Ya en casi nada creo

Hoy 17 de Septiembre del 2014 debo confesar
que ya en casi nada creo.

Ya no creo en la humanidad, ni en el futuro, ni en wikipedia, ni en la copia feliz del edén.
Ya no creo en Dios padre todopoderoso, creador del cielo y de la tierra.
ni en Jesucristo su único hijo, nuestro señor.
Ni siquiera en mí creo.
Ya no creo en que los errores puedan ser heterocedasticos y que eso que estoy pensando se distribuya normal.
Ya no creo en el offside, la poesía detrás de una rabona ni en un Chile campeón del mundo.
Ya no creo que Milo te hace grande.
Ya no creo en la melodías de los solos de violines de prodigiosos músicos checoslovacos,
ni en la voz áspera de Violeta,
ni que Juan Luis Guerra realmente quiera ser un pez porque dudo seriamente en que alguien dejaría de ser una leyenda de la música latina forrada en plata y talento para convertirse en un aburrido y resbaloso pez.
Súbitamente dejó de interesarme la literatura.
Ayer estaba inmerso leyendo mi libro favorito y
de repente las palabras se convirtieron en eso,
sólo palabras.
No había magia,
sólo un papel con trazos de tinta sin orientación aparente, mirándome.
Dejé de creer en el reciclaje, el pronóstico del tiempo y el contenido nutricional de todas las cajas de todas las estanterias de todos los negocios del mundo.
Dejé de creer en la raza humana cuando hace 19 años un niño me dijo que comiera no más la galleta que tenía en la mano porque estaba requete buena y después que la masqué resultó que era comida de perro y que no soy un perro, así que no me gustó.
Dejé de creer en banderas cuando me di cuenta que si uno entrecierra el ojo derecho y frunce la mirada como si fueran dibujitos 3D, no hay ninguna diferencia entre la de mi querido Chile y la de mi querida Tejas.
Deje de creer en la ciencia, en las artes, en la ingeniería y en el factor de seguridad con el que diseñaron el edificio donde me encuentro ahora mismo escribiendo.
Ya en casi nada creo.
Pero hay algo en que todavía creo.
No necesito países, gobiernos, sociedades, arte, ciencia, chocapic, dinero, historia, palabras, futbol, ni música para creerlo.
Una sonrisa.
Me basta ver una sonrisa para cambiar mi mundo.

Tatuaje

A veces llego a casa con un regalo
y no puedo entrar, tienes cerrado.
Golpeo, abres, tienes el rosto manchado.
En mi propio hogar soy un invitado.

Tomo lo que traje y lo dejo
en el lugar que nunca me acuerdo.
Te cuento que estuve enfermo,
confieso que casi quedo sin aliento.

Otras veces simplemente me gana la pena
y me quedo horas bajo la puerta de madera.
Sé que ya no es tu problema,
pero no niegues que nos une una estrella.

¿Tienes conciencia de lo qué hiciste?
¿Es acaso la tinta en tus manos invisible?
Por tí me sentí indestructible,
hasta que tú- bella paradoja- me venciste.

Debería darme vergüenza,
si al final yo fui el que tiró la cuerda,
el que ahora intenta y le cuesta,
el que te encontró, sin querer, en una taberna.

No te preocupes, no te voy a perseguir.
No me preocupes, ni se te ocurra venir.
Dedícate allá a ser una buena actriz
que yo acá tus mentiras voy a aplaudir.

Tenías pintura en tus manos
y sin darte cuenta tus ojos has coloreado.
Ahora en tu cara el secreto está tatuado.
¿Alguien notará lo que ha pasado?

Algo ha cambiado

Las leyendas de donde morí dicen bien claro
que todo lo que posean alguna vez mis manos
se convertirá inevitablemente en metal pesado,
en tristes testigos de recuerdos ya amados.

¿Cuántas veces más voy a dejar por pasado
el vuelo sútil de un insecto dorado?
¿El aleteo incansable de los años
en el rincón del corazón que siempre está helado?

Con tinta añeja lloro un juramento
(palabras de adulto, pero de niño el sentimiento).
“El próximo domingo traeré más argumentos”
(y si no existen, que diablos, los invento).

