Marfa, Texas – He llegado aquí por caminos errados [Parte 6]

Además de que le gustaba que frecuentáramos los cines de Santiago, mi mamá muchas veces me pedía que le “quemara” DVDs para ver todas aquellas películas que no alcanzamos a ver en salas. Recuerdo con tanta nitidez el día que le pasé There Will Be Blood, una de mis películas favoritas de la vida (la cual he comentado reiteradas veces en este blog y que encabezó el ranking del 2008). Un par de días después le escribí por gmail chat- cuyo registro todavía puedo leer en mi cuenta de correo- y le pregunté qué tal le había parecido la película. Me dijo que era “demasiado buena” y se preguntaba “cómo diablos han filmado algo así?”. Yo me quise hacer el chistoso y googlié donde habían filmado la película. El buscador me arrojó un lugar que no tenía idea que existía y que en verdad no me llamó mucho la atención: Marfa, Texas. Le dije: “fácil… es cosa tan simple como poner una cámara en Marfa, Texas“. Ella dijo: “deberíamos ir algún día”. Yo respondí: “igual está como lejos…” y ella me rebatió: “tú eres espectacular, vas a llegar a donde quieras”. Después agregó un “me tengo que ir, te amo” y esas fueron las últimas líneas que le leí. Conversamos después varias veces en persona o por teléfono, pero de todo lo escrito, esas fueron sus últimas palabras.

Siete años después, junto a seis de mis amigos, tomamos dos autos y nos fuimos a golpear las carreteras tejanas en busca de la tierra prometida, la anhelada Marfa. Luego de siete horas de viaje (partimos desde Austin), muchos hits cantados a todo pulmón en nuestro carpool karaoke, varios recuerdos de nuestro primer tomate y centenares de vistas maravillosas, llegamos a Alpine, Texas, a media hora de Marfa. Alpine sería el pueblito que nos acogería la primera noche.

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No podía faltar la selfie antes de sumergirse en la carretera (Photo by Franco Di Biase). Estaba tan ansioso esa mañana que me levanté a las 5am. Con tanto tiempo de sobra me dediqué a preparar desayuno para todos y se los llevé en una bolsita con sus nombres. Tierno, pero parece que traficamos cocaína.

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Así son las carreteras tejanas

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Dos locas en una carretera tejana (Photo by Grace Messarra)

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Todo el grupo en la casa de Alpine, Texas (Photo by Grace Messarra)

Me gustó mucho la casa en que nos quedamos. Era linda, tenía muchos instrumentos musicales a disposición, nuestros vecinos eran caballos y gallinas, la cocina era espectacular (por fin pude usar unas de esas bandejas gigantes que tapan muchos platos de la cocina y me juraba chef de Benihana cocinando pollo y verduras con cara de latino japonés) y teníamos muchísimo espacio pese a ser un numeroso grupo de personas. La magia de airBnB. Alpine era bastante….mmm…pintoresco, como diría un viejito metiche en una tira cómica de Mafalda. Se notaba también que la gente era media conservadora y que estuvimos a punto de ser acribillados por ser latinos (en este grupo el que no es latino igual parece serlo).

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Pintoresco según Mafalda, old argentinian comic strips (¿Será necesario que aclare que no lo dibujé yo y que fue Quino?)

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En la cocina (Photo by Carine Choubassi)

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Tocando guitarra en Alpine

La actividad planificada para nuestra primera noche era ir a ver las estrellas al observatorio McDonald. No tiene nada que ver con al restaurante de fina cocina estadounidense, es sólo un alcance de nombre (creo, igual no he verificado lo que acabo de escribir). Está como a media hora de Marfa, pertenece a la gloriosa Universidad de Texas en Austin, y supuestamente era una visita obligada para toda persona que se dio el trabajo de llegar a Marfa. Desafortunadamente había tanta neblina esa noche que no pudimos ver nada (¿No es la vida más que una serie de desilusiones?) Así que decidimos irnos a las afueras de Marfa a ver las llamadas “Luces de Marfa” (o Marfa Lights). Y acá vale la pena detenerse.

(Léase esta línea como si fuera una pausa)

Marfa es conocida por dos cosas: sus luces y su arte. De su arte hablaremos después. Sus luces, cómo decirlo, son una de las cosas más maravillosas que he experimentado. Imagínense la siguiente situación: desierto total, ese tipo desierto infinito tan ancho como el mundo entero y tan profundo como el horizonte.  Un par de arbustos por ahí, uno que otro cáctus, más de algún matojo rodando debido al viento que te hiela la piel. Son pasadas las doce de la noche, hace un frío que duele. Al comienzo del desierto hay un observatorio, un lugar que no es más que un suelo de cemento con algunos asientos y un par de carteles. Frente a ti, nada más que la nada. Absolutamente nada más. Al principio ves en las montañas de al fondo un par de luces que, para ser sincero, parecen la luz de algún faro o de un aeropuerto. Nada especial. La mitad de nuestro grupo abandonó el lugar decepcionado. La otra mitad nos quedamos. Después de unos minutos empecé a perder la esperanza. Tantos mitos había escuchado sobre las luces de Marfa: que nadie sabía de qué eran, que muchos pensaban que eran extraterrestres (a todo esto, el lugar se parece mucho a lo que uno se imagina es la zona 51), otros decían que eran fantasmas o espíritus de nativos, etc. Cuando ya estaba a punto de abandonar, se me ocurrió moverme a una de las esquinas del observatorio. Ahí fue cuando las vi. Sentí ese escalofrío que uno siente cuando algo que no es normal- algo que no debería estar ahí- aparece en frente de tus ojos. Distintas luces de colores aparecieron y comenzaron a moverse. Más que estrellas o puntos, eran discos o circunferencias. Llamé a mis amigos para que vieran. La sensación de estar viendo algo sobrenatural era general. De repente una de las luces empezó a acercarse rápidamente hacia donde estábamos nosotros. Escuché el pánico en las voces de la pareja de extraños que se encontraba cerca de nosotros. Más que escalofríos, ahora tenía un calor en el cuello que me reconfortaba, me bendecía con la oportunidad de estar viendo algo irrepetible. Muchos dicen que no son más el reflejo de las luces de los autos en una especie de campo magnético que se produce en el desierto. Puede que tengan razón (aunque jamás lo han demostrado). El punto es que da lo mismo. Si alguien descubre después que no eran más que unos mexicanos jugando con espejos y fuegos artificiales en la frontera, estaría igual de maravillado. El efecto visual es hermoso. Es algo que no verás en ningún otro lugar.

El segundo día lo dedicamos a recorrer Marfa. Es un pueblito bien pintoresco, parecido a la imagen que todos aquellos que nunca han venido a Texas deben tener en su cabeza cuando escuchan la palabra “Texas”. Pero también está lleno de estudios de arte, galerías, pequeñas ferias con artesanías y todo está inmerso en una atmósfera de que algo especial está en el aire, algo que no podrás vivir en ningún otro lado. Durante los 70′, Donald Judd, un artista minimalista estadounidense, decidió irse a vivir a Marfa y llenarla de arte. Muchos otros artistas lo siguieron y, al ir pasando las décadas, convirtieron Marfa en el pueblo tan especial que es ahora.

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Marfa, Texas

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Apenas vi este edificio pensé que obviamente era el Capitolio de Marfa y ni me acerqué. Después me acordé que el capitolio de Texas está en Austin y que hay un puro capitolio por estado. Ni idea qué es este edificio.

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Posando en las líneas de tren de Marfa (Photo by Grace Messarra)

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Casi muero en la línea del tren (Photo by Carine Choubassi)

Del arte de Marfa quiero destacar tres cosas. (1) Alguien puso una tienda de Prada en la mitad de la nada. Lo más freak que he visto en mi vida (y eso que vivo en Austin) (2) En la Fundación Chinati, una de las que inició Judd, hay unas esculturas de concreto gigantes al aire libre que son de lo más llamativas. Y (3) las esculturas de aluminio de Donald Judd dentro de uno de los hangares de la Fundación Chinati. Jugando con la luz, el espacio y unos metales, engaña nuestros ojos y nos hace ver cosas que no están ahí. Nuevamente me dieron esa sensación que reina en Marfa, esa  comprensión súbita de que esto no es posible en ningún otro lado y en ningun otro tiempo. Lamentablemente las fotografías dentro de los hangares están prohibidas.

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Tienda Prada en mitad de la nada (Photo by Grace Messarra)

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Un par (de las como 30 que habían) de las esculturas de Donald Judd (Photo by Vanessa Fanelli)

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Foto posera (by Grace Messarra) dentro de una escultura de Judd. De izquierda a derecha: Habibi Adriana (México), habibi Gäelle (Francia), habibi Grace (Líbano), habibi Vanessa (Italia), habibi Franco (Argentina), habibi Carine (Líbano) y habibi yo (Chile).

Al final del dia nos fuimos a Terlingua, Texas. En realidad no había nada interesante que visitar ahí, pero era camino intermedio a la atracción turística más importante de la zona (más detalles en el próximo párrafo). Igual nos llevamos la sorpresa que Terlingua era muy bonito. Además la casa en que nos quedamos era puro lujo. Antes de dormir nos arrancamos a ver el llamado “Pueblo Fantasma” (Ghost Town). No mucho que decir al respecto. No era un pueblo muy entretenido ni tampoco vimos fantasmas. Eran varias casitas encima de unos cerros y en el cerro de al medio algo había pasado (una guerra, los Power Rangers en su robot gigante, Godzilla o qué sé yo) que todo estaba destruido. Igual tomé la mejor foto que he tomado en mi vida. Soy re malo tomando fotos, por eso me dediqué a la pintura.

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Vista desde nuestra casa en Terlingua, Texas

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Ghost Town en Terlingua, Texas (esta la foto que me siento tan orgulloso de haber tomado)

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Dentro de la iglesia de Ghost Town

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Lo que quedaba de una casa en Ghost Town (Photo by Carine Choubassi)

Cuando planeamos ir Marfa alguien sugirió que podíamos pasar al parque nacional que quedaba cerca, Big Bend. Para los que vieron Boyhood, es el parque que los personajes visitan al… spoiler alert… final. Nos pareció buena la sugerencia así que fuimos. El parque era maravilloso. Es de esos lugares gigantescos que necesitas como una semana para conocer entero. Lamentablemente teníamos una pura mañana. Así que decidimos hacer el sendero que significaba menos tiempo (eran como 2 horas caminando), el sendero de la ventana. Me gustó mucho, pero me quedé con las ganas de ir al cañón de Santa Elena, que se ubica justo en el río Grande (o Río Bravo, si lo miras desde el lado de México). Es la excusa para volver.

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Big Bend National Park

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Montañas rocosas en Big Bend

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Yo en las murallas rocosas de Big Bend (Photo by Carine Choubassi)

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La ventana en Big Bend National Park

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La prueba de que llegué a la ventana en Big Bend (Photo by Adriana Solache)

Después de eso ya nos tuvimos que regresar a Austin. Estudios de postgrado en Estados Unidos son la nueva esclavitud y los estudiantes no nos podemos tomar más que un fin de semana libre al año. En fin, disfruté muchísimo este viaje. La pasé bien, vi lindos lugares, mis amigos anduvieron de lo más felices y, por sobre todo, sirvió para demostrarme a mi mismo esas palabras que ahora hacen todo sentido. Para mi las luces de Marfa tienen un origen tan claro.  Si me hubieran visto esa noche en mitad del desierto, hubieran visto como las Marfa lights iluminaban mi sonrisa. Si alguien me hubiera tomado una foto, hubiera capturado el momento exacto en mi vida en que me doy cuenta que puedo llegar hasta donde yo quiero.

PS: Acá les dejo una foto de la única persona que me falta nombrar como fotógrafo.

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Bonita captura de un gran momento (Photo by Gäelle Bouaziz)

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Lo que ya no escuchamos

Todo partió como una simple alergia. No sé a quién se le ocurrió llenar Texas de esos árboles llamados Cedar, pero ese alguien merece la más cruel de las muertes. En estas fechas sube la concentración de polen en el aire y nos hace estornudar a todos. Me sentía sollozando todo el día. Poco a poco me di cuenta que iba perdiendo la audición. Le eché la culpa a la alergía. No sé, en mi mente de simple mortal que siempre escapó de la biología, me imaginé que “algo” se me había inflamado “dentro” y que “tapaba” mis oídos.

Y no me van a creer, pero al principio estuve bien con eso. Lo asumí. Siempre he tenido esa maldita costumbre de aceptar la adversidad. Si alguien me dijera “lo siento señor pero su brazo derecho no va a funcionar más” yo claro que lo miraría con pena, pero a los 5 minutos ya hubiera replanificado mi vida sin un brazo. Life is hard. We all know. Pensé que ya se me iba a pasar y que por mientras iba a escuchar menos. Pero llegó un día en que salí a comer con unos amigos y no escuché nada de lo que me dijeron en toda la conversación que tuvimos en la mesa. Dije- angustiado por participar en el diálogo y no quedar de antipático- algunas palabras que no tenían sentido alguno (lo cual demuestra que siempre hablo puras pelotudeces pues nadie notó que algo raro pasaba). Camino a mi casa lo pensé: “tengo que ir al médico”.

Al otro día estaba frente a la doctora y ella me explicaba y me explicaba lo que yo tenía. Pero yo no pude escucharla. Estaba sordo. Me dediqué a asentir con la cabeza, deseando que todo pasara rápido. Me entregó una receta para comprar un remedio y me fui. Pasé por la farmacia, compré el famosillo remedio por módicos 10 dolares, me tomé una pastilla y fui a dormir a la casa. Al día siguiente desperté y… bueno… pasó algo que jamás imaginé podría pasar.

Escuchaba todo. TODO. Podía escuchar los pasos de los perros caminando en el patio de atrás. Me senté a tomar desayuno y escuchaba la comida bajar hasta mi estómago. Movía una pierna y podía escuchar cada hueso reacomodándose. Tuve que ducharme en un minuto porque el ruido del agua golpeando el piso era atronador. Salí a la calle y cada hilo de hierba en el pasto crujía al compás del viento. Supe enseguida, pues la fricción del movimiento de sus alas los delató, la ubicación de cada pájaro en cada árbol de cada casa de la cuadra. Tomé el bus a la universidad y tuve que cubrir mis oídos de la selva de ruidos que son las calles de Austin. No podía tipear en mi telefono porque me molestaba el sonido del pulgar tocando la pantalla. Ni pensar hablar con alguien. Why are y’all so loud?!?!?! Creí que me volvería loco. Esa noche me costó mucho dormir pues escuchaba pasos y susurros en el pasillo (será que los fantasmas hablan bajito para que sólo personas con oído ultra sensible los escuchen? ah?).

Han pasado ya un par de días de aquella experiencia y aún escucho esos sonidos (o ruidos), pero poco a poco he logrado apartarlos de mi mente. Quizás es así como funciona. Quizás todos escuchamos así al principio y nuestro cerebro aprende qué es lo que debemos retener y qué es lo que no. Quizás pasa lo mismo con la vista. Puede que ahora no le prestemos la atención a todo lo que vemos, que de alguna manera nuestro cerebro sólo captura lo esencial. Es así como vemos a todas las personas en una multitud iguales, como ya no vemos los defectos en los rostros de nuestros amigos, como preferimos no ver el sufrimiento de otros, como nos enfocamos sólo en lo que queremos ver. También debe pasar lo mismo con el corazón. Hay cosas que ya aprendimos a no sentir. Miras el noticiero y ya no te sorprende tanto. Tu madre te servía la comida todos los días y ya no tenías por qué agradecer. Querías mucho a esa persona, pero ya no te nacía decirselo. Quizás lo mismo pasa con la memoria. Hay cosas que ya no es necesario recordar.

Cuando era niño, yo pensaba que todos veníamos de un mismo lugar. Un lugar en el que esperábamos nuestro momento de nacer. Incluso a esa corta edad podía recordarlo y en mi mente podía ver ese lugar. No es que renacemos o nos reencarnamos, es que simplemente existimos siempre. Antes y después.

Una vez se lo comenté de pasada a mi mamá, de pura casualidad (porque para mí era tan obvio que no era tema, todos lo sabíamos). Y ella, como era de esperarse, se asustó mucho. Después de ese día comencé a olvidar. Un par de años y ya no recordaba nada. Me tiraba en el pasto mirando al cielo, obligando a mi memoria a recordar ese lugar, pero todo esfuerzo fue en vano. Yo, al igual que todos los niños (unos más tarde que otros), olvidé.

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Después de un año en silencio, he vuelto a escribir en mi blog. Manténganse atentos. Disculpen la ausencia de tildes.

El mundial y USA (destruyendo el mito)

Cuando llegué a Estados Unidos venía con muchos prejuicios, quizás demasiados. Tenía esa imagen de estar entrando a la capital del Imperio capitalista y que la gente era media tonta y  me iban a discriminar como si fuera un monito. Sin embargo no es nada así. Es cierto, sigue siendo la capital del imperio (pero para mi sorpresa Chile es más capitalista que Estados Unidos), siguen teniendo una política internacional que se escapa de cualquier comprensión humana, hay un par de personas tontas (como en todos lados) y yo parezco monito. Sin embargo, USA ha sido un país que me ha acogido con cariño y al cual le estoy muy agradecido. Sus políticos les cuentan mentiras, igual como nos cuentan a nosotros nuestros políticos, y justifican todo con esta idea del American dream, pero el ciudadano norteamericano, en general, es una persona justa, honrada, amistosa y buena onda.  Lentamente me he puesto medio gringo/mexicano. Ya no siento que la comida sea picante, me gusta mucho el desayuno, aprendí cómo se jugaba el football y hasta he cantado el himno.

(Me obligaron a aprenderlo en el colegio y cuando uno es niño mateo hace cualquier cosa por una nota)

(Aparte la canción tiene una bonita subida que me queda cómoda y aprovecho de lucir mi calidad vocal)

(Y la letra es bonita… y sería preciosa si fuera verdad)

(Igual hay que decir que yo encuentro espectaculares letras hasta en las canciones más ridículas…)

(“Planta una semilla, planta una flor, planta una rosa / Puedes plantar cualquiera de esas / Cuídalas / Cuídalas hasta ver cuál es la que crece / Es un secreto que nadie conoce / Es un secreto que nadie conoce / Mmmmbop / ba duba dop” )

(Es broma. No he cantado el himno jajaja. Quería puro verles sus caras. Me da pudor el sólo hecho de sabérmelo, ni me imagino cantándolo)

(Pero es verdad que me lo sé por culpa del profe de inglés del colegio)

(Y que tiene la subida bonita)

El mito más grande que he derribado en estas tierras es esa idea de que a los gringos no ven el mundial. Bueno, voy a ser muy sincero. Los gringos no están ni ahí con el futbol… pero están locos por el mundial. Antes del mundial todos se burlaban cuando les comentaba que yo jugaba futbol todos los sábados en la mañana y que mi fanatismo era tal que incluso tenía un equipo en el campeonato de la universidad. En Estados Unidos el futbol es un deporte de niñitas. Los niñitos juegan football y las niñitas soccer. Así de simple. Más de algún gringo me tiró la talla “ah buena… mi polola también juega eso” o “el equipo de mi hermanita chica está buscando rivales…” mientras ellos se vanagloriaban de disfrutar ese deporte tan rudo de pantalones apretados y hombreras a lo locomia. Como todo católico que se precie de tal, yo daba la otra mejilla y me aguantaba las bromas.

(Mentira. Los leseaba con que deberían cambiarle el nombre porque no es ni pelota, es un huevo, y además no se juega con el pie, se juega básicamente con la mano)

(Aparte ni soy católico)

Sobreviví casi dos años jugando y disfrutando mi futbol en este ambiente, en un principio, hostil. Entre medio conocí un par de gringos que seguían a su selección en las eliminatorias y por supuesto, infinitas personas de otros países que se enloquecían con el futbol igual que cualquier chileno (excepto el Jopi). Hay que decirlo, USA es el único país que no goza del futbol. Y sí, es cierto también, conocí a muchas gringas que jugaban a la pelota con una clase y talento que yo jamás podré igualar (y la mayoría de los amigos peloteros que tengo en Chile tampoco). Hasta me tocó jugar contra equipos de hombres que incluían un par de mujeres (totalmente permitido, incluso en los campeonatos).

La cosa es que llegó el mundial y los gringos enloquecieron (ver acá). Se llenaron de comerciales de futbol, la gente se apelotonó en los bares a la hora de los partidos, en mi departamento (el de ingeniería civil) habilitaron una sala con butacas (sí, leyó bien, butacas, na’ que sillas mulas) y pantalla HD que muestra todos, absolutamente todos, los partidos. Y no sólo eso, como que un día para otro todos los gringos se saben las canciones de su hinchada, saltan, gritan y proponen futbol como el tema ideal para conversar en el almuerzo. Todo el mundo me envía textos o mensajes cuando Chile gana (muy seguido), felicitándome y deseándome suerte. Mi Facebook está lleno de invitaciones a fiestas para ver el mundial. La emoción se siente en al aire cada día, y los alumnos ponen en streaming hasta el juego más inaudito (como los tres gringos que están ahora mismo disfrutando del Japón-Grecia mientras yo trabajo en el laboratorio de computación). Incluso mis compañeros más outsiders me preguntan cosas como “¿Es realmente Neymar un fraude?”, “¿Debió Klinsmann incluir a Donovan en su lista de 23?”, “¿Christianou or Messy?”, “¿Crees que USA tiene posibilidades de ganar el mundial?” (true story… una amiga me preguntó eso último, pero cuando vio mi cara de “really? En serio me estai preguntando eso?” se puso roja y dijo: “ya.. si sé que es difícil, pero uno siempre tiene la ilusión…”).

Uno.

Siempre.

Tiene.

La.

Ilusión.

Y acá mi análisis ya no tiene casi ni techo ni órbita que lo cobije. Los gringos no sólo aman el mundial, sino que sueñan con ganarlo algún día. Así tal cual. Igual que los chilenos, que siempre hemos tenido ese sueño. Y no sé, como que ahora uno se la cree. Porque esta selección está llena de jugadores que se creen el cuento. No es como en el 98 donde el discurso era que enfrentarse a Italia eran “palabras mayores” o en el 2010 con un Bielsa que dejó de atacar cuando se vio clasificado. Acá no se hace la diferencia con nadie. Se planteó un objetivo muy simple: juguemos con la mayor intensidad posible. Y eso están haciendo Vidal, Alexis y compañía (por cierto, Vidal y Alexis son los únicos jugadores chilenos conocidos internacionalmente, según mi humilde perspectiva luego de conversarlo con fanáticos de diversas culturas y procedencia).

Portadas de los periódicos gringos luego de la victoria de su equipo (fuente: @ussoccer )

Portadas de los periódicos gringos luego de la victoria de su equipo (fuente: @ussoccer )

Chile 3 – Australia 1

Ayer, mientras veía a Chile derrotar al campeón del mundo inapelablemente y con un coraje que jamás había visto, sólo tenía una cosa en la cabeza. Les va a sonar raro, lo sé, pero ya llevo como 8 años auto-humillándome en este blog contando las leseras que se me ocurren y una lesera más o una lesera menos, da lo mismo.  No podía sacarme de la cabeza el video de “el Tarro”. El video es más que una tonta caida. Es una imagen perfecta de lo que es la vida (y el futbol). Es el caminar de un hombre frente a la adversidad y el retrato de sus amigos incitándolo a sobrepasar cualquier obstáculo, incluso esos que ningún hombre podría lograr derrotar (a menos que fuera en una moto). ¿No es eso acaso el camino que todos seguimos? ¿No es nuestra vida más que una serie de saltos en bicicleta? ¿No son nuestros amigos los que nos apoyan desde el lado? Y, cuando ya creemos que no existe desafío que nos detenga, zas! nos caemos a tierra subitamente. Nuestra cara se llena de tierra y esa tierra solo se limpia con el arrastrar de nuestras lagrimas. Todo iba bien. Todo era superable. Un neumático, dos neumaticos, una plumabit, una bicicleta. Tarro lo supera todo. Pero si se fijan, si le ponen verdadera atención, en el último salto una de las ruedas golpea brutalmente el último obstaculo: un tarro. Una alegoria de que el maximo obstáculo que nos separa de nuestras metas somos nosotros mismos.

No he visto el video ni una, ni dos, ni tres veces. Lo he visto decenas de veces. Si hasta de repente me da por pausarlo y observar con tiempo lo que el dinamismo de la historia me oculta a simple vista. No se alcanza a apreciar en el video, pero no es difícil imaginar el semblante de Tarro los segundos antes de cada salto. Cabeza erguida, mirada fija, labios deshidratados y ese brillo en los ojos que, si pudiéramos hacerle un zoom, veriamos el destino de Tarro reflejado. Un hombre ante su destino. No es una hazaña titánica imaginarse qué es lo que está pasando por la cabeza de Tarro en esos momentos. ¿Lo lograré? ¿Es este mi momento? ¿Es mi naturaleza la que me lleva a esto? ¿Trascenderé? Quizás hasta se imaginó tirado en el suelo tragándose las lágrimas de su propio auto-inflingido fracaso. O, cabe la posibilidad también, puede que hasta se imaginó volando por los aires, para caer limpiamente del otro lado, donde una multitud enloquecida lo esperaba para bañarlo en gloria. Quizás hasta dejó jugar esa idea por un buen tiempo en su cabeza. Se imaginó siendo el campeón mundial de salto en bicicleta, la pelicula que harian con su historia y, quien sabe, hasta el gol que metería en la final del mundial. Ya lo dijo Neruda en su crepusculario: “Quiero saltar al agua para caer al cielo”. Aún así, la gloria de Tarro no estuvo en el éxito. Lo que lo hizo inmortalmente famoso es el hecho de no haberlo logrado. Millones de reproducciones en Youtube son fruto de la humillación, de esa maldita costumbre chilena de reirse del que ha fracasado. Pero este Tarro, ese Tarrito querido, ese niño chileno de las profundidades del campo, estoico emblema de una latinoamerica herida, recuerdo fugaz de esa infancia que muchos chilenos creíamos olvidada, sangre expuesta que nos hierve la nuestra, artífice de un dolor del que mucho se ha escrito pero nadie ha sabido expresar como él. Ese Tarro tiene las mismas ganas que esa selección chilena. Sin embargo, este equipo está convencido que no se tropezará consigo mismo. Veamos y disfrutemos con lo que se viene. Si no ganamos, a mi me basta con que hayamos querido ganar.

Chile 2 - España 0

Chile 2 – España 0

GRAVITY

Toda persona que alguna vez ha leído mi blog, sabe que estoy completamente rayado por el cine. No es casualidad que varios de mis amigos y familiares consultan conmigo antes de ver una película y, algunos más motivados, incluso después me envían su propio comentario y apreciación de la obra en cuestión (true story). Ya tengo 27 años y han sido centenares de películas las que he disfrutado a más no poder. Son muchas las películas que me han hecho pasar por infinitas emociones, personajes que mantengo en mi memoria por siempre, frases que me gusta citar y escenas que hasta he llegado a soñar con ellas. Pero tengo muy claro cuales han sido “esas” películas que han llevado la experiencia cinematográfica al extremo, aquellas que te dejan estampado en la butaca. No son (necesariamente) las que tienen mejor historia, o las que cuentan con mejores actuaciones, menos las que ganan más premios. Son esas obras maestras que te inmovilizan, esos 120 minutos (aproximadamente) en los cuales todos tus procesos vitales se detienen y, cuando encienden las luces, tienes que aprender a respirar de nuevo.  Y vaya que son pocas, es más o menos una cada diez años. Son verdaderos hitos en la historia de un cinéfilo.

En mi primera década de vida llegó un tal Spielberg, con unos dinosaurios que nunca nadie siquiera se preguntó si eran reales o no (no había espacio para cuestionar los trucos a los que estábamos siendo expuestos) y destruyó mi mundo con una película, emblema de la cultura pop a estas alturas, llamada Jurassic Park. No sólo dio vida a algo que ya la había perdido, sino que también se ayudó de vasos de agua, charcos de lluvia, cucharas y hasta jalea para insertar (de la manera más violenta posible, pero sin que siquiera lo notaras) su ficticia obra maestra en la realidad. No recuerdo cuántas veces vi esa película con mis ermanitohs, pero créanme que fueron varias. Es más, la película aún sigue vigente. Podrá la tecnología avanzar muy rápido (compare los computadores o teléfonos de ahora con los de 1993), pero aún no es capaz de superar la magia de Spielberg.

En mi segunda década de vida, un tipo totalmente desconocido (para mí), de un nombre impronunciable y proveniente de un lugar más raro que Austin (#keepAustinweird), escribió un guión fascinante, agarró la cámara que todos tenían, la puso en ángulos donde nadie la había puesto antes y creó una obra maestra conocida como OldBoy. Revolución en el cine, escenas que generan efectos que algunos buscan y buscarán por años, pero jamás lograrán hacer. Una exquisitez nunca vista, un bocado de algo que no tendrás la oportunidad de probar otra vez, pero de un sabor tan apasionante que creará una nueva necesidad en tu vida: necesidad de OldBoy. Más que una película, una verdadera experiencia de venganza y emoción. Sin duda la gran culpable que este blog (la película se estrenó en Chile 2 meses después de que BATIG saliera a la luz) tenga muchos, pero MUCHOS comentarios sobre cine. Si después, de casi 8 años sigo escribiendo, un poco se lo debo a Park Chan-Wook.

En mi tercera década de vida (aún no termina, pero ya estamos en tierra derecha), el más aventajado de los tres mexicanotes que se han colado en Hollywood desde el inicio de este siglo, Alfonso Cuarón, juntó toda la tecnología y astucia disponibles para crear en el cine la sensación de no gravedad que se vive en el espacio. No sólo lo hace perfecto, si no que también lleva la experiencia a un nivel superlativo, valiéndose de diversos trucos para inmortalizar un relato que, aunque parece simple en una primera instancia, la verdad es que se puede leer a la complejidad que tú quieras (mi mente saltaba continuamente entre diferentes niveles de interpretación posibles). GRAVITY es poesía inmersa en un espacio infinito, un golpe audiovisual difícil de olvidar. Este año el cine ha subido un peldaño más en su interminable historia. Houston, tenemos un poema.

Gravity-sandra-bullock

Me encantaría decir más acerca de esta película, pero no puedo, el spoiler sería inevitable. No dejen que alguien les arruine la oportunidad de disfrutarla. Amé esta película con toda mi alma. Yo creo que por varios minutos la miré con, literalmente, la boca abierta. Menos mal que en el cine está oscuro, ya que seguro hice el ridículo. Y eso que la vi en 35mm (hipsters are hipsters), porque toda esa cuestión del 3D me marea. Aún así, cuando terminó la película, tuve que aprender a caminar de nuevo. Denle su segundo Oscar a Sandra Bullock right now.

Lo que si les puedo contar es que la vi en El Alamo, que es como el cine más bakán de todo Texas. Me resulta gracioso notar que, ya con más de un año acá, esta sea la primera vez que voy. La culpa es de mis amigos que me lo habían descrito como “un cine fancy, donde te sirven comida y hay pocos asientos”.  Me imaginaba que era como los típicos cines premium o vip que han aparecido en Santiago. Pero no, I have never been so wrong. La cuestión es fascinante. Todo cinéfilo del mundo debería pasar por acá. Para empezar, no es que te sirvan comida (oración demasiado simplona para describir el proceso), es que tienen un menú cuatico, lleno de referencias al cine (por ejemplo, la cheeseburger con bacon se llama, obviamente, royale with cheese). La sala es demasiado bonita, los asientos son buenos (no la gran cosa tampoco) y cada fila tiene adelante una mesa gigante donde dejan la comida. Además tienes que ir escribiendo tu pedido en unas hojitas blancas, las cuales debes dejar en una ranura que hay delante de la mesa y así los meseros la pueden ver. Además, si te molesta algún otro asistente (está estrictamente prohibido hablar o tener tu celular encendido), puedes escribir tu queja en las hojitas blancas y la gente de seguridad se encargara de solucionar el problema. Y, por si fuera poco, tienen un bottomless pop corn y bottomless soda, lo que quiere decir es que podis comer cuanta cabrita se te ocurra y tomar coca-cola hasta que no aguantes más (y te pierdas el final de Star Wars: la Amenaza Fantasma), porque, si se te acaba, viene Dumbledore, mueve su varita y te lo rellenan. Vieron? Este cine es el sueño de todo cinéfilo. La comida es un poquito expensive, pero no es tanto tampoco. Además lo vale. Venden tragos, cerveza y vino. Re-estrenan clásicos todas las semanas, tienen ciclos temáticos (por supuesto ahora están con uno de Halloween) y seguro hacen otras mil cosas que aún no cacho porque, como les dije, es primera vez que voy. Creo que he descubierto uno de mis lugares favoritos de la tierra. Tuve que mirar desde el espacio para darme cuenta.

En fin, vengan a Austin a ver una película en el Alamo y, ya que se estrena este mes en Chile/USA, vean GRAVITY. No los dejará indiferentes. Más que mal, es la película que me volvió a hacer escribir sobre cine. Recomendadísima.

He llegado aquí por caminos errados [parte 4]

Hoy cumplo un año en Austin. Me impresiona hasta escribirlo. Así que digámoslo más impactante aún. Hace exactamente un año dejé mi querida Estación Central para llegar a lo más profundo del corazón de Texas, donde las estrellas son más grandes y brillan. Desde que pisé suelo texano me propuse un experimento: escribiría al menos una frase al día, destacando algo que me llamara la atención y, luego de un año, publicar un post en mi blog con todo lo recopilado. Hoy miro esas frases y no quiero publicarlas. Sebastián del pasado… te he traicionado. Quizás en un futuro el mundo esté preparado como para absorber la sabiduría que emana de esas frases. Por ahora sólo me remitiré a escribir un post ultra desordenado con muchas cosas que había olvidado decir y que creo ahora son muy importantes. Si me tiene paciencia le va a gustar.

Acá vamos.

El espíritu de este post es mostrar lo mejor que he encontrado en Austin: amigos. Sé que siempre he tenido mil amigos, pero bueno.. ahora tengo dos mil. Ninguno va a reemplazar a ninguno (salvo una excepción, que ya conocerán), se los dejó claro para que no se sientan (aparte al final igual voy a terminar con un párrafo para mis amigos chilenos y así se  crean queridos igual). Uno al que le debía hace mucho una aparición estelar en mi blog es a un gran amigo de la india: Ayush.  Ayush es terrible tela y siempre andamos dando jugo por ahí. No es mi único amigo indio, tengo varios más. Y todos ellos han intentado involucrarme con su cultura (creo que la gran gracia de Estados Unidos es que uno conoce a mucha gente muy distinta). Hasta partidos de cricket he visto! No caché nada! jajajaja Y ni me atreví a preguntar por miedo a parecer la típica mina que ve un partido de futbol y pregunta leseras (como cuando fuimos al nacional con mi hermana y se asombró porque estaba permitido que los jugadores levantaran la pelota del suelo). También somos clientes frecuentes de un restaurant indio que es terrible pro (amo la comida india) y que tiene una mesera igual a Jennifer Lawrence.

Ayush posando a la cámara mientras "estudia" con Pedro

Ayush posando a la cámara mientras “estudia” con Pedro. Esta foto la saqué del fcbk de Luis.

Pero la cuestión más bkn que he aprendido de los indios es el gusto por el cine indio (que allá se llama “cine” no más), el tan misterioso Bollywood. Y, pucha, qué puedo decir… estoy fascinado! Es como si de un día para otro hubiera descubierto que existía un mundo paralelo con millones de obras maestras y clásicos. Un cine que yo no estaba viendo y que me había estado esperando toda la vida. Al final no es tan distinto a occidente, son casi los mismos temas, pero obviamente con diferencias culturales notables. Igual tiene una estética especial, les encanta ponerse a cantar y bailar en medio de las escenas, cuando muestran a la niña bonita casualmente pasa un viento que le mueve el pelo a lo comercial de pantene y ocurren caleta de cosas mágicas (que nunca pasarían en la vida real) como que al protagonista justo le toca ser compañero de asiento en un vuelo con la chica linda que estuvo mirando toda la fiesta. Por supuesto que hay películas más serias y dramáticas, pero la esencia del cine es la emocionalidad (no sé si existe esta palabra) y la fantasía. Aparte los personajes son fabulosos y la trama es para reír, llorar y maravillarse en cada momento. Les juro que me he devorado cada una de esas películas con tanto gusto que me llega a dar penita no haberlas conocido antes. Les quedo debiendo un post (con la ayuda de mi amigazo Ayush) recomendando algunas películas en específico. Primero debo ver más.

Otra cosa que me gustaría hablarles es sobre esta foto:

Esta foto la saqué del fcbk de Rachel

Esta foto la saqué del fcbk de Rachel

La pareja que está a la derecha son Pedro y Magdalena. Son lo más genial que he conocido en Austin. Aparte de ser buenos amigos y reírnos mucho haciendo tonteras, son super preocupados por mí. Me alimentan cuando tengo hambre, me abrigan cuando tengo frío, me sacan a pasear cuando estoy aburrido, me dejan ver películas en su casa y me acompañan en cada lesera que se me ocurre hacer. Son lo más (they are the more). La pareja que está a la izquierda de la imagen son Adrian y Rachel, también increíbles amigos. Estoy demasiado feliz de haber conocido a esos cuatro. Con la frase que escribí recién ya me puedo devolver tranquilo a Chile. No me importa que me echen en los quals de fin de mes (tengo mis pruebas de calificación del doctorado jejeje). Adrian y Rachel se casaron en Tampa (Florida) hace poquito y su matrimonio fue genial! Gran experiencia que recordaré siempre. Si algo aprendí es que, aunque no me quiero casar, si me viera obligado a hacerlo sería en una playa.

#rachelisgettingmarried #adrianisnervous

#rachelisgettingmarried #adrianisnervous

Estuve en Tampa como 48 horas. No tuve más tiempo. En general todos esos viajes que he inmortalizado en mi blog los hago durante un fin de semana. Por qué? Porque NO TENGO VACACIONES! (salvo entre Navidad y Año Nuevo). Eso. Por favor no me lo pregunten más. Todos los días alguien me pregunta cuando estoy de vacaciones.. y es como pena máxima interestelar. jajaja. Lo peor fue cuando dije: “no, no tengo” y alguien me respondió: “ah… oka.. entonces qué estai haciendo ahora?” Emmmm. Trabajar? En el vuelo de vuelta (Tampa – Atlanta – Austin) me saqué los zapatos para pasar por seguridad y dejé al descubierto que tengo marcadas las chalas por el sol (sí.. es super freak.. fue el resultado de andar con chalas por el tercer mundo, sin ozono, durante un verano caluroso). La niña que estaba inspeccionando me miró y me dijo: “me gusta el bronceado de tus pies”. Yo la quedé mirando con cara de me-estaí-leseando-cierto-? y agregó: “creo que es sexy”. jajaja. Uno de los momentos más weird ever. Cómo se burla la little people de mí =(

Acá en Austin también me di cuenta que la “gente que se va” es entera pesada. Ahora entiendo cuánto les debe haber molestado mi partida en Chile. Una vez soñé que había sido al revés: que yo me quedé y que todo el resto se fue… y los odié! los odié a todos! Me tocó despedir a mi genialisíssima amiga Baba y ha sido una pérdida irrecuperable en el alma (vino desde Italia de intercambio a Austin sólo por 6 meses). Creo que también merece con creces inmortalizarse en mi blog. Una vez me dijo que lo leía, pero temo que los traductores online no se la pueden con mi español desordenado lleno de puntos suspensivos innecesarios (cuek).

happy

Felicidad extrema ❤

Esto fue cuando cantamos Bohemian Rhapsody en un karaoke con todo el estilo de Freddy Mercury.

Esto fue cuando cantamos Bohemian Rhapsody en un karaoke con todo el estilo de Freddy Mercury. Sólo el estilo sí, nos faltó harta calidad vocal (pero siempre lo recordaremos como un momento en que brillamos, en que demostramos al mundo lo rock star que somos).

Debo decir que me tocó despedir a otros dos grandes amigos también, el tío Felipe y el tío Hector, con los que jugaba a la pelota y teníamos (junto a Seba S.) una especie de Tolerancia 0 versión Austin mientras almorzábamos. En general la gente que he conocido jugando fútbol es genial. Relacionado con eso, mi advisor una vez me preguntó si era feliz, pero fue super chistoso por la forma en que lo dijo: “Sebastian, are you happy? are you playing soccer?” Es que por supuesto yo soy el típico niñito latino que creció en las favelas jugando a la pelota sin zapatos en la calle (luciendo mi bronceado sexy) y mi felicidad está clara y directamente correlacionada con la cantidad de goles que anoto cada semana. Obvio. Héctor terminó su phd y se fue. Felipe ya tenía un phd, así que se fue sin ningún título nuevo, pero hizo hartos goles. Seba S. sigue acá con todo el power (pero igual es fome Tolerancia 0 con sólo dos panelistas xD).

Tío Hector titulándose. El tío Felipe está al fondo, a mi derecha (supongo qué saben cuál soy yo). Esta foto la saqué del fcbk de Hector.

Tío Hector titulándose. El tío Felipe está al fondo, a mi derecha (supongo qué saben cuál soy yo). Esta foto la saqué del fcbk de Hector.

En un futuro cercano le dedicaré un post a La Roja de Austin. Ese es otro tema aparte. Cuando seamos capaces de lucir la copa estarán acá, se los prometo muchachos. Yo no me devuelvo a Chile tranquilo sin haber sido campeón (tratar de arreglar esto porque se contradice con un párrafo anterior). Los Longhorns latinomaericanos también la llevan. Conquistamos USA desde diversos países. Los cuatro de transporte somos Chepe (ya he hablado de él en post anteriores), Sergio (él tiene un humor que me recuerda mucho a mi querido amigo VZ, casi que lo reemplaza), Porras (el tico más tico del mundo) y yo (el chileno que no toma vino y que, según el resto, deberían quitarle la nacionalidad por eso). Además de los chilenos, el otro Longhorn latinoamericano que es amigazo es el mexicano Luis (aunque a él no le gustaría que le llamara Longhorn, porque viene de Texas A & M, la escuela rival).

Esta foto la saqué del fcbk de Sergio (colombianoo)

Ahí estamos Juan (Chile), Chepe (Argentina), Yo (Chile), Pedro (Chile), Sergio (Colombia) y Porras (continente tico).  Falta Luis, pero ya haré que aparezca en una próxima entrada. Esta foto la saqué del fcbk de Sergio.

Como ven, he pasado gratos momentos en Austin. Claro que también no han faltado los momentos duros. Una vez me sentí muy muy muy humillado. Según yo había muerto la licencia de un programa en mi compu (acá no se piratea) y le fui a decir a la secre para que me ayudara  a renovarla. Ella me dijo que era raro, que quizás podía intentar con “apagar el pc y volverlo a encender”. Yo quedé super cueeeck… así como que me había tratado de imbécil y me dio la respuesta que todo el mundo da a los que no cachan nada de computación. Me fui a mi oficina muy enojado. Apagué el computador, lo encendí… y el programa funcionó! Les juro que estaba tan humillado que no salí de mi oficina hasta que se hizo oscuro, no quería que nadie me preguntara nada. Eso me recuerda también la “capacitación online” que tienes que pasar para poder trabajar para la Universidad de Texas (at Austin). Son como cuestionarios o cosas que tienes que ir llenando en unos websites. Hay uno, por ejemplo, de abuso sexual. Ahí tienes que prometer que no vas a violar a tus compañeras o profesoras. Cuando lo llenaba me reí caleta y pensé “esto es para los musulmanes…para que aprendan que acá se respeta a las mujeres”. El siguiente tutorial era sobre lo que podíamos hacer o no en internet. Decía claramente que no podía bajar películas ni descargar música y que tenía que usar Netflix y no Cuevana. Altiro me imaginé a un musulmán diciendo: “esto es para los latinos… para que aprendan que acá se respetan los derechos de autor”.

Extraño infinito a la gente de Chile. Hasta mis sueños cambiaron. Antes aspiraba alto. Por ejemplo, mi gran sueño de la vida era tener una casa gigantezca, con una sala de cine, un taca-taca pro para jugar con mis amigos, un patio enorme con 25 perros, etc. Ahora lo único que me basta es ver a mis familiares y amigos de vez en cuando. En serio. Ya no quiero nada más. También he estado terrible enloquecido al despertar. Como que sueño cosas y no distingo si pasaron o no. Mi imaginación es demasiado poderosa. Una vez soñé una conversación con la Majo y al día siguiente miré mi celular y me di cuenta que nunca había pasado. Freak. Después soñé que recibía unos mails respecto a un proyecto y trabajé toda la mañana en función de estos mails. A la tarde me di cuenta que esos mails nunca habían llegado. Terrible. Qué pasa si alguna vez sueño que recibí mails y los borré? Cómo voy a distinguir qué es real y qué no? Estoy pensando seriamente en conseguirme el trompo que usaba Di Caprio en Inception. No kidding. Apenas sepa cómo se dice trompo en inglés me lo compro.

PD: Sí, mis fotos son terrible malas. Pero algún talento me tenía que faltar pos, ni que fuera perfecto. Deberían regalarme de esas cámaras que sacan fotos solas y que uno siempre sale bien.

PPD: Ya. para que no se queden con tanta duda.. una de las cosas que he anotado son las frases que la gente (de distintas nacionalidades y colores) me dice cuando se entera que soy chileno. Una muestra (traduje las que fueron en inglés):

Chileno? Cómo Nico Massú?

Chileno? Cómo Pinochet?

Chileno? Cómo Machos? (sí… la chiquilla había visto Machos entera xD)

Chileno? Conoces a Salas y Zamorano?

Chileno? Cómo el chile? (el ají)

Chileno? Michelle Bachelet?

Chileno? Vamos a la playa… oh oh oh oh” (léase cantando).

Chileno? Cómo el terremoto? (yo pensé que me hablaba del trago… e hice el loco brígidamente).

PPPD: El otro día descubrí que hay una canción que me transporta más de una década atrás con una facilidad increíble. Es ésta:

Igual la tuve de despertador varios años de mi vida jajaa eso puede influir, pero como que me generé un reflejo condicionado de nostalgia cada vez que la escucho.

PPPPD: Ya no hacen series como Everwood. Por eso uno tiene que ver puras comedias no más.

PPPPPD: Otra frase que anoté: “Hoy puedo agregar a mi curriculum que le he ganado en algo a un chino alguna vez” (me entregaron una tarea y el chino que estaba a mi lado tenía menos nota) #meacuerdodelchino #ríechinito

PPPPPPD: Me faltó presentar a una gran amiga: La Cucaracha.

La cucarachaaa de noshe afuera de Easy-J

La cucarachaaa de noshe afuera de Easy-J

Es mi nueva bici. Ustedes saben que mi poder especial de la vida es dar pena, así que ya me han regalado dos bicicletas acá en Austin. La primera fue de Chepe, se lo agradezco montones. Está es más nuevita y la heredé de Baba. Ahora uso las dos (no al mismo tiempo sí), pero esta última es más manejable.

Tatuaje

A veces llego a casa con un regalo
y no puedo entrar, tienes cerrado.
Golpeo, abres, tienes el rosto manchado.
En mi propio hogar soy un invitado.

Tomo lo que traje y lo dejo
en el lugar que nunca me acuerdo.
Te cuento que estuve enfermo,
confieso que casi quedo sin aliento.

Otras veces simplemente me gana la pena
y me quedo horas bajo la puerta de madera.
Sé que ya no es tu problema,
pero no niegues que nos une una estrella.

¿Tienes conciencia de lo qué hiciste?
¿Es acaso la tinta en tus manos invisible?
Por tí me sentí indestructible,
hasta que tú- bella paradoja- me venciste.

Debería darme vergüenza,
si al final yo fui el que tiró la cuerda,
el que ahora intenta y le cuesta,
el que te encontró, sin querer, en una taberna.

No te preocupes, no te voy a perseguir.
No me preocupes, ni se te ocurra venir.
Dedícate allá a ser una buena actriz
que yo acá tus mentiras voy a aplaudir.

Tenías pintura en tus manos
y sin darte cuenta tus ojos has coloreado.
Ahora en tu cara el secreto está tatuado.
¿Alguien notará lo que ha pasado?

Algo ha cambiado

Las leyendas de donde morí dicen bien claro
que todo lo que posean alguna vez mis manos
se convertirá inevitablemente en metal pesado,
en tristes testigos de recuerdos ya amados.

¿Cuántas veces más voy a dejar por pasado
el vuelo sútil de un insecto dorado?
¿El aleteo incansable de los años
en el rincón del corazón que siempre está helado?

Con tinta añeja lloro un juramento
(palabras de adulto, pero de niño el sentimiento).
“El próximo domingo traeré más argumentos”
(y si no existen, que diablos, los invento).

La verdad es que no sé si estar triste o contento
al ver tu sonrisa dibujar tu recuerdo
en el lugar donde acaban todos mis comienzos,
en el baúl del tesoro que escondo del tiempo.

Que miedo que esto sea eterno,
que pena no tener tu letra en mi cuaderno.
Y aunque el sol apaga mi sombra en todo momento
por acá, lamentablemente, seguirá siendo invierno.