los vi en Santiago, un chico en silla de ruedas se puso al lado mío (yo estaba en primera fila, al lado del pasillo) y me pidió permiso para ponerse delante sólo por esa canción. “Es mi canción favorita” me dijo. No sé si es mi favorita, pero pucha que me gusta. Por algo los comencé a escuchar después de conocerla. Acá les dejo el video (con subtítulos en español). Trata sobre una mujer atrapada en una calle gris. Años después descubriría que Dave la escribió luego de que su hermana mayor muriera asesinada por su propio esposo (esas tragedias de violencia intrafamiliar que aún existe en este mundo). Es media triste, pero es tremendo tema.

Nos vemos lokit@s.

* Igual la canción es entera buena (video en el youtube).

** Acá una breve descripción de la primera vez que vi a Dave Matthews.

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