La verdad es que no sé si estar triste o contento
al ver tu sonrisa dibujar tu recuerdo
en el lugar donde acaban todos mis comienzos,
en el baúl del tesoro que escondo del tiempo.

Que miedo que esto sea eterno,
que pena no tener tu letra en mi cuaderno.
Y aunque el sol apaga mi sombra en todo momento
por acá, lamentablemente, seguirá siendo invierno.

Culpable

An unknown man fled across the hill

and I (unwittingly) followed him.

There’s no place to hide

when you’re running out of time.

 

The man said what I did not want to hear.

He confirmed my deepest fear:

Fear of what I’m, fear of my own lies,

fear of what I know but can not prove with my eyes.

 

Where the hell is moral,

where the knight left his lance,

when you play with  someone

who sincerely dance?

 

Now I will live forever under the shadow of being

what I did not want to be.

The reason why I’m not brave,

the reason why I could not behave.

The Lone Star

When was the moment that the road became

a sea so broad and long and unfair,

that it seems there is no road ahead,

but I’m actually lost on there?

 

I’m in the middle of nowhere,

listening to parables from a strange farmer.

I’m someone somewhere, full of useless flair,

and you are a voice farther and farther.

 

I sincerely hope that the lone star

can guide me henceforth.

You made me look for, it’s true,

but without finding the path.

 

I don’t need your love anymore,

believe me, you know I´m a damn dreamer.

I can recall the light of your eyes,

your feet floating on the river,

and your hair in the air.

 

But what I need is more than that.

I need you, entirely you, no splits.

Your voice is not enough anymore and

your memory, sorry I’m saying this,

is just a memory now.

Recuerdo

Recuerdo
a una silla que rompe las tablas
de un piso que nunca he olvidado
y a un perro que discursos ladraba
compartiendo su color dorado.

Recuerdo también con emoción
a una querida revolucionaria,
que siempre que necesité calor
una sonrisa con sus dedos me enviaba.

No puedo olvidar un momento
en que casi lloré cuando vi
a ese guitarrista enorme, mar de talento,
poner su mano en posición de “crash into me”.

Recuerdo a un espejo viviente
que por más grande que yo haga la distancia
y por más que se haga el diferente,
al final la vida, para los dos, tiene la misma ganancia.

Recuerdo a una estrella en un bar sentada
(¡por volver ahí que no daría!)
que mi nombre en broma reprochaba
cada vez que alguna tontera yo decía.

Recuerdo a unos amigos riendo
sobre una sal no muy amable,
fantaseando con convertir ese cuento
en una aventura inolvidable.

No olvido una vez que una pequeña
me llevó (me creyó valiente)
e hizo tan fácil que yo pudiera
limpiar con una rosa aquella muerte.

Recuerdo a esa imperfecta belleza ausente
que ahora guarda a otra compañera,
los dos mirando una historia en un puente
que sólo nosotros podíamos entender de esa manera.

Recuerdo a personas que pasaron
y no quise traer en mi maleta.
Sé que ya me olvidaron,
en parte de eso se trata esta fiesta.

Recuerdo casi todo,
lo busco desesperado.
Anhelo lo que ignoro,
por eso aquí me he quedado.
Recuerdo.

Despiértame

Hoy no distingo
si pasó o fue un sueño.
Y no puedo saber
si la de ayer
en verdad eras tú.
Ya no puedo saber si el té he de preparar,
ya no puedo saber si vendrás.

Creo estar soñando que desperté,
pues si lo hice, todavía no lo sé.
¿Acaso soñé con mis dedos
entre tus cabellos
jugando a saltar?
¿Hay algo más cruel que te hagan creer
que viste lo que querías ver?

No debo dejar crecer
esta fantasía dentro de mí.
Porque se me ha prohibido
(bien sabes el motivo)
tenerte a ti.
¿Por qué estás acá? ¿Imitaste mi viaje?
¿O fui yo el que te trajo en mi equipaje?

¿Y ahora qué voy a hacer?
¿En qué debo pensar
cuando cierre los ojos
y así, temeroso,
me atreva a soñar?
Ser valiente, de despertar ser capaz.
Asumir que no eres real.