GRAVITY

Toda persona que alguna vez ha leído mi blog, sabe que estoy completamente rayado por el cine. No es casualidad que varios de mis amigos y familiares consultan conmigo antes de ver una película y, algunos más motivados, incluso después me envían su propio comentario y apreciación de la obra en cuestión (true story). Ya tengo 27 años y han sido centenares de películas las que he disfrutado a más no poder. Son muchas las películas que me han hecho pasar por infinitas emociones, personajes que mantengo en mi memoria por siempre, frases que me gusta citar y escenas que hasta he llegado a soñar con ellas. Pero tengo muy claro cuales han sido “esas” películas que han llevado la experiencia cinematográfica al extremo, aquellas que te dejan estampado en la butaca. No son (necesariamente) las que tienen mejor historia, o las que cuentan con mejores actuaciones, menos las que ganan más premios. Son esas obras maestras que te inmovilizan, esos 120 minutos (aproximadamente) en los cuales todos tus procesos vitales se detienen y, cuando encienden las luces, tienes que aprender a respirar de nuevo.  Y vaya que son pocas, es más o menos una cada diez años. Son verdaderos hitos en la historia de un cinéfilo.

En mi primera década de vida llegó un tal Spielberg, con unos dinosaurios que nunca nadie siquiera se preguntó si eran reales o no (no había espacio para cuestionar los trucos a los que estábamos siendo expuestos) y destruyó mi mundo con una película, emblema de la cultura pop a estas alturas, llamada Jurassic Park. No sólo dio vida a algo que ya la había perdido, sino que también se ayudó de vasos de agua, charcos de lluvia, cucharas y hasta jalea para insertar (de la manera más violenta posible, pero sin que siquiera lo notaras) su ficticia obra maestra en la realidad. No recuerdo cuántas veces vi esa película con mis ermanitohs, pero créanme que fueron varias. Es más, la película aún sigue vigente. Podrá la tecnología avanzar muy rápido (compare los computadores o teléfonos de ahora con los de 1993), pero aún no es capaz de superar la magia de Spielberg.

En mi segunda década de vida, un tipo totalmente desconocido (para mí), de un nombre impronunciable y proveniente de un lugar más raro que Austin (#keepAustinweird), escribió un guión fascinante, agarró la cámara que todos tenían, la puso en ángulos donde nadie la había puesto antes y creó una obra maestra conocida como OldBoy. Revolución en el cine, escenas que generan efectos que algunos buscan y buscarán por años, pero jamás lograrán hacer. Una exquisitez nunca vista, un bocado de algo que no tendrás la oportunidad de probar otra vez, pero de un sabor tan apasionante que creará una nueva necesidad en tu vida: necesidad de OldBoy. Más que una película, una verdadera experiencia de venganza y emoción. Sin duda la gran culpable que este blog (la película se estrenó en Chile 2 meses después de que BATIG saliera a la luz) tenga muchos, pero MUCHOS comentarios sobre cine. Si después, de casi 8 años sigo escribiendo, un poco se lo debo a Park Chan-Wook.

En mi tercera década de vida (aún no termina, pero ya estamos en tierra derecha), el más aventajado de los tres mexicanotes que se han colado en Hollywood desde el inicio de este siglo, Alfonso Cuarón, juntó toda la tecnología y astucia disponibles para crear en el cine la sensación de no gravedad que se vive en el espacio. No sólo lo hace perfecto, si no que también lleva la experiencia a un nivel superlativo, valiéndose de diversos trucos para inmortalizar un relato que, aunque parece simple en una primera instancia, la verdad es que se puede leer a la complejidad que tú quieras (mi mente saltaba continuamente entre diferentes niveles de interpretación posibles). GRAVITY es poesía inmersa en un espacio infinito, un golpe audiovisual difícil de olvidar. Este año el cine ha subido un peldaño más en su interminable historia. Houston, tenemos un poema.

Gravity-sandra-bullock

Me encantaría decir más acerca de esta película, pero no puedo, el spoiler sería inevitable. No dejen que alguien les arruine la oportunidad de disfrutarla. Amé esta película con toda mi alma. Yo creo que por varios minutos la miré con, literalmente, la boca abierta. Menos mal que en el cine está oscuro, ya que seguro hice el ridículo. Y eso que la vi en 35mm (hipsters are hipsters), porque toda esa cuestión del 3D me marea. Aún así, cuando terminó la película, tuve que aprender a caminar de nuevo. Denle su segundo Oscar a Sandra Bullock right now.

Lo que si les puedo contar es que la vi en El Alamo, que es como el cine más bakán de todo Texas. Me resulta gracioso notar que, ya con más de un año acá, esta sea la primera vez que voy. La culpa es de mis amigos que me lo habían descrito como “un cine fancy, donde te sirven comida y hay pocos asientos”.  Me imaginaba que era como los típicos cines premium o vip que han aparecido en Santiago. Pero no, I have never been so wrong. La cuestión es fascinante. Todo cinéfilo del mundo debería pasar por acá. Para empezar, no es que te sirvan comida (oración demasiado simplona para describir el proceso), es que tienen un menú cuatico, lleno de referencias al cine (por ejemplo, la cheeseburger con bacon se llama, obviamente, royale with cheese). La sala es demasiado bonita, los asientos son buenos (no la gran cosa tampoco) y cada fila tiene adelante una mesa gigante donde dejan la comida. Además tienes que ir escribiendo tu pedido en unas hojitas blancas, las cuales debes dejar en una ranura que hay delante de la mesa y así los meseros la pueden ver. Además, si te molesta algún otro asistente (está estrictamente prohibido hablar o tener tu celular encendido), puedes escribir tu queja en las hojitas blancas y la gente de seguridad se encargara de solucionar el problema. Y, por si fuera poco, tienen un bottomless pop corn y bottomless soda, lo que quiere decir es que podis comer cuanta cabrita se te ocurra y tomar coca-cola hasta que no aguantes más (y te pierdas el final de Star Wars: la Amenaza Fantasma), porque, si se te acaba, viene Dumbledore, mueve su varita y te lo rellenan. Vieron? Este cine es el sueño de todo cinéfilo. La comida es un poquito expensive, pero no es tanto tampoco. Además lo vale. Venden tragos, cerveza y vino. Re-estrenan clásicos todas las semanas, tienen ciclos temáticos (por supuesto ahora están con uno de Halloween) y seguro hacen otras mil cosas que aún no cacho porque, como les dije, es primera vez que voy. Creo que he descubierto uno de mis lugares favoritos de la tierra. Tuve que mirar desde el espacio para darme cuenta.

En fin, vengan a Austin a ver una película en el Alamo y, ya que se estrena este mes en Chile/USA, vean GRAVITY. No los dejará indiferentes. Más que mal, es la película que me volvió a hacer escribir sobre cine. Recomendadísima